• Jue. Oct 6th, 2022
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El juego de la motivación, por Jesús Montesinos


Santiago Abascal ha sacado a pasear a El Cid para motivar el voto a Vox  entre los castellanos-leoneses. En Valencia, el Consell y la UGT están dispuestos a lo qué sea para motivar a Ford para que se quede en Almusafes. Y en El Prat de Llobregat le lloran a Yolanda Diaz para que convenza a los dueños de SEAT para que fabriquen el coche eléctrico en Catalunya.

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Ingenieros de la planta de Ford en Almussafes. 

FORD / EP

El juego de la motivación (expectativas + instrumentalidad + valencia) se ha convertido en un desiderátum que todo el mundo quiere jugar sin definir antes para que quieres motivar al personal. Porque como demuestran las elecciones portuguesas, que han dado la victoria absoluta al socialista António Costa, o la elección otra vez de Mattarela como presidente de Italia, el personal lo que busca es estabilidad y bienestar. Y tener claras las expectativas de futuro. Vamos: un Nadal en las pistas.

Quiero una vida tranquila

Es normal que en medio del lío que vivimos en Europa desde hace años y, especialmente, el que agita España y la Comunidad Valenciana desde hace más de seis, el ciudadano quiere una previsión tranquila y sin grandes alharacas. Por eso en la tan criticada encuesta del CIS hay más de un treinta por ciento de encuestados que están indecisos o no tienen claro si irán a votar. Hemos pasado de la ira de hace diez años a la decepción y ahora a la resignación. Nos motivan con El Cid o el convencimiento de que la Ford se quedará en Valencia, aunque haya que poner millones y bajarse los sueldos. ¿Esto son expectativas? 

Y es que la motivación política ha quedado unida exclusivamente al manejo de la deuda, en unos casos los presupuestos, en otros la financiación autonómica y ahora los Fondos Europeos para la recuperación tras la pandemia. Dineros que no van destinados a crear estabilidad y bienestar, si no a procurar titulares que den mayor goce a Sánchez y los suyos o las presumibles victorias que alcanzarán PP y Vox. No en vano ya hay politólogos que hablan de un sistema obsoleto

Hay que crear expectativas reales para motivar al ciudadano, porque fabricar coches ya no es una panacea ni esperar la recuperación del turismo o los precios de los cítricos van a ser la gran expectativa

¿Hay alguien motivando el futuro para mis hijos? ¿Hay alguien preparando los nuevos umbrales de trabajo que sustituyan a los que más pronto que tarde abandonará Ford? ¿O es que creemos de verdad que la multinacional americana toma sus decisiones por los pactos sindicales en Valencia o los cien millones que soltará Puig para que no te vayas, por favor? Su guerra estratégica es con Toyota, no entre Valencia y Alemania. Y si me apuran es la guerra mundial del futuro del automóvil como vector industrial. Como ya ocurrió con Altos Hornos en Sagunto en 1984, aunque le costara más de un disgusto a Joan Lerma. Hay que crear expectativas reales para motivar al ciudadano, porque fabricar coches ya no es una panacea ni esperar la recuperación del turismo o los precios de los cítricos van a ser la gran expectativa. Las previsiones se deshacen hoy en minutos.

¿Qué expectativas ofrecen Pablo Casado, Carlos Mazón o María José Catalá para ganar el favor de más votantes que el PSOE, Compromis y Unidas Podemos? Por ahora el único argumentario que se escucha para motivar al personal son las referencias a las constantes meteduras de pata de Pablo Sánchez, Ximo Puig o Joan Ribó. Y eso lo único que ha provocado en años de crisis, virus y miles de muertos es que el PSOE solo haya perdido la fidelidad de un tercio de sus votantes anteriores. Y tanto el Gobierno como el Consell pierden fidelidad porque no dan estabilidad. Son un guirigay.

¿Generan estabilidad con la Reforma Laboral, la Ley de la Vivienda o el reparto de los fondos de la UE, que no han llegado a la mitad de sus destinatarios? ¿Pero generan expectativas estables los anuncios apocalípticos del PP o el PPCV? Quizá es que al final todo se reduce a los Podemos en defensa de Tanxuguerias en Eurovisión, sacar a pasear a El Cid o la felicidad que nos promete Mónica Oltra, como la Constitución de 1812.

Tal vez por eso se da la gran paradoja de una sociedad que va a la suya y una política que no tiene utilidad, aunque llenen todas las trincheras mediáticas

Tal vez por eso se da la gran paradoja de una sociedad que va a la suya y una política que no tiene utilidad, aunque llenen todas las trincheras mediáticas. En la encuesta empresarial de Deloitte los consultados dicen que les irá bien en el segundo semestre de 2022, aunque reconocen tres cosas:

-Gestión económica del Gobierno: el 62 % mala muy mala

-Gestión Fondos UE: El 55 % mal, muy mal

-Caída del consumo por desconfianza





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