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Cosas que pasan, por Mariángel Alcázar

Feb 6, 2022 , , , ,



“Son cosas que pasan” es, sin duda, la frase del año; no parece que en los próximos diez meses, y quizá en los siguientes, se supere la fórmula que usó Iñaki Urdangarin, el exjugador de balonmano, exduque, exyerno ideal y exguaperas oficial del reino, para referirse al hecho de que le pillaran en pleno paseo romántico con una señora que no es la suya, o sí, porque el instinto de propiedad con el que nos referimos a las parejas, fijas o discontinuas (mi marido, mi mujer, mi novia, mi novio, mi churri, mi gordi…

No seré yo quien hable de cómo funcionan los matrimonios, materia de la que, afortunadamente, no me he tenido que examinar, pero dijéramos que conozco el comportamiento de algunos sujetos dedicados claramente al crimen organizado. Y hablo de esos hombres perfectamente casados que, sin embargo, no pierden ocasión de tirar la caña a todo lo que se mueve; profesionales de la seducción que se las ingenian para que no les pillen; sujetos que, para que su nido familiar sostenga todo el peso de los años, la costumbre o los intereses compartidos, se dedican a buscar ramitas en árboles ajenos. Ladrones de material de construcción, serían.

Los que dedican tiempo y ganas a las aventuras extraconyugales son los que suelen mantener matrimonios de más larga duración

Visto desde fuera, resulta curioso comprobar como los que dedican tiempo y ganas a las aventuras extraconyugales (más hombres que mujeres, aunque el asunto se va igualando) son los que suelen mantener matrimonios de más larga duración. Son sujetos que pueden disociar perfectamente el concepto de familia de los aquí te pillo aquí te mato, es decir, que pueden compaginar con toda la tranquilidad del mundo una relación extramatrimonial con una matrimonial y, encima, cuando ya la tercera persona les ha restaurado su ego se la quitan de encima, en todos los sentidos, con la excusa de su compromiso familiar.

Claro que toda actividad ilícita tiene sus riesgos y tanto va el cántaro a la fuente que al final puede romperse, pero no porque te pillen en un renuncio (son cosas que pasan), y te manden durante un tiempo al sofá o a casa de tu madre, sino porque puede que lo que empieza con un tonteo acabe siendo el inicio de una nueva relación incompatible con el matrimonio previamente establecido.





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