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El síndrome de ‘Charlie Hebdo’

Feb 7, 2022 , ,


Muñecas sin boca ni nariz ni ojos. Cuentos para niños con personajes dibujados sin rostro. Esas fueron algunas de las imágenes que más impactaron del documental de casi cien minutos, emitido el 23 de enero por la cadena francesa M6, para explicar la penetración creciente del islam radical entre la comunidad musulmana.

El programa Zone Interdite (zona prohibida), que tuvo una audiencia de 2,1 millones de personas, causó sensación y ha tenido consecuencias. Días después, su presentadora, la exmodelo Ophélie Meunier, y el joven abogado y activista Amine Elbahi, que intervino en la emisión, fueron puestos bajo protección policial tras recibir amenazas de muerte.


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El síndrome de Charlie Hebdo aún condiciona la vida en Francia. Existe miedo a otra matanza como la de enero del 2015 en la sede de la revista satírica (12 víctimas) o a un asesinato como el del maestro Samuel Paty, en octubre del 2020, por haber mostrado una caricatura de Mahoma en una clase sobre libertad de expresión. El fanatismo no perdona. Más de un centenar de personas, entre periodistas, intelectuales, activistas e incluso imanes opuestos al integrismo viven bajo escolta. Meunier, de 34 años y madre de dos hijos, y Elbahi, de 25 años, son los últimos de la triste lista.

Las muñecas sin rostro –para respetar el islam más rigorista– eran de una juguetería de Roubaix, ciudad de unos 100.000 habitantes, junto a la frontera belga. El documental se filmó en gran parte allí, por albergar una gran comunidad musulmana –40% de la población– y ofrecer una islamización muy visible por el tipo de comercios y la abundancia de mezquitas. En Roubaix hay doce iglesias católicas y siete mezquitas. Las carnicerías halal suman más de un centenar. El equipo de Zone Interdite también se desplazó a los suburbios de la periferia norte de París, a Lyon y Marsella.

Una presentadora de televisión y un jurista se suman a la larga lista de personas bajo escolta policial

Otras imágenes chocantes de Roubaix fueron las de un restaurante donde las mujeres con velo comían separadas del resto de clientes por unos paneles. El programa sacó a la luz la existencia de escuelas privadas musulmanas que en realidad son escuelas coránicas que adoctrinan a niños desde la edad de dos o tres años. Los pequeños aprenden a recitar versículos del Corán antes que a leer y escribir. Niños y niñas están separados. Ellas llevan velo, algo que está prohibido en la escuela pública. La asociación que hay detrás de una de estas escuelas recibía subvenciones municipales. Por ello será juzgado el alcalde, Guillaume Delbar, sospechoso de clientelismo para obtener votos, un reproche que suele hacerse a otros políticos en distritos con alta densidad musulmana.

El joven jurista Elbahi es un caso singular. Es muy vehemente en denunciar el avance del salafismo y de otras corrientes islámicas radicales en Roubaix. Su insistencia ha puesto en aprietos al alcalde. Elbahi sabe de lo que habla. Una hermana se radicalizó y se marchó hace unos años al territorio controlado por el Estado Islámico (EI) en Siria e Irak. Hoy se halla, al parecer, en una prisión kurda.

Otro de los protagonistas en Zone Interdite fue Hassen Chalghoumi, imán de Drancy, al norte de la capital. Este clérigo musulmán, originario de Túnez, es un látigo contra los fundamentalistas. “El islamismo es la enfermedad del islam”, suele decir. Chalghoumi, que se desplaza con guardaespaldas y lleva chaleco antibalas incluso cuando dirige el rezo en su mezquita. Su mujer y sus cinco hijos se trasladaron a vivir fuera de Francia y se cambiaron de nombre, por seguridad.

El programa de televisión reveló una realidad que es de sobra conocida por quienes se ocupan del fenómeno del islamismo en Francia, pero lo hizo de un modo impactante –y un punto sensacionalista, según los críticos– para los sectores de la población menos conscientes del problema.

Un documental causa sensación al mostrar tiendas de muñecas sin rostro y escuelas coránicas camufladas

Zone Interdite abordó asimismo el proselitismo vía internet, incluidos cursos infantiles que son pagados por Arabia Saudí y en los que se inculcan los preceptos del islam más estricto a criaturas inermes ante un adoctrinamiento tan intenso y precoz.





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