• Mié. Oct 5th, 2022
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“Entre democracia y poder, el partido republicano se inclina por el poder”



El 70 por ciento de la población mundial vive en estados autoritarios o en democracias en retroceso y solo el 9% lo hace en “democracias plenas”, entre las que figura España, según el diagnóstico del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), con sede en Estocolmo, cuyo secretario general es el costarricense Kevin Casas-Zamora, ex vicepresidente de su país.

El informe constata que nunca tan pocos países han progresado en lo democrático y nunca tantas democracias han retrocedido en calidad.

Y lo más preocupante es que la forma de deteriorarse de muchas democracias es distinta. Si miramos tres ejemplos como Turquía, Filipinas o Hungría vemos que cada una lo hace a su manera pero con el nexo de la erosión democrática. Y esa erosión también afecta a países más grandes como India, Brasil o Estados Unidos, donde el proceso de deterioro es muy visible y preocupante. De ahí que siete de cada diez habitantes del planeta viven hoy bajo el autoritarismo o unas democracias híbridas.

Sorprende que consideren a Estados Unidos “una democracia en retroceso”…

La reforma de las instituciones políticas es una demanda del siglo XXI. Las democracias, todas, son reversibles y el país vive en un proceso de polarización desbocado, en paralelo a grandes reticencia hacia los partidos políticos tradicionales y las instituciones que siempre ejercen de contrapesos. Las elecciones presidenciales del 2020 fueron objeto de una gran campaña de desinformación, un fenómeno que ya forma parte de la vida política en todos los países, lo que ha dejado descrédito y desconfianza de las instituciones democráticas.

La época eufórica de las primaveras árabes ha pasado. Hay que buscar contrapesos”

¿Se han convertido las redes en un enemigo de la democracia? Lo digo porque hay una creciente polarización de las opiniones públicas sobre el asunto que sea…

Hay que ser prudentes. Cuando aparecieron las redes, las nuevas tecnologías fueron recibidas como un gran avance en la libertad de expresión. Todos podríamos dar nuestras opiniones, crear información sin ser medios de comunicación tradicionales. Las primaveras árabes en el 2010 fueron un momento de euforia y pensamos que eran movimientos políticos positivos en sí mismos porque surgían de las redes. Esa visión libérrima ya ha pasado a mejor vida. Ahora estamos en la búsqueda de contrapesos que permitan verificar las noticias sin que eso vaya en contra de la libertad de expresión.

El asalto al Capitolio difícilmente se hubiese desarrollado sin las redes y la intoxicación, que se repite en todas las campañas electorales en el seno de la Unión Europea…

Sí, pero aquí entra en juego algo más decisivo: los grandes partidos tradicionales. No se puede combatir la desinformación si la mitad del arco político de EE.UU., el partido republicano, no tiene clara su prioridad entre el poder y la defensa de la democracia. Y parece que se inclina por el poder,

Los países autoritarios no han respondido mejor que los democráticos a la covid”

Existe la convicción de que los países autoritarios, como la República Popular China, han gestionado mejor la lucha contra la covid. El informe sostiene lo contrario.

Las investigaciones, que incluyen el número de muertes o el grado de vacunación, nos demuestran que los países autoritarios no han respondido mejor a la covid que los democráticos y eso sin tener en cuenta la falta de transparencia en muchos datos que ofrecen. Un aspecto preocupante es que la covid ha sido la excusa para introducir restricciones en las libertades. En San Salvador, un caso extremo, han introducido 35 nuevos tipos penales durante la pandemia. En Cuba, Myanmar o Bielorrusia, las autoridades han suprimido movimientos pro-democracia con el mismo argumento. De todas las elecciones celebradas en las fechas fijadas, el 73% lo fueron en democracias.

Sin embargo, el autoritarismo crece y se rodea de una imagen de efectividad.

Los países autoritarios son una ruleta. Te puede tocar el Singapur de Lee Kwan Yew –un modelo de estadista modernizador- o la Uganda de Idi Amin. Corregir el rumbo en estos países no es fácil, a diferencia de las democracias.





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