• Mar. Sep 27th, 2022
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Draghi encuentra obstáculos en su ascenso a jefe de Estado italiano



Mario Draghi llegaba a la batalla por la elección del presidente de la República en Italia con tres escenarios posibles. El que desea, que sea él designado jefe de Estado y se nombre a un sustituto para el cargo de primer ministro. El que querrían muchos parlamentarios, que se elija a una persona imparcial y él siga desempeñando sus funciones como jefe del Ejecutivo. Y el más temido por todos: que la coalición que apoya su Gobierno se rompa al votar a una figura partidista y Draghi presente su dimisión, como sugirió durante su rueda de prensa de final de año, con el riesgo de que todo termine con elecciones anticipadas.

Todo puede pasar todavía en esta elección de consecuencias impredecibles. También la tercera de las opciones. El expresidente del Banco Central Europeo ha tenido que ver desde Palacio Chigi como las tres primeras votaciones de este cónclave laico han terminado con fumata negra. Tampoco ayer, en el último escrutinio en el que se necesitaban dos tercios de los 1.009 grandes electores –diputados, senadores y delegados regionales–, hubo consenso.

El gran adversario del premier es el expresidente de la Cámara Baja, Pier Ferdinando Casini

A partir de este jueves la partida se va a acelerar. De ahora en adelante se van a necesitar 505 votos, la mayoría absoluta, para designar al sucesor de Sergio Mattarella. Pero los partidos italianos llegan a este día clave sin haber alcanzado todavía un acuerdo. Giuseppe Conte, líder del Movimiento 5 Estrellas (M5E), y Matteo Salvini, que se ha erigido en el portavoz de los partidos de derechas, siguen encallados en rechazar la promoción de Draghi al palacio del Quirinal. “Tendríamos semanas de confusión si se va del Gobierno, sería un problema en medio de una crisis sanitaria, energética y económica”, dijo ayer el líder de la Liga. El ultraderechista le ha reclamado volver guiar el ministerio del Interior en el próximo Gobierno a cambio de su favor, pero al parecer Draghi se ha negado a negociar los cargos alegando que no le compete en este momento.

El único partido que está luchando para que Draghi sea el elegido es el Partido Demócrata de Enrico Letta. “Nos encerramos todos en una habitación y tiramos la llave, con pan y agua hasta que encontramos una solución definitiva”, propuso el socialdemócrata el martes, sin que su sugerencia tuviera mucho éxito.

El gran adversario de Draghi en esta contienda es el expresidente de la Cámara de Diputados Pier Ferdinando Casini, un viejo democristiano con el que nadie perdería la cara. Otra opción que ganaba ayer fuerza era la elección de la actual presidenta del Senado, la berlusconiana Elisabetta Casellati, con los votos de la derecha y, en secreto, parte de los grillini . Pero Letta, que ayer intentaba mantener compacto a su bloque, ya ha avisado que si este jueves se produce una elección sin que haya habido diálogo la continuidad del Ejecutivo será impensable.

El problema es que nadie puede garantizar que no haya francotiradores. Ayer casi todos los partidos volvieron a ordenar a los suyos que votasen en blanco, pero sólo 412 de las papeletas quedaron vacías. Día a día crecen los votos para Mattarella –ayer fueron 125–, el presidente que ha rogado de todas las maneras posibles que no le vuelvan a pedir que ocupe este cargo. Por la noche estaban convocadas muchas reuniones. La estabilidad del país está en juego.





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