• Vie. Sep 30th, 2022
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Choque entre Pekín y Londres por la soberanía de las islas Malvinas



En 1982, Margaret Thatcher estaba en una situación muy delicada y se salvó gracias a las islas Malvinas. A Boris Johnson le gustaría que se repitiera la historia cuarenta años después, pero no es lo mismo una invasión y una guerra que un simple cruce de mensajes por Twitter después de que el presidente chino, Xi Jinping, respaldara la reclamación argentina de soberanía sobre estas islas del Atlántico sur.

“Las Malvinas (Falklands) forman parte de la gran familia británica”, escribió en las redes sociales la ministra de Asuntos Exteriores Liz Truss, en respuesta al acuerdo entre Pekín y Buenos Aires en base al cual Xi se ha mostrado de acuerdo con que el archipiélago pertenece a Argentina (y exhortado a Londres a negociar en el marco de las resoluciones de las Naciones Unidas), y el presidente peronista Alberto Fernández, a cambio, ha apoyado la noción de que hay “una sola China”, y Taiwán es parte de ella.

El encontronazo diplomático confirma la impresión de que la política internacional del Reino Unido carece de rumbo desde el Brexit. Las relaciones con Bruselas están marcadas por la desconfianza mutua, con las vecinas Francia e Irlanda son las peores que se recuerdan en mucho tiempo, con Estados Unidos también son malas desde que Donald Trump (que apoyó a Johnson) fue derrotado por Joe Biden (Washington se resiste a firmar un tratado comercial bilateral), y no digamos las relaciones con Rusia y con China. Londres tiene en este momento muchos rivales pero muy pocos amigos.

En el caso de Pekín los problemas se sitúan en múltiples frentes, desde la participación británica en el boicot diplomático a los Juegos de Invierno de Pekín hasta las condenas a los abusos de los derechos humanos por el régimen de Xi Jinping (en particular, la detención de un millón de uigures, mayoritariamente musulmanes, en campos de internamiento) y a las restricciones de las libertades en Hong Kong, que fue colonia británica hasta 1997 y la última joya de su en gran medida desaparecido imperio.

El año pasado, los servicios de inteligencia británicos alertaron a sus ciudadanos de vigilar el espionaje por parte de China (y también de Rusia e Irán) “como si fuera terrorismo”. Hace unas semanas denunciaron las actividades de una abogada, Christine Lee, que hacía lobby para el gobierno de Pekín, llevaba décadas operando en los pasillos de Westminster, era conocida del ex primer ministro David Cameron y había donado medio millón de euros a diputados de todos los partidos a cambio de influencia.

Johnson tiene malas relaciones no solo con China y Rusia, sino también con Francia, la UE, Irlanda y EE.UU.

La guerra de las Malvinas, en la que murieron 255 británicos y 649 argentinos y tuvo el efecto secundario de provocar la caída de la dictadura militar del país sudamericano, ocupa un lugar especial en el imaginario de este país, que la ha idealizado como un triunfo épico, una excepción al lento pero inexorable declive imperial del Reino Unido. Londres se aferra a la soberanía del remoto archipiélago de menos de tres mil habitantes, apoyándose en el derecho de autodeterminación de sus habitantes, con la misma firmeza que a la de Gibraltar, las últimas colonias.

Londres boicotea diplomáticamente las Olimpiadas de Pekín, no así el presidente argentino Alberto Fernández, que ha aprovechado su estancia en esa capital para sumarse al proyecto comercial conocido como la Nueva Ruta de la Seda (del que forman parte 140 países, la mayoría asiáticos y también algunos latinoamericanos), que según su gobierno se traducirá en inversiones del orden de 23.700 millones de dólares en obras de infraestructura en el sector energético, la red de agua y alcantarillado, así como nuevas viviendas.

Fernández aprovecha su visita a los Juegos de Pekín para sumarse a la Nueva Ruta de la Seda, el gran proyecto chino

A Washington (y de rebote a Londres) le incomoda la creciente presencia china en la economía argentina, con la construcción por ejemplo de una base de exploración lunar en la provincia de Neuquén, y de una central nuclear en la de Buenos Aires.

“Si usted fuera argentino sería peronista”, le dijo en tono jocoso Fernández (que lidera el Partido Justicialista) a Xi Jinping, después de un fructífero encuentro diplomático en el que, además de los acuerdos comerciales, respaldaron las reivindicaciones respectivas sobre las Malvinas y Taiwán. “¿Es legítimo que Gran Bretaña desafíe nuestra soberanía en el mar de China enviando barcos de la Navy al estrecho de Formosa? Por lo menos Pekín no ha enviado sus buques de guerra a lo que ustedes llaman las Falklands”, ha escrito el periodista Chen Weihua en China Daily , un periódico en inglés del Partido Comunista.

“Rechazamos por completo cualquier cuestionamiento de nuestra soberanía de las islas, China debe respetarla”, escribió en su cuenta de Twitter la secretaria del Foreign Office, Liz Truss, que figura entre los favoritos a reemplazar en el 10 de Downing Street a Boris Johnson si finalmente cae.

Las Malvinas salvaron a Thatcher, que seguiría gobernando otros ocho años, pero es muy dudoso que sean la tabla de salvación del actual primer ministro.

Johnson no pide perdón por sus falsas acusaciones al líder de la oposición

El primer ministro británico, Boris Johnson, cada vez más trumpificado en su conducta, se negó ayer a pedir perdón por las acusaciones falsas formuladas en la Cámara de los Comunes contra el líder laborista Keir Starmer, a quien atribuyó sin razón alguna la responsabilidad por no perseguir legalmente al pedófilo Jimmy Savile (famoso presentador de música y disc jockey de la BBC) cuando era fiscal general.
Un grupo de fanáticos anti vacunas y anti confinamientos, exaltados por las críticas de Johnson, persiguió en la calle a Starmer, quien tuvo que ser protegido por la policía y metido en un coche patrulla mientras la multitud le increpaba.
Diversos diputados conservadores han censurado a Johnson, tanto por sus declaraciones en el Parlamento como por la negativa a disculparse. El ministro de Economía, Rishi Sunak, principal candidato a suceder al premier si cae como consecuencia del partygate, se ha desmarcado por completo de su líder, y afirmado que él no habría dicho algo semejante. Las relaciones entre ambos están muy tensas.
Johnson, que se siente cada vez más acorralado, completó ayer una remodelación de su equipo con el propósito de pasar página a la crisis. William Rees-Mogg, hasta ahora speaker de los Comunes, pasa a ser el ministro de un departamento dedicado a “aprovechar las oportunidades del Brexit y garantizar la eficacia”, mientras que Steve Barclay es el nuevo jefe de gabinete. En los últimos días el primer ministro había recibido las dimisiones de cinco de sus principales asesores.
Tan sólo después de su muerte en el 2011 se reveló que Jimmy Savile, una celebridad del mundo de la música y la televisión, había sido un abusador sexual en serie entre cuyas innumerables víctimas figuraban no sólo mujeres sino también niños. Antes de que Starmer asumiera el cargo de fiscal general en el 2009, se habían presentado algunas denuncias aisladas que la policía decidió descartar por falta de pruebas. El líder del Labour nunca estuvo encargado del caso





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