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en el nombre del padre

Ene 1, 1970 , ,


Los accidentes históricos y culturales ocupan buena parte de lo que se dice sobre los corredores kenianos

Dos horas, Ed Caesar

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–Si soy atleta, es por mi padre –me dice Javi Guerra (38).

Y cuenta historias de Paco, el padre.

En los años noventa, el padre se llevaba al crío a las carreras. Y el crío (Guerrita le llaman hoy), viendo a aquellos corredores flacos y sufridos que se retorcían sobre el barro, soñaba con verse a sí mismo ahí, algún día, quizá más adelante.

–Mi padre me había inculcado los valores del sacrificio, me los metió muy adentro. Desde luego, yo los sentía más que mis dos hermanos pequeños. Ellos también habían empezado a correr, pero lo dejaron pronto.

–¿Usted llegó a correr con su padre?

–¡Ya lo creo! Trotábamos juntos por la carretera de la Granja, en Segovia (caminos que ahora mismo Javi Guerra también recorre a diario). Recuerdo que incluso competimos juntos, en una San Silvestre en nuestra ciudad. Él tenía 42 años y yo, 16. Él ganó y yo fui sexto. Fardaba de padre.

Javi Guerra se prepara para un trote, en Segovia

Javi Guerra se prepara para un trote, en Segovia 

Sergio Mateo / @SPORTMEDIA

En aquellos años noventa, Paco Guerra era un fenómeno del cross. Se peleaba con Martín Fiz, Antonio Prieto, José Manuel García y el difunto Alejandro Gómez.

Y en ocasiones les superaba: Paco Guerra iba a vivir su momento de gloria en 1993, en el Campeonato de España de Amorebieta, cuyo título se llevaría. El hecho sería singular por un dato que hoy apenas tiene importancia: entonces, Paco Guerra sumaba 35 años.

–¡Pero si ya casi es un abuelo! –se rumoreaba en los corrillos del atletismo.

Los primeros 20 o 25 km son relativamente sencillos. Luego, las piernas pesan. Y en los últimos 6 o 7, duelen”



Javi GuerraMaratoniano

(…)

–Cómo ha cambiado la historia, ¿verdad? –me comenta Javi Guerra, que tiene 38 y ahí sigue, tan fresco, listo para disputar el maratón de Sevilla (20 de febrero) y ganarse una plaza para el Mundial de verano en Eugene (Oregón).

–¿Y a qué se debe este cambio?

–Hombre, nuestros 35 no son aquellos 35. Mire ahora a Ayad Lamdassem, que ha batido el récord de España de maratón a sus 40 años. Nos entrenamos de otro modo, comemos de otro modo. En mi caso, hemos estudiado mi metabolismo. Hemos descubierto los alimentos ricos en grasas que me ayudan en los entrenamientos, como el aguacate, la cecina, las nueces o el omega 3. Y de repente, me recupero mejor de los esfuerzos. Y llevo dos años sin ponerme malo. En cambio, mi padre tenía que combinar el atletismo y el trabajo, al principio en una fábrica y luego, como administrador en un bufete de abogados.

Al contrario de aquellos, Guerrita vive del maratón, profesión de riesgo (ha sido dos veces cuarto en los Europeos, en el 2014 y el 2018, y tiene un registro de 2h07m27s).

Le apoyan las becas, los fijos por carrera y los patrocinadores deportivos, como 226ers o New Balance.

Pero es profesión de riesgo.

Javi Guerra, en su casa en Segovia

Javi Guerra, en su casa en Segovia 

Sergio Mateo / @SPORTMEDIA

Le pregunto:

–¿Usted no se ha parado a pensar en lo duro que es su trabajo? Cuando se planta a la salida de un maratón, se va a jugar el dinero con otros atletas tan fenomenales como usted y que están tan dispuestos a sufrir como usted…

–Bueno, es un trabajo en la sombra, desde luego muy sacrificado. Inviertes mucho esfuerzo en una carrera. El maratón es egoísta, te veta para el cross y para otras competiciones. Su preparación es exigente, pero esa es su magia.

–¿Y no siente miedo, en vísperas de un gran compromiso?

–En los días previos, entras en dudas. Te preguntas si te has entrenado bien, si las liebres cumplirán con su trabajo. Hay que controlar ese miedo escénico, debes impedir que tu mente se vuelque hacia el lado negativo.

–¿Y cómo lo hace?

–Tengo mis charlas con mi entrenador, el fisiólogo Jesús Álvarez. Y con Pedro Luis Gómez. Es pedagogo. Con él, trabajo en la autoconfianza, visualizo carreras y aprendo a gestionar las emociones. El maratón se analiza por partes.

–En un maratón, ¿cuál es el porcentaje de tiempo en que usted sufre de veras?

–Más o menos, en el 40%. Cuando estás en forma, los primeros 20 o 25 kilómetros son relativamente sencillos. A partir de ahí, las piernas pesan. Y en los últimos seis o siete, duelen. No es un dolor pulmonar, sino muscular. Si quieres, puedes hablar. Pero las piernas ya no las mueves.

(el mismo día de la entrevista, Javi Guerra se ha sometido a un trote suave, de 20 km a 3m33s por kilómetro; para él, ese es un trote regenerativo).


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