• Mié. Oct 5th, 2022
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El prefijo de Schrödinger, por Màrius Serra



La semana pasada supimos que el euskera tiene un problema con sufijos, prefijos e infijos. No es la RAE quien nos informa, sino la magistrada Ana María Martínez Navas, en las consideraciones lingüísticas que añadió a una sentencia judicial. La titular del juicio de lo contencioso-administrativo número 3 de Vitoria-Gasteiz ordena al Ayuntamiento de Llodio que readmita a una trabajadora que había sido despedida por no poder acreditar el perfil lingüístico codificado como PL3 en nivel de euskera. Los detalles jurídicos quedan eclipsados ante la justificación que transforma la sentencia en un texto digno de figurar en las Converses filològiques de Pompeu Fabra o en la correspondencia de Sabino Arana. De entrada, la juez riñe al Ayuntamiento por su falta de sensibilidad: “La Administración parece olvidar que el euskera ocupa la quinta posición de los idiomas más difíciles del mundo (en algunas listas aparece incluso el primero)”. No consta la fuente de este ranking sociolingüístico fundamentado en el innovador criterio de la dificultad, pero sospecho que eso de “incluso el primero” es por hacerles la pelota a los de Bilbao. Tras este apunte de calidad, la magistrada abre su corazón filológico para explicarnos qué motiva tanta complejidad: “La principal dificultad de esta lengua es que no comparte ninguna conexión con ningún otro idioma, ya que ha evolucionado a lo largo del tiempo de forma aislada”.

Una magistrada advierte que el euskera tiene un problema con sufijos, prefijos e infijos

Pero el diablo siempre se esconde en los detalles, y es cuando concreta que salta la primicia: “La complejidad de su estructura y un vocabulario cuyas palabras cambian de significado al adicionarse uno de los cientos de sufijos, prefijos e infijos que se dan en esta lengua”. ¡Ay caray, ahora resulta que las palabras vascas cambian de significado si les aplican un prefijo o un sufijo! ¡Qué parafilia más extraña! Si ante filia (simpatía apasionada) nos da por escribir zoo ¿ya no quiere decir lo mismo que si ponemos biblia? ¡Menuda decepción! Y lo mismo debe de pasar con las fobias, que no combinan igual con un claustro que con un ágora. ¡Qué idioma tan difícil, el euskera! ¡No como el castellano, que se entiende clarinete!

Claro que en catalán padecemos el extraño fenómeno del prefijo de Schrödinger, capaz de poner en cuestión axiomas que creíamos invariables. Se trata del prefijo intensivo re-. Aplicado a un verbo indica duplicación o repetición de la acción. En principio, no con todos los verbos, porque hay cosas que solo pueden suceder una vez. Morirse, por ejemplo, o perder la virginidad. Debutar era una de ellas hasta que apareció el prefijo de Schrödinger y ahora los futbolistas del Barça redebutan. Sucedió con Dani Alves y ahora vuelve a pasar con Adama Traoré. Sería interesante conocer la opinión de la magistrada vasca sobre la dificultad del catalán.





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