• Vie. Sep 30th, 2022
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El último kilómetro siempre es el más largo, por Josep M. Argimon


Las personas que en algún momento u otro de su vida han salido a correr saben que en toda carrera el último kilómetro siempre es el más largo. Y con la pandemia estamos corriendo, no un maratón, sino una de aquellas carreras de montaña extremas con picos y valles que encadenan subidas y bajadas, olas las llamamos, que llevan al límite toda capacidad de resistencia física y mental.

Cada día que pasa, la línea de meta está más cerca. Todos queremos llegar cuanto antes mejor, pero la mejor receta es mantener la concentración y la cabeza fría. Querer correr demasiado y hacer un desesperado sprint final sin tener la meta clara no suele ser la mejor opción.

Estamos corriendo, no un maratón, sino una carrera de montaña extrema

Según publicaba The Lancet el 19 de enero, “la era de las medidas extraordinarias por parte de gobiernos y sociedades para controlar el SARS-CoV-2 acabará después de la ola de ómicron, pero no la pandemia”. El director regional de la OMS para Europa, Hans Kluge, también avistaba el cambio de paradigma. Pero estas esperanzadoras palabras llegan cuando todavía tenemos más de 400 personas en las ucis y más de 2.000 hospitalizados y decenas de miles de visitas en la atención primaria.

También estamos batiendo récords de contagios. Miles de personas positivas han hecho que empresas, servicios públicos, particularmente escuelas, institutos y el propio sistema sanitario, estén viviendo días muy complicados. Por suerte, esta ola nos encuentra en un momento de altísima protección gracias a la gran historia de éxito colectivo que es la va­cunación (¡10.000 muertes y 38.000 ingresos­ evitados!) y al hecho de que tenemos mucha gente inmunizada también por haber pasado la enfermedad. Conocemos la paradoja; a pesar de todos sus efectos, la ómicron nos está ayudando en el reto de la protección colectiva.

foto XAVIER CERVERA 27/12/2021 yolanda, de mas de 50 anos, recibe moderna tras las dos primeras pfizer, a vacuna covid de fira montjuic ,hoy q se cumple un año q empezaron a ponerse las vacunas en este vacunodromo (el mas grande de catalunya) de barcelona

Yolanda, después de recibir la tercera dosis en laFirade Montjuïc

Xavier Cervera

Pero la gran pregunta se mantiene. ¿Vamos­ de bajada? ¿Hemos superado el último puerto de montaña? Estas preguntas nos las hemos hecho muchas veces, y el virus ha vuelto a virar y nos ha cambiado la hoja de ruta. Hacer predicciones es muy difícil, y así nos lo demuestra la covid­.

Sea como sea, en el Departament de Salut nos preparamos para este posible tramo final, y lo más importante es conocer el terreno y no engañarse. No nos gusta el término gripalización; la covid no es como la gripe. No lo es por respeto a todo lo que hemos vivido y porque ninguna epidemia de gripe ha llevado en pocas semanas más de medio millar de personas a las ucis. Pero sí que tenemos que normalizar nuestras vidas al máximo posible y dejar atrás que la covid sea LA enfermedad.

Tal como ya fue capaz de hacer la atención primaria (y comunitaria) justo antes de esta última ola recuperando los niveles de diagnóstico de cáncer y enfermedad cardiovascular de antes de la pandemia, el sistema de salud tiene que poder recuperar toda la capacidad asistencial afectada por la gestión de la covid. La solución no será sencilla y desgraciadamente no pasa por los seguramente bienintencionados llamamientos a poner en marcha enésimos “planes de choque” que desconocen las complejidades de la gestión sanitaria más allá de la proclama. Sobre un sistema sanitario agotado pero que siempre responde, la gran prioridad es conseguir los recursos que se necesitan y que todos aquellos con responsabilidades en el gobierno y en la gobernabilidad del Estado hagan todo lo posible para conseguirlos.

Y para que la covid no sea LA enfermedad también tendremos que aprender a convivir con el virus. La OMS presentará un plan para pasar a una nueva fase de “control sostenido” de la covid. En Catalunya ya tenemos muy adelantado el diseño de la transición de un modelo de vigilancia de emergencia a un modelo activo de vigilancia centinela. A partir de reforzar el Plan de Información de las Infecciones Respiratorias Agudas en Catalunya, el Pidirac, se trata de disponer de un sistema de vigilancia de infecciones respiratorias que permita el seguimiento epidemiológico, la prevención y el control y la actuación precoz ante nuevas amenazas de salud pública integrando el esfuerzo de todo el Sistema de Salud.

Este sistema de vigilancia tendrá cuatro pilares y se interrelacionará con el futuro Centro de Inteligencia Epidemiológica de Catalunya, del que pronto podremos dar más detalles.

El primero de estos pilares será un grupo de sanitarios con número y distribución geográfica representativa que recogerán muestras de personas con sintomatología compatible con infección respiratoria. El segundo hará una vigilancia exhaustiva de los casos graves y de aquellas personas más vulnerables a quienes sabemos que la covid puede provocar problemas graves. El tercero descansará sobre el gran salto en la capacidad diagnóstica que hemos adquirido, como lo demuestran los impresionantes 12 millones de PCR realizados en 24 meses. El cuarto y último pilar será el desarrollo y la aplicación de modelos predictivos, un ámbito donde un numeroso grupo de profesionales han demostrado durante toda la pandemia una gran pericia.

La certeza de si estamos llegando a la meta no la tenemos, pero sí sabemos que esta carrera la acabaremos. Y sabemos también que llegaremos exhaustos y que nos costará mucho recuperarnos de un esfuerzo titánico que nos ha llevado al límite.

Recuperarse será otro reto colosal –para toda la sociedad en general y, también, para los profesionales sanitarios en particular–. Sin embargo, a pesar de todo, lo afrontaremos más fuertes, más resilientes y más preparados.





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