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El cruento renacer del Estado Islámico

Ene 1, 1970 , , , ,


El Estado Islámico vuelve a la carga. O por lo menos, aquellos que utilizan su nombre. Aun siendo una sombra de lo que fue, el reciente asalto a una cárcel siria bajo control kurdo le ha devuelto al candelero. Tras empotrar dos camiones bomba contra sus muros, hace dos jueves, una docena de terroristas logró hacerse fuerte en el centro de detención de Al Sina, en la provincia de Hasaka, con la colaboración de sus camaradas amotinados.

Casi quinientos muertos más tarde, la revuelta fue sofocada el miércoles pasado por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), dominadas por las Unidades de Protección Popular (YPG), la filial siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Se logró con apoyo aéreo y artillero de fuerzas estadounidenses, que ocupan los cercanos yacimientos petroleros del nordeste.

Un cementerio arrasado por Estado Islámico en Mosul, en el norte de Iraq.

Un cementerio arrasado por Estado Islámico en Mosul, en el norte de Iraq.

AFP

No todo fue lucha sin cuartel. Al Naba , el semanario del fantasmal califato, especifica que se abrieron negociaciones con el SDF para garantizar vía libre a un determinado número de huidos, presumiblemente de alto rango.

Fuerzas británicas y estadounidenses ayudan a las milicias kurdas en Siria que luchan contra el EI

El caso es que, al levantarse la bruma de la batalla, al margen de los cadáveres, parece claro que un número elevado de yihadistas habría logrado huir con vida del recinto, que también albergaba a unos setecientos menores de edad, de los cuales, 150 eran extranjeros no árabes.

En la operación antiyihadista habrían intervenido fuerzas especiales británicas, que conocen bien el perímetro de la prisión, puesto que el año pasado emplearon fondos de su gobierno destinados a blindarlo.

Nadie olvida que, en el convulso 2012, cuando la guerra empezaba a engullir a Siria, un preso liberado del estadounidense Campo Bucca, con el nombre de guerra de Abu Bakr al Bagdadi, se puso al frente de otras operaciones de liberación de presos fundamentalistas suníes –así como baasistas recalcitrantes– de las cárceles iraquíes. En menos de dos años, estos formaban la columna vertebral del Estado Islámico (EI).

En cualquier caso, Royava, la zona kurda de Siria, dista mucho de ser étnicamente homogénea, a diferencia del Kurdistán iraquí. El archipiélago de cárceles que hay allí bajo control de la guerrilla kurda ha creado resentimiento entre la población árabe, mayoritaria en no pocos pueblos. Los cristianos, en general afectos al régimen de Bashar el Asad, han propiciado que este nunca abandonara ciudades como Hasaka.


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Lluís Uría

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En los mentideros de Damasco y Bagdad circula el argumento de que el Pentágono usa la resurrección –irrefutable– del EI para eternizar su presencia en Siria e Irak. Así, el embajador de Siria ante las Naciones Unidas, Basam Sabag, ha declarado esta semana que “el principal objetivo de las acciones de EE.UU. en Hasaka es reciclar elementos terroristas de EI y crear pretextos para mantener la presencia ilegal de sus fuerzas en suelo sirio”.

En Irak, la suspicacia prescinde de retórica. Media docena de misiles cayeron este viernes en el aeropuerto internacional de Bagdad, uno de ellos junto a la base estadounidense. Tanto en este país como en Siria, crecen las incertidumbres para Washington.

En Afrin, las autoridades de ocupación turcas han borrado hasta el último rótulo en kurdo dejado atrás por el sueño de Royava. Estaban en alfabeto latino, por cierto, para poder ser leídos por la gran cantidad de kurdos de Turquía en las filas de la guerrilla kurdo-siria.

El yihadismo también cobra fuerza en la zona de mayoría suní en el centro de Irak

Asimismo, la enemistad entre la órbita del PKK y la del más conservador Partido Democrático del Kurdistán, que domina el Kurdistán iraquí, descoloca a Washington. También la perspectiva de que el próximo gobierno de Bagdad, dada la composición del Parlamento salido de las urnas en octubre, sea incluso más explícito en la exigencia de que las tropas de EE.UU. abandonen Irak, país al que volvieron en el 2004, por cierto, para colaborar en el hundimiento del Estado Islámico. El progresivo deshielo en las relaciones entre Bashar el Asad y varios países árabes pone la guinda.

En el mismo Irak, el EI vuelve a asomar la cabeza. En las zonas que fueron más cercanas al régimen de Sadam Husein, como Tikrit, el resentimiento contra la mayoría chií encumbrada por las urnas ha dado alas a la insurgencia suní. Más de un millar de milicianos, con un cierto apoyo popular, podrían encontrarse en una zona gris cercana a Kirkuk, reclamada a la vez por el gobierno del Kurdistán autónomo y el gobierno central iraquí.

Mientras, vuelve a estar bajo los focos el limbo legal de las cárceles de las FDS, superpuesto al limbo legal de la propia Royava. En ellas se hacinan cerca de diez mil prisioneros entre combatientes, sus esposas o viudas y sus hijos o huérfanos. Un Guantánamo sin remilgos y sin juicios a la vista. Pero no son pocos los gobiernos occidentales que prefieren descargar su responsabilidad antes que afrontar posibles repatriaciones.


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Jordi Joan Baños

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En cualquier caso, que el EI vuelva a tener pulso, no significa que pueda volver a echarle un pulso a dos estados. En ruinas, pero de verdad. Sin olvidar que su combustible siempre fueron los combatientes extranjeros, inmigrantes musulmanes desarraigados de segunda o tercera generación, a menudo fanatizados en las redes.

Pero escarmentados estos por la concreción del EI, sus sombras y su final ignominioso, las cosas deberían ir muy mal en Europa como para que volviera a tener tirón. Sin embargo, en las ciudades suníes de Líbano, como Trípoli, empiezan a circular rumores sobre jóvenes que desaparecen, rumbo al conflicto. Síntoma de la depauperación de su país o de que el EI vuelve a mover dinero, así como que sus matarifes vuelven a soñar con expedir certificados y ejecutar sentencias.






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