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António Costa construye su leyenda

Ene 1, 1970 , , ,


Y las vacas volaron una vez más para el primer ministro portugués, el socialista António Costa, cuya más famosa divisa es que no existen imposibles y hasta el ganado vacuno puede surcar el cielo. Cuando las encuestas le daban contra las cuerdas, ayer consiguió su mejor resultado electoral al alcanzar una inesperada mayoría absoluta. Se aseguró así un nuevo mandato, lo que le convertirá en el militante de su partido con más tiempo al frente del gobierno, frente a los cuatro años de Mário Soares y los seis del propio Costa, António Guterres y José Sócrates.

Contra todo pronóstico, el Partido Socialista obtuvo un 47,68% de los votos y su rival directo, el Partido Socialdemócrata (PSD), representante del centroderecha, un 27,80%. La tercera fuerza más votada es la ultraderechista Chega (7,15%). Los dos partidos de izquierda que formaron la coalición con los socialistas, la llamada gerigonza, el Bloque de Izquierda (BI) y el Partido Comunista (PCP) no llegan al 5%, el incluso quedan por debajo de Iniciativa Liberal (derecha), que casi lo roza (4,98%). Y el derechista CDS-PP sobre un duro golpe, con un 0,94%. Los resultados suponen un cambio notorio en la composición de la Asamblea, de 230 escaños. El PS obtiene 117 diputados; el PSD, 71; Chega, 12; los liberales, 8; el PCP, 6; el Bloque, 5 diputados. 

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António Costa, un abogado de Lisboa de 60 años, con orígenes familiares en Gõa (India), que fue alcalde de su ciudad, capitalizó de forma tan intensa como inesperada la crisis política que se desató el año pasado cuando sus antiguos socios de la izquierda y la derecha le tumbaron los presupuestos. Este rechazo provocó las elecciones ayer, casi a media legislatura, en las que la otra nota más destacada fue el alza de la ultraderecha del Chega, que emerge como tercera fuerza política, pero con un 7%, la mitad de lo que tiene Vox.

Portugal's Prime Minister and Socialist Party (PS) Secretary General Antonio Costa speaks to media before the announcement of the results of the general elections, in Lisbon, Portugal, January 30, 2022. REUTERS/Pedro Nunes

António Costa, de 60 años, ha logrado un triunfo que le permitirá gobernar con tranquilidad parlamentaria

PEDRO NUNES / Reuters

«Esta es una victoria de humildad, de confianza y por la estabilidad», dijo el líder socialista y primer ministro luso ya entrada la madrugada, en su primeras declaraciones tras confirmarse la abultada victoria socialista. «Después de seis años como primer ministro, después de los últimos dos años en un combate sin precedentes contra una pandemia, es con mucha ilusión que asumo esta responsabilidad», agregó.

Los grandes derrotados de unas elecciones que pese a la pandemia se desarrollaron con normalidad fueron Rui Rio, el líder del conservador PSD, y Catarina Martins, su homóloga del Bloco de Esquerda, y también Jerónimo de Sousa, jefe del Partido Comunista Portugués.

La ultraderecha del Chega es la tercera fuerza política, aunque con la mitad de porcentaje que Vox

Lejos de aprovechar las desavenencias de la izquierda y un hipotético desgaste de Costa en tiempos revueltos, Rui Rio se ha quedado más o menos como estaba, lo que unido, al alza de los socialistas, amplía la brecha entre los dos grandes partidos.

Mayor fue todavía la debacle del Bloque de Izquierda, al que se considera la versión portuguesa de Podemos, pese a ser mucho más antiguo y tener un nombre tomado del BNG. Cayó más de la mitad respecto al porcentaje de voto obtenido de octubre del 2019, cedió su posición de tercera fuerza política y perdió el papel de gran influencia que mantenía desde el 2015.

En paralelo, los comunistas sufrieron un varapalo similar, pero de menor intensidad, en parte porque partían de posiciones más débiles. Debería haber cambios urgentes de liderazgos tanto en el Bloco, con una Catarina Martins muy quemada, como el PCP, con el veteranísimo Jerónimo de Sousa, que estuvo ausente de casi toda la campaña por enfermedad.

El sistema clásico sobrevive a base de abstención

Los dos grandes partidos que se turnan en el poder en Portugal desde hace casi medio siglo volvieron a concentrar ayer más de dos tercios de los sufragios, a pesar de la multiplicación del número de fuerzas con presencia parlamentaria y el avance de algunas de ellas. Se trata de un fenómeno único en el sur de Europa, que contrasta con el fuerte declive del bipartidismo en España y los seísmos políticos registrados en los últimos lustros en Italia, Francia y Grecia.
La estabilidad del sistema clásico de partidos lusos tiene una cara oscura, la de la abstención, pues ayer votó poco más de la mitad de los censados dentro del país, sin contar a los residentes en el extranjero, cuya inclusión en el dato del 2019 provoca distorsiones al hacer comparaciones.
El conservador Rui Rio insistía estos días en que la pandemia era un factor a favor de la abstención, pero la incerteza del resultado animaba a acudir a las urnas. Según este análisis, la intriga que estuvieron dibujando las encuestas durante los últimos días propició que el coronavirus no agravase el que ya es un problema crónico portugués.

La visión española de las elecciones en el habitualmente olvidado vecino ibérico señala que Pedro Sánchez debe de estar muy feliz, pues, además, Costa fue su maestro en el que se inspiró para romper los tabúes de la gobernabilidad. El resto del centroizquierda recibe el aviso de pagar los platos rotos de posibles crisis en el Ejecutivo, como les pasó al Bloco y a los comunistas. Y en la derecha se confirman las dificultades para construir una alternativa viable en tiempos de mayor fragmentación, con la ultraderecha como gran lastre.

El fantasma de que el Chega pudiese ser decisivo en un hipotético gobierno alternativo de la derecha constituyó el mensaje central del fin de campaña de Costa. Antes había empezado pidiendo la mayoría absoluta sin ambages, lo que rompía el tabú de no pronunciar esas palabras. Las dijo, cayó en los sondeos y no las repitió.

Las encuestas condicionaron como nunca la campaña, con luz y taquígrafos. Los partidos fueron adaptando sus estrategias al son de unos sondeos que ya habían fallado estrepitosamente el año pasado en Lisboa. Ayer acumularon un nuevo patinazo porque dibujaban un escenario de igualdad entre el PS de Costa y el PSD de Rio, que en algún sondeo llegó a salir por delante.

Los antiguos socios de izquierda de Costa viven un descalabro, y el conservador PSD se lleva un varapalo

En las urnas ese supuesto equilibrio entre las dos grandes fuerzas se convirtió en una aplastante victoria de los socialistas por más de diez puntos, al subir cinco con respecto al 2019, los mismos que había ascendido entonces respecto al 2015.

A última hora de la noche de ayer, en el tramo final del recuento, Costa todavía peleaba por una mayoría absoluta que acabó confirmando. Con 230 escaños ya decididos, ya solo queda por adjudicar, la semana que viene, los cuatro representantes de la diáspora. En el 2019, el PS y el PSD empataron a dos. En cualquier caso, los socialistas ya han alcanzado la meta de los 117 escaños que les da la mayoría absoluta.

La posición de Costa se ha reforzado de forma más que considerable. Su subida, mientras sus antiguos socios se descalabraban tras no apoyarle el presupuesto, supone todo un golpe de autoridad. Además, podrían surgir algunas combinaciones nuevas de gobernabilidad, en función de la fuerza de pequeños partidos como el animalista PAN y el izquierdista Livre. António Costa construye su leyenda.





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