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El efecto efervescente, por Núria Escur

Sep 23, 2022 , , , ,



Hace tres años que algunos decidimos dejar de hacer el famoso cambio de armario. Ni de verano a otoño ni de otoño a invierno. En eso el confinamiento ayudó mucho: nos pasábamos el día en chándal y pantalones japoneses de algodón. Murieron las temporadas.

También el cambio climático nos obligó a reconstruir nuestras costumbres: en primavera hacía demasiado calor, en verano ardías pero cualquier día te llegaba una tormenta, una DANA o un vendaval por sorpresa y había que rescatar paraguas y botas del fondo del altillo.

Ciertas cosas han dejado de ser inamovibles, ahora se diluyen

Así que, desde entonces, basta con tener un par de espacios separados para la ropa e ir intercalando lo que el día nos requiera. Manga corta y manga larga, fresco y abrigado, tirantes y chaquetas. Seleccionado y por separado. Nada de vaciarlo todo, guardarlo cuidadosamente en bolsas herméticas, sudar durante horas y volver a coger la escalera para empotrarlo en lo más hondo del alma.

El efecto efervescente es aquel por el cual ciertas cosas han dejado de ser inamovibles. Simplemente, surgen y nos adaptamos al son, se diluyen pacíficamente. En gramática sexual, por ejemplo, lo han ejemplificado quienes se definen como “género fluido”.

Se trata de un fenómeno aplicable a infinitas situaciones. Hoy mismo empiezan las fiestas de la Mercè, la fiesta mayor barcelonesa. He mirado y revisado los actos, ojeado las ofertas y valorado las posibilidades.

Antes asistíamos a algunos de esos actos como a citas­ sagradas. Este año decidiré­ en el último momento, lo que más me apetezca o lo que me quede más cerca. ¡Nada obligatorio! Todo bajo el efecto efervescente de la improvisación, dejarse ir hasta diluirse con el cosmos…





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