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El ‘big data’ impacta en el mercado del arte (1), por Llucià Homs

Feb 10, 2022 , , , , , , , ,


“¡Los datos serán el oro del siglo XXI! –afirmó profético Jeff Bezos a finales de los noventa–. Y nos permitirán no solo vender libros, sino saber qué libros querrás comprar antes que tú mismo lo sepas”. Hoy, la división de almacenamiento de datos de Amazon es la más rentable del grupo: en el 2020 ganó 21.000 millones de dólares. Difícil rebatirlo ante la importancia que la gestión de esta santísima trinidad tecnológica que son los datos, los algoritmos y la inteligencia artificial está tomando estos últimos años, tanto en la estructura del mundo como en los mercados. Hoy el poder real ya es tecnológico y se basa en la soberanía de los datos.

Tenemos cifras de la industria del arte desde hace bien poco si lo comparamos con los siglos que se viene comerciado con objetos artísticos. Pensemos que los primeros informes de McAndrew sobre el mercado global del arte son de inicios de los 2000. Luego vinieron los de otras empresas con análisis más especializados, sobre lo digital o lo financiero, y otros focalizados en determinadas regiones del globo. Por lo que no es de extrañar que costara que nacieran empresas con la firme voluntad de monitorizar este mercado utilizando la tecnología sobre las ventas en subastas y galerías. 

Modelos

Negocios como ArtPrice o ArtNet han monitorizado digitalmente el mercado

Basadas en una relación de confianza con el coleccionista, el modelo de negocio de estos dos players se ha mantenido inalterable en los últimos dos siglos, y solo internet, las redes sociales y el huracán de los NFT han provocado pequeñas disrupciones en una industria que se ha mantenido impermeable a los cambios digitales que sí han afectado a otras industrias culturales, dificultando la generación masiva de datos.

Negocios como ArtPrice o ArtNet han monitorizado digitalmente el mercado durante años, recolectando datos y aplicando herramientas de análisis para poner los resultados a disposición del público que estaba dispuesto a pagar por ellos. Así han equilibrado la asimetría de información que existía entre los profesionales y los coleccionistas. Y no solo han aportado transparencia y veracidad, pues son una buena base para contrastar información engañosa de cotizaciones, sino que la trazabilidad de la ingente y valiosa información que generan sus usuarios (quién busca qué, a qué precios, dónde…) les sirve para monetizarla, vendiéndola o deviniendo ellos mismo agentes activos en el mercado.

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Unos visitantes en una exposición en el Louvre, en París

L. Barioulet / AFP


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