• Mié. Oct 5th, 2022
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Accession Council, por Daniel Fernández


Con el fallecimiento de Isabel II, que mañana será por fin enterrada y podrá –y podremos– descansar en paz, todos hemos vivido un cursillo acelerado de ritos y tradiciones de la monarquía inglesa. Pompa y circunstancia, desde luego.

Debo reconocerles que me ha sorprendido la devoción británica y monárquica de nuestros medios, que se han desplazado sin dudarlo un momento a la isla de la Gran Bretaña para relatar pormenorizadamente cada etapa del duelo y de la llegada al trono del nuevo viejo rey. Todo, desde una admiración bastante estupefaciente, la verdad.

TOPSHOT - Floral tributes are pictured in Green Park, near Buckingham Palace, in London on September 11, 2022. - Charles III was formally proclaimed Britain's new king by the Accession Council on Saturday in a history-laden ceremony following the death of his mother Queen Elizabeth II. (Photo by SEBASTIEN BOZON / AFP)

 

Afp

En esta inmersión en los rituales obligados tras la muerte del monarca se nos explicó profusamente que existe el Accession Council, un consejo ceremonial que se reúne en el palacio de Saint James y hace una proclamación formal del nuevo rey. De forma algo redundante, pues en cuanto muere el rey, el nuevo rey es aclamado, sin que esté claro qué pasaría si este consejo de notables se opusiera. Pero no pretendo definir –ni siquiera entender– el papel de este consejo excepcional en sí, sino que, precisamente ahora que también hemos de lamentar el fallecimiento –este muchísimo más cercano e importante para tantos lectores– de Javier Marías, que dedicó su último artículo a defender a los traduc­tores literarios (él lo había sido, y rayó a gran altura), creo que le hubiera encantado ver que prácticamente toda la prensa escrita más ­televisiones y radios traducían este órgano legal extraordinario como Consejo de la ­Ascensión, no se sabe bien si porque Isabel II ascendía a los cielos o porque su hijo Carlos ascendía al trono. Me hubiera encantado, lo confieso, leer el artículo que tal vez le hubiera dedicado Marías a la desaparición de la reina británica y si habría mencionado este gazapo o no.

Hubiera sido mucho mejor y más apropiado, creo yo, hablar de Consejo de la Asunción. Pero es que incluso se podría haber traducido literalmente. Porque el caso es que el diccionario de la RAE recoge el término accesión en un sentido muy similar, aunque con algún matiz. A modo de ejemplo, la nueva extensión de la isla que la lava del volcán formó en La Palma se ha incorporado a España por accesión.

A Javier Marías le habría encantado ver que este órgano se ha traducido por Consejo de la Ascensión

Nuestra fascinación por lo que viene de fuera es muy vieja. Y también se ha oído estos días que nuestra monarquía no tiene rituales similares (uno diría que menos mal y que loado sea Dios). Pero también ahí pecamos de ignorancia y despreciamos el Pan­teón de Reyes del monasterio de El Escorial.

Todo El Escorial merece una admirada visita, pero el lugar donde reposan muchos de nuestros reyes, desde Carlos I, tiene dos ritos de paso que hermanan a los Austrias con los Borbones y que, tal vez, deberían hacernos reflexionar sobre qué modo es más apropiado para enfrentar la muerte y la eternidad. Existe el pudridero, donde los frailes agustinos dejan que se reduzcan los restos mortales del rey o la reina, con o sin ayuda de la cal. Veinte, treinta, cincuenta años, lo que haga falta. Y antes de eso, el cortejo fúnebre proclamará en alta voz todos los títulos del difunto rey. Y no se le franqueará el paso a la cripta. Despojado de sus títulos, se dirá el nombre secular del monarca. De nuevo, no irá más allá el entierro. Al fin, a la tercera, se presentará en voz alta el cuerpo que yace en su féretro como un pecador que comparece ante su creador. Y así, o con parecido ceremonial, dejan atrás nuestros reyes, príncipes e infantes toda pompa y vanagloria.





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