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2 de febrero del 22, por Antoni Puigverd

Feb 6, 2022 , , , ,



Estamos en febrero de 1906. James Joyce trabaja en Roma, donde la paga es buena. Pero le falta tiempo para escribir. Empleado en una banca, ha enseñado inglés en una academia y, además, ha dado clases particulares en un piso en Via Fratina, paralela a Condotti, muy cerca de Piazza Spagna. Ahora es la zona más comercial de la ciudad, pero, un siglo atrás, era el barrio en el que se instalaban los ingleses del Grand Tour. Muchos de los británicos que visitaban Roma estaban tocados por el fascino de la historia o por lo que Josep Pla describía como “la diabólica manía de escribir”. Pero a Joyce no le acaba de gustar. “Una ciudad de fantasmas, de espectros del pasado que volvieron a perseguir un presente incierto y que amenazaban cualquier idea del futuro”. Regresa a Trieste, donde vivirá unos años. Llegará incluso a firmar alguna vez como Giacomo Joyce.

En la fosa séptica que llevamos dentro, hay momentos de exaltación y lirismo

Pero su estancia en Roma no ha sido infértil. Termina una de las narraciones más redondas de la literatura universal: Los muertos . La cena de Navidad de Gabriel y Gretta en casa de unas tías, narrada con técnica costumbrista, acaba con una canción tradicional irlandesa, La joven de Aughrim, que impresiona a Gretta. Ya se habían despedido, pero Gretta ha quedado paralizada en lo alto de la escalera. Un chico de pueblo, muy delicado de salud, que estaba enamorado de ella y que murió al poco, le cantó esta canción a pie de ventana, en plena noche, bajo la nieve. La canción hace revivir en la memoria de Gretta la persona de ese joven muerto. La epifanía del recuerdo cristaliza en el cuento de Joyce como una joya clásica. Mezcladas con las sombras y la fosa séptica que todos llevamos dentro, hay momentos de exaltación y lirismo, que son importantes precisamente porque son infrecuentes.

En Roma tuvo Joyce la idea de escribir Ulises, parodia de Homero: un catálogo de las fosas sépticas y de los breves relámpagos de luz de tres personajes, Stephen, Bloom y su mujer Molly. Publicada hace 100 años. El 2-2-22, precisamente cuando Joy­ce cumplía los 40 (2-2-1882). Ulises marcaba el fin de la división entre géneros literarios y revolucionaba la literatura. En estos tiempos de narrativa técnicamente lineal y conservadora, hay que liberar a Joyce de la cárcel de los especialistas para devolverlo a los lectores.





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