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Castilla y León, en campaña, por Editorial

Ene 1, 1970 , , , ,



A las cero horas de hoy ha empezado la campaña para las elecciones autonómicas de Castilla y León, que poco antes de Navidad se anticiparon al día 13 de febrero. Con este adelanto –el primero registrado en dicha comunidad– se inicia de hecho un nuevo ciclo electoral, que podría seguir con comicios anticipados en Andalucía y, posteriormente, con las autonómicas y municipales de la primavera del año que viene, para culminar con las generales previstas para el otoño del 2023, siempre y cuando no se dé, también en este caso, un nuevo adelanto.

Las elecciones en Castilla y León tienen su lógica interna, pero presentan una decisiva clave nacional. Políticamente, Castilla y León es una comunidad estable, donde el Partido Popular gobierna desde 1987, cuando José María Aznar (inicialmente en representación de Alianza Popular) se hizo con su presidencia. Es verdad que en los comicios del 2019 el PSOE fue la fuerza más votada. Pero también lo es que el acuerdo con Ciudadanos permitió a Alfonso Fernández Mañueco (PP) hacerse con la presidencia de la Junta de Castilla y León. La mayoría de las encuestas (salvo la del CIS, dirigido por Félix Tezanos, que ha pronosticado empate entre conservadores y socialistas) apuntan ahora a que Mañueco renovará el cargo. Aun así, no se prevé que alcance la mayoría de 41 escaños, lo que le abocaría quizás, dado el previsible retroceso de Ciudadanos, a establecer acuerdos con Vox (que espera crecer), con Unión del Pueblo Leonés (que reclama una autonomía propia para León, Salamanca y Zamora) o con partidos que reivindican la España Vaciada, como Soria ¡Ya!

Los comicios quizás no alteren una comunidad estable, pero pesarán en la política española

Estas hipotéticas alianzas nos llevan a la dimensión estatal de las elecciones castellanoleonesas. Pablo Casado, cuyo liderazgo cuestiona de modo más o menos explícito la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, necesita una victoria clara en Castilla y León para reafirmar su mando en el PP e ir empedrando el camino hacia su deseada Moncloa. Tanto es su deseo que entró en la precampaña recién terminada validando la tergiversación de unas declaraciones del ministro Garzón sobre la ganadería, y posteriormente acusó a la Administración catalana –sin pruebas– de supuestas vejaciones a alumnos por la cuestión de la lengua. Ahí no acertó, porque la mentira desacredita a quien la usa, antes que a quienes señala. Pero su proceder refleja el ímpetu y el tono con el que el PP afronta esta campaña, cuyos resultados, además de en Castilla y León, afectarán, como decíamos, al devenir de España.





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