• Mié. Oct 5th, 2022
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El conflicto entre Rusia y Occidente entra en un tenso compás de espera


Después de un mes de intensos contactos diplomáticos y movimientos de tropas sin precedentes en Europa desde el final de la guerra fría, el conflicto entre Rusia y Occidente en torno a Ucrania ha entrado en un tenso compás de espera en el que todas las partes se miran de reojo para tratar de predecir cuál será el próximo movimiento.

A pesar de la respuesta “masiva” en términos económicos con que Estados Unidos y la Unión Europea amenazan al Kremlin en caso de agresión militar, la certeza de que, a estas alturas, con 100.000 militares desplazados a lo largo de la frontera con el país vecino, el statu quo no es un resultado aceptable para el presidente ruso Vladímir Putin hacen que el desenlace de este pulso sea totalmente incierto.

El endurecimiento de la retórica por parte de EE.UU. inquieta a la UE y Ucrania, que reclaman calma

De lo que no hay duda, según la unidad del Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea que se dedica a vigilar la manipulación informativa que realizan actores extranjeros en Europa es de que en las últimas semanas se ha producido un fuerte aumento de las campañas de apoyo a Moscú. Fuentes del organismo acusan a lo que denominan el “ecosistema de desinformación favorable al Kremlin” de impulsar una narrativa informativa intencional y coordinada para “justificar los próximos pasos”, afirmando por ejemplo que la OTAN puede provocar incidentes que parezcan obra de Rusia para provocar el conflicto o acusando a Kíev de cometer atrocidades contra los ciudadanos prorrusos. “Es algo que ya vimos en el 2014 antes de la anexión de Crimea”, cuando también se presentó un relato que hacía “plausible” que Rusia tomara medidas, explican.

Como cabía esperar, las respuestas de Washington y la OTAN a las principales exigencias sobre seguridad han sido juzgadas insuficientes por Putin. Los aliados se han reafirmado en su política de puertas abiertas a todos los potenciales socios y se niegan también a dar marcha atrás al reloj, como pidió el Kremlin en diciembre, y volver a situar las fronteras de la organización militar donde estaban en 1997. Pero por muy hipotético que sea el ingreso de Ucrania en la OTAN teniendo en cuenta su situación política y el conflicto territorial de Crimea, las garantías que Putin reclama de que no entrará jamás no es algo que la OTAN ni EE.UU. puedan darle por escrito, recalcan fuentes diplomáticas. La sugerencia de que es material por tratar de manera informal puede no satisfacer al Kremlin.

“Nos estamos preparando para las sanciones y para las contrasanciones”, dicen fuentes europeas

Durante las últimas semanas, el Gobierno ruso no deja de recordar que en los años noventa varios políticos estadounidenses prometieron a la URSS que la Alianza no se acercaría a su terreno, solo para años después ver cómo aceptaba a antiguos miembros del difunto Pacto de Varsovia. Nada de eso, recalcan diversas fuentes en Bruselas, aparece en el acta fundacional de las relaciones OTAN-Rusia firmada en 1997, cuando dijeron “no considerarse adversarios” y abrieron la puerta juntos a una nueva era de seguridad.

A pesar de lamentar la falta de respuesta a sus principales demandas de seguridad, el Kremlin ha dicho que “hay espacio” para continuar el diálogo y hablar de los temas en los que Occidente le ofrece cambios (pactos de reducción de armas, presencia de misiles y material militar en Europa, medidas de transparencia…). Pero mantener abierta la vía diplomática no implica que la tensión vaya a reducirse a corto plazo.

Moscú ha hecho llegar bolsas de sangre y material médico a las tropas en la frontera con Ucrania

Más expuesta que EE.UU. a las consecuencias económicas de un conflicto con Rusia, la UE ha redoblado esta semana los llamamientos a la calma, al igual que Ucrania, y ve con preocupación el endurecimiento de la retórica estadounidense. “Hay que evitar una crisis de nervios”, pidió esta semana el alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, a raíz de la decisión de la Casa Blanca de evacuar a su personal diplomático en Kíev.

La UE se prepara para –como mínimo– un largo periodo de incertidumbre salpicado de escaramuzas que hagan subir aún más el precio del gas y ha entablado contactos con proveedores alternativos como Qatar y Azerbaiyán para encajar mejor el golpe que se avecina, sobre todo si se llega a un conflicto armado entre Rusia y Ucrania y la temperatura en el flanco oriental se dispara.

Apuesta por la vía diplomática

El Departamento de Estado de Estados Unidos confía en que la reunión entre el secretario Antony Blinken y su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, pueda tener lugar la próxima semana y permita a ambas delegaciones discutir los “próximos pasos” después de intercambiar documentos con sus respectivas preocupaciones sobre seguridad. De momento, el lunes se encontrarán en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Estados Unidos ha pedido la celebración de un debate sobre la situación en Ucrania del que espera que salga un “claro mensaje” a Moscú contra una posible intervención en el país vecino; la delegación rusa, sin embargo, se opone a que la discusión tenga lugar. En paralelo, los gobiernos de Francia y Alemania enviarán sendas delegaciones diplomáticas a Kíev los días 7 y 8 de febrero para dar un impulso al llamado Formato de Normandía y los acuerdos de paz de Minsk, que Rusia y Ucrania se acusan mutuamente de incumplir.

“Nos estamos preparando para las sanciones y las contrasanciones”, explican fuentes comunitarias. El acuerdo final sobre el contenido exacto de las represalias de la UE y Estados Unidos contra Rusia en caso de una agresión militar está casi cerrado. Lo que todavía provocará discusiones en el Consejo Europeo es cómo modularlas en caso de que Moscú opte por alguna de las alternativas a la invasión, por ejemplo, dando un apoyo soterrado a operaciones lideradas por los rebeldes prorrusos o reconociendo la independencia de Donetsk y Luhansk, cuyos­ habitantes tienen ya pasaporte ruso y han adoptado el rublo como moneda oficial.

En su llamada al presidente francés Emmanuel Macron el pasado viernes, Putin volvió a insistir en que no tiene planes de invadir Ucrania. Pero la permanencia en la zona de una extraordinaria cantidad de fuerzas y noticias como la publicada ayer por la agencia Reuters de que el Ministerio de Defensa ruso les ha hecho llegar bolsas del sangre y material médico –quizá una señal de que se preparan para la guerra, quizá una forma de pretenderlo– no tranquilizan a Occidente.


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