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António Costa, la suerte contra todo pronóstico



António Costa tiene 60 años, es hijo de un escritor y una periodista nacidos en Goa, en la India (la sociedad portuguesa tiene una larga experiencia multicultural). Estudia derecho, pero desarrolla toda su vida profesional en el mundo de la política. En 1982, todavía estudiante, entra como concejal en el ayuntamiento de Lisboa. Se convierte en un valor estrella del Partido Socialista durante años y en 2005 es nombrado ministro del Interior. Dos años después se presenta como candidato a la alcaldía de Lisboa. Gana, y dos años después repite con mayoría absoluta. La capital portuguesa, como otras grandes ciudades mediterráneas, empieza a despegar como ciudad turística.

Portugal es una economía débil. En las dos últimas décadas el crecimiento real ha sido del 0,3% (menos de la mitad de la media europea) y no tiene grandes grupos bancarios e industriales. Ha sido una economía con un muy importante peso del sector público. La crisis del euro le atrapa de pleno. En 2011 es objeto de un rescate financiero de 78.000 millones por parte de la Unión Europea. También son rescatados Irlanda y Grecia. Pero a diferencia de la retórica anti-europeísta de los griegos, el gobierno conservador de Pedro Passos Coelho es modélico a la hora de aplicar la política que le ordena Bruselas y recortar. En 2014, Portugal vuelve a la normalidad. Pero la austeridad ha dejado importantes heridas.

La leyenda de Costa se fragua en la reversión de los recortes por el rescate europeo

En 2015 António Costa se presenta como candidato del Partido Socialista a las elecciones. Queda segundo, por detrás de Passos Coelho. Pero sabe pactar con el Bloque de Izquierdas (un Podemos a la portuguesa) y el Partido Comunista de Portugal, tradicionalmente hostil a los socialistas. Ahí nace la leyenda del gran negociador. El gobierno, llamado de la “geringonça”, revierte con mucha rapidez los recortes aplicados por el gobierno conservador. Detiene las privatizaciones, restituye las pagas al sector público, aumenta las pensiones. Costas se hace muy popular. Contra los pronósticos de la derecha, los socialistas recortan el déficit y se habla de milagro portugués. El ministro de Finanzas del gobierno, Mario Centeno, es premiado con la presidencia del Eurogrupo. El secreto del milagro tiene un nombre: turismo.

Costa revierte los recortes, pero no elabora una política alternativa. Como el resto de la socialdemocracia europea, está condicionado por la globalización, la demografía menguante y el fin de la industria manufacturera. Los deseos de los socios de coalición (izquierdistas y comunistas) de ir más lejos en las reformas, se ven frustrados. El afortunado Costa ganas las elecciones de 2019, pero no renueva con los antiguos socios. En 2021 rompen la baraja y no le aprueban los presupuestos. Costa se queda solo.

Portugal es una economía pobre, pero el temor a la ultraderecha de Chega ha beneficiado a Costa

Portugal es una economía pobre. Tiene una población envejecida, está en decadencia demográfica y corre el riesgo de estancarse. Portugal recibe inmigrantes (pocos) pero van a la agricultura y al turismo. En cambio, muchos de sus jóvenes mejor formados emigran. El saldo no beneficia al país. También marchan sus enfermeras (20.000) en un país que ha tenido escasez de mano de obra sanitaria durante la pandemia. El 70% de los jóvenes de menos de 34 años ganan menos de 950 euros al mes, la mitad en contratos precarios y un tercio de ellos quiere emigrar. Rui Rio pensó que este estado de ánimo le permitiría ganar ante un electorado desmotivado. Se equivocó. Tropezó con la suerte de Costa.

En las elecciones portuguesas han fallado los sondeos. También ha fallado el cálculo de Rui Rio. Hombre de la derecha europea civilizada, se alejó del extremo liberalismo de Passos Coelho. Pero parte de sus electores se han ido a Chega (ultraderecha). Corrobora la premisa que, ahora mismo, en la derecha, cuando hay una opción más radical, ésta gana. También se ha acabado el excepcionalismo comunista portugués. El Partido Comunista actuaba como cortafuegos de la extrema derecha. Esta vez no ha sido así y los comunistas están en retirada. El Bloque de Izquierdas se ha hundido. Los electores les han abandonado ante el temor del regreso de una derecha que dependiera de la derecha radical de Chega. De uno y otro movimiento se ha beneficiado António Costa. 





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