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De Xavi o de Simeone

Feb 7, 2022 ,



Los choques estilísticos son una bendición para el fútbol, sobre todo cuando son tan pronunciados. El Barça juega a una cosa y el Atlético a otra, prácticamente siempre ha sido así desde sus orígenes, es parte de su naturaleza y las filiaciones van de eso, de escoger caminos para alcanzar metas, normalmente las mismas. Copas, Ligas, Champions, en ocasiones cuartos puestos y, a poder ser, trascendencia.

En la vida hay que elegir. Hay quien prefiere la montaña antes que el mar. Incluso hay seres vivos que sienten debilidad por la pizza con piña ( the horror ). A la hora de la verdad hay que decantarse y, si puede ser, respetar los gustos ajenos. Es más inteligente verlos como un reforzamiento de las propias ideas antes que como una agresión del bando contrario.

Simeone y Xavi ven el fútbol con lentes distintas. Lo hacen libremente. Ayer la del argentino compareció entelada y anticuada, superada por un impulso nuevo, aun con imperfecciones pero da la sensación de que poderoso al fin. El Barça ganó un partido importante y se lo pasó bien. ¿Cuánto hacía de eso? Sí. Aquí somos más de Xavi.

A Adama Traoré le salía todo y Simeone sacrificó a Carrasco para taparle; ahí se definió el argentino

La manera de considerar a los extremos es una clarificadora manera de distinguir unos entrenadores de otros. Pongamos Adama Traoré y Yannick Carrasco. El primero se pegó a la cal desde el primer momento siguiendo instrucciones de su entrenador, que entiende esa figura desde el fundamentalismo táctico. Luego todo está en manos del jugador, de cómo ejecute las acciones, de su atrevimiento, de su éxito en el regate y de su precisión en el pase definitivo. Adama Traoré se fue del Barça hecho un chavalín y nos ha sido devuelto empaquetado con cuerpo de receptor de fútbol americano, un casi culturista veloz que presentó muchos recursos para salir airoso en el ataque estático, la gran duda que planeaba acerca de su llegada. La despejó con nota. Desequilibró tanto y tan bien Adama que Simeone intervino. Y hete aquí que toca hablar de Carrasco. Al probablemente futbolista más en forma de la Liga, apreciación que ratificó al cabo de nada marcando el primer gol del Atlético, le fue encomendado por Simeone a medio partido trasladarse a la posición de lateral izquierdo sin balón para frenar a Adama. El técnico argentino se definía a sí mismo: optaba por el sacrificio de su mejor hombre, una amenaza constante para el rival, para desgastarlo en defensa. Puede que ahí perdiera el partido el Atlético. Es una teoría.

El Barça completó una primera parte cargada de esperanza. Reaccionó al gol inicial con valentía, traducida en goles por sus viejos laterales, una rareza que el Camp Nou saludó con algarabía. En defensa ambos flancos estuvieron mal atendidos, pero este Barça prefiere compensar sus defectos atacando siempre, y la jugada le salió redonda ante un Atlético extrañamente tibio, sin duda el más desconocido en sus versiones precedentes con Simone. Nunca había sido un coladero y ayer lo fue.

El partido se afeó a partir de la expulsión de Dani Alves. Fueron ahí decisivas las aportaciones de Nico y, en especial, de Frenkie de Jong, materia gris en medio del follón. Colocar al centrocampista holandés en el mercado para hacer caja en verano será un error. Ya hemos dicho que en la vida hay que escoger. Y se nos hace difícil ver a Xavi decantándose por la pizza con piña.





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