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Europa no es solo la UE, por Juan-José López Burniol

Feb 5, 2022 , , , , ,



Hace tiempo (desde la caída del muro de Berlín) que sostengo entre mis amigos, con muy poco éxito, estas ideas: 1) Europa tiene un núcleo carolingio francoalemán y tres extravagantes: Hispania, Britania y Rusia. 2) Por tanto, Europa no es solo la Unión Europea, pues incluye también a Rusia, del mismo modo como incluye a Gran Bretaña después del Brexit. 3) La relación de Europa con Estados Unidos se debilitará inevitable y progresivamente hasta la extinción de la OTAN. 4) La UE debe tener una relación especial y profunda con Rusia, un país con el que comparte historia, cultura y tradición religiosa; un país al que necesita y que la necesita.

La posición dominante en Occidente ve la Rusia de Putin como una pura continuidad intratable del imperialismo ruso de siempre, cuya última encarnación fue la URSS. Carmen Claudín, conocedora directa, bien informada e inteligente del mundo ruso, ha dicho recientemente en La Vanguardia que “el Kremlin no tiene derecho a declarar las exrepúblicas soviéticas zona de interés vital para Rusia y a dictar su política”, y que “hace tiempo que Putin tenía ganas de poner nervioso a Occidente” y, en el Kremlin, “han decidido hacerlo ahora porque han hecho una evaluación que les ha llevado a la conclusión de gran debilidad del que consideran su enemigo”, es decir, de Occidente. Todo ello, quizá, por razones internas, ya que “la situación es muy mala, aunque el precio del petróleo haya subido”, y “el orgullo de gran potencia les puede”.

La Unión Europea debe negociar con ‘la otra Europa’ que es Rusia

Desde otra perspectiva, la doctora Mangas Martín ha destacado, en un excelente artículo (“Error de la UE con Rusia”), que la UE no supo tender puentes con Rusia, aprovechando la disposición de esta entre los años 1991 y 2008 (que incluyen los dos primeros gobiernos de Putin), cuando el Kremlin aceptó la integración en la OTAN de doce antiguos estados comunistas, pese a que el secretario de Estado norteamericano, James Baker, había asegurado a Gorbachov que la OTAN no avanzaría ni un centímetro en dirección al este. Además, añade, Putin tomó conciencia muy pronto de la doble vara de medir de los occidentales, que permiten al imperio del bien (en la antigua Yugoslavia, Sáhara y Palestina) lo mismo que vetan al antiguo imperio del mal (en Crimea y Ucrania), es decir, infringir el derecho internacional. Todo ello con unas consecuencias fatales, pues, al ser sancionada duramente, Rusia se buscó mercados alternativos a las materias primas embargadas por Bruselas y cayó en los brazos de China. “La torpeza occidental –escribe Mangas– obligó a Rusia, que podría haber sido nuestro asociado en la rivalidad EE.UU.-China, a alinearse directamente en la bipolaridad y hacer negocios masivos con el gigante asiático, en vez de reforzar el flanco de Europa como actor diferenciado”. Y concluye: “La Unión pagará un alto precio por despreciar y empujar a Moscú por un camino que solo nos debilita y fortalece a China”.

Si la UE quiere ser de veras un actor principal del escenario político multipolar, no puede ceder la gestión de sus intereses a EE.UU.

Sin entrar en el tema, sí insisto en que la UE debe negociar con la otra Europa que es Rusia. No puede ser, por ejemplo, que, en el conflicto ucraniano, Rusia y EE.UU. lleven la voz cantante, entre otras razones porque los intereses de EE.UU. no son idénticos a los de Europa. Desde la presidencia de Obama, el escenario internacional preferente de EE.UU. es el Pacífico, y el otro actor principal es China. Europa no es más que un figurante, en riesgo de convertirse en un protectorado norteamericano. Pero, precisamente por ello, cuando el tema por tratar incide directamente en los intereses europeos, el protagonismo ha de ser de la UE. Así, es lógico que el presidente Macron, el canciller Scholz y el primer ministro Draghi quieran acercar posiciones con Rusia. Ellos deberían negociar con Moscú, y no EE.UU.

La conclusión es evidente. Si la UE quiere ser de veras un actor principal del actual escenario político multipolar, no puede ceder la gestión de sus intereses a EE.UU., debe asumir sus responsabilidades (para lo que precisa una política exterior única y un ejército que la respalde), y, last but not least, no puede prescindir de Rusia, que es también parte esencial de Europa.





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