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Emboscada en la calle del Turco

Feb 5, 2022 , , ,


La reforma laboral se salva, la reputación de la política se hunde

Emboscada en la calle del Turco

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Enfoque Enric Juliana Emboscada Calle Turco

El error de un diputado del Partido Popular poco hábil en el manejo del voto electrónico ha impedido a Pablo Casado ejecutar la segunda emboscada de la calle del Turco. Una tecla mal pulsada ha frustrado una maniobra de asalto parlamentario que podía haber dejado al Gobierno con más plomo político en el cuerpo que el que recibió el general Prim el 27 de diciembre de 1870 en una callejuela de Madrid muy próxima al Congreso de los Diputados, que hoy lleva el nombre del Marqués de Cubas. La derogación de la nueva reforma laboral podía haber dejado moribundo al Gobierno. Podía haberle provocado una infección letal, como le ocurrió a Joan Prim i Prats, que circulaba por Madrid con una cota de malla debajo de la camisa, y que murió como consecuencia de una sepsis provocada por las heridas en una mano. [El general Prim fue uno de los artífices de la Gloriosa de 1868, la revolución liberal que envió a la reina Isabel II al exilio. Su obsesión era dotar a España de una verdadera monarquía liberal, con una nueva dinastía elegida por el Parlamento. Prim propuso a Amadeo de Saboya y le mataron antes de que el nuevo rey llegase a Madrid].

La segunda emboscada de la calle del Turco también quería interrumpir una nueva formulación de la política española. La quiebra de la nueva legislación laboral y su consiguiente repercusión política y social podían haber provocado una peligrosa sepsis en la actual alianza gubernamental.

Los acontecimientos de estos días son perfectamente conocidos, repasemos sin embargo las claves principales de un acuerdo social que contradecía y contradice el clima político imperante. ¿Cómo fue posible alcanzar un acuerdo de tal envergadura en una España en la que nadie se pone de acuerdo? 

  

La primera clave de la reforma laboral se llama Antonio Garamendi. El presidente de la CEOE no ha querido alinear totalmente a la organización patronal española con la política de oposición desplegada por Pablo Casado y Santiago Abascal. Estamos ante un singular ejemplo de ‘autonomía política’ de la sociedad civil. Esa política ha tenido y tiene una fuerte oposición interna. Dentro de un año habrá elecciones en la CEOE.

  

Garamendi entendió que era mejor negociar un pacto con los sindicatos y con el Gobierno, antes que el Ejecutivo decidiese legislar por su cuenta. Los sindicatos también querían pactar. La concertación social ha ganado prestigio en España durante la dura experiencia de dos años de pandemia. La Comisión Europea también pedía un pacto social sobre la nueva legislación laboral, pero no había una condicionalidad explícita sobre los fondos europeos. La tecnoestructura europea, administradora de los fondos, señala un rumbo a seguir y eso es suficiente.

  

Pedro Sánchez vio desde el primer momento que debía seguir esa directriz. Un socialdemócrata jamás rechaza el pacto social. El presidente del Gobierno también entendió que un buen acuerdo con la patronal y los sindicatos pondría contra las cuerdas el discurso catastrofista de la oposición. El pacto le podía ayudar a romper el cerco y reforzar su autoridad en un escenario político enloquecido por la crispación y la violencia verbal.

  

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, la figura ascendente en Unidas Podemos, también decidió trabajar en esa dirección, por convicción y por vocación. Díaz, muy bien conectada con Comisiones Obreras, es hija de la corriente sindical de la izquierda y nada alérgica al concepto ‘pacto social’. Estamos ante un cierto regreso al ‘eurocomunismo’ de los años setenta, con la consiguiente inquietud en Podemos. Una inquietud disciplinada, hasta la fecha. Díaz ha contado en todo momento con el apoyo del PCE, partido que ya no concurre con sus siglas a las elecciones, pero que sigue jugando un papel importante en el interior de Izquierda Unida y que en estos momentos actúa como válvula de estabilización de UP. Su secretario general es Enrique Santiago, diputado y secretario de Estado del ministerio de Asuntos Sociales.

  

¿Por qué no se empezó a negociar la validación parlamentaria del pacto social mientras se ultimaban los detalles del mismo? He ahí una de las claves de esta historia. Garamendi pasó por momentos de verdadero apuro en la negociación con Gobierno y sindicatos, ante la presión de los sectores empresariales más alineados con el PP y Vox. Un cruce de las dos negociaciones podía haber hecho saltar el acuerdo, sostienen algunos de los protagonistas del pacto.

  

Ese desacoplamiento de las dos negociaciones ha perjudicado la concertación política. El Gobierno tenía demasiados incentivos para sellar el acuerdo con la patronal y los sindicatos, y los partidos que le apoyan desde el Parlamento, demasiado pocos. El sindicalismo nacionalista vasco apretaba a Bildu y PNV. El sindicalismo nacionalista gallego también era hostil. Y Esquerra Republicana decidió que este era el momento de enseñar los dientes a Pedro Sánchez y de bajarle los humos a Yolanda Díaz. Sólo los valencianos de Compromís y el minúsculo Más País no han tirado de la cuerda. Íñigo Errejón sabe que las posiciones políticas constructivas obtienen hoy aplauso en un país desencantado con la política.

  

Más difícil todavía. El PSOE quería aprovechar el trámite parlamentario para ejecutar una acrobacia centrista. Quería proyectar una línea de mayor moderación, en consonancia con las directrices del último congreso del Partido. Por fin llegaba la hora de salir de excursión con Ciudadanos. Aunque fuese la última excursión, puesto que el partido naranja está al borde de la extinción. En pocas palabras, el PSOE quería capitalizar el éxito que supone el pacto social.

  

Yolanda Díaz ha cobrado un gran protagonismo en las últimas semanas. Es la ministra mejor valorada en los sondeos y la prensa le trata mucho mejor que a Pablo Iglesias. Goza de un cierto estado de gracia. Es innegable que bastantes de los movimientos tácticos de estos días estaban y están orientados a erosionar a la vicepresidenta, que seguramente no ha leído ‘Yo Claudio’, la historia de un patricio romano que parecía tonto y que gracias a ello llegó a ser emperador, puesto que nadie consideró necesario apuñalarle.

  

Todos estos factores sumados han complicado extraordinariamente las negociaciones políticas, animando al Partido Popular a intentar la segunda emboscada de la calle del Turco. Falló una tecla. Cuando vieron el resultado de la votación, los diputados del PNV, ERC y Bildu quedaron lívidos: votaban no, creyendo que ganaba al sí. Acudieron al Congreso a jugar a la ruleta

  

Teniendo en cuenta todo lo acontecido, podemos considerar como un acontecimiento milagroso que España cuente hoy con una nueva legislación laboral pactada y validada por el Parlamento.

  

Hay mucho enfado con la política en estos momentos en España y veremos por dónde sale y cómo se expresa. El día 13 se vota en Castilla y León.


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