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Épico por definición

Ene 1, 1970 , ,



Retorcemos tanto el lenguaje en los últimos tiempos que lo desvirtuamos. ¿No se han fijado? Todo es épico recientemente. Desde un salvamento rutinario de un animal doméstico, hasta un traje llamativo paseado por una alfombra roja de un premio del que desconocíamos el nombre, pasando por un empate entre equipos filiales en horas bajas. El mundo está lleno de falsa épica alimentada por la necesidad de captar la atención de los usuarios de los móviles, que somos la humanidad entera.

Hasta que llega Rafa Nadal, épico de los pies a la cabeza, y nos recuerda el auténtico significado de las palabras.

Hasta que llega Rafa Nadal y nos recuerda el significado real de las palabras

Los algoritmos, infalibles, daban al tenista de Manacor un 36 por ciento de opciones de victoria antes de empezar el partido. Nadal es una leyenda, pero llevaba siete meses inactivo y delante tenía a un rival extraordinario y diez años más joven, el ruso Medvedev, malvado arquetípico para más inri, personaje de rostro arrancado de una película sesentera de James Bond, ideal ahora que regresa la guerra fría con Putin y su fijación por Ucrania.

Medvedev, odiado por el público, jugó un tenis de cine e hizo lo que tenía que hacer: confirmar el pronóstico y ganar el partido. Eso al menos creyeron los millones de espectadores que lo vivían intensamente desde todos los rincones del mundo. También los que lo presenciaban en la pista. Todos menos uno, claro. Nadal, el épico.

Dos sets a cero en contra, 3-2 abajo en el tercero con cero-cuarenta en el sexto juego. Game over . 35 años uno y 25 el otro. No había duda. El partido se había acabado. En España, el personal dirigió sus pasos hacia la cocina para disponerse a calentar la comida.

Épico es desmontar las certezas, tanto las derivadas del big data como las que describen esas inercias que ayudan a distinguir al ganador del perdedor sin necesidad de profundos análisis, y reventarlas a golpe de bíceps de volúmenes mitológicos, algunos retumbando como martillos, otros, muchos, suaves y aterciopelados trazando delicadas dejadas para desconcertar a Medvedev, un tenista superlativo, pero, visto lo visto, sensible a la épica cuando esta se manifiesta en mayúsculas.

La transmisión televisiva de Eurosport, ejemplar por didáctica y contenida (lo tentador en estos tiempos es caer en el forofismo chabacano), midió la épica de lo sucedido en Australia con un hecho insólito, nacido de la naturalidad ante lo nunca visto antes en una larga vida: Àlex Corretja dejó de hablar, roto por la emoción.





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