• Vie. Sep 30th, 2022
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“Fue estimulante recrear la adolescencia de los años setenta”



Acaba de ser nominado al Oscar al mejor director y también compite por mejor guion y mejor película aunque talvez se merecería un premio a la mejor promoción en Hollywood para un filme independiente. Durante sus primeras semanas en Los Ángeles, Paul Thomas Anderson logró que cada función de Licorice pizza recordara cómo era el cine en los setenta que tan bien evoca. Con las entradas agotadas y proyecciones en
celuloide, consiguió que fuera un verdadero éxito cada noche, a lo que ciertamente ayudó al presentar muchas veces la película en persona. Con historias propias y prestadas, un elenco repleto de amigos que incluyó a los debutantes Alana Haim y Cooper Hoff­man, pero también a Bradley Cooper y Sean Penn, el director de Pozos­ de ambición, Magnolia y Boogie nights ha vuelto a demostrar por qué es uno de los mejores creadores del cine contempo­ráneo.

Guion muy preciso

“Hace falta mucho esfuerzo para que la película parezca tan relajada”

¿Cómo surgió Licorice pizza ?

Hace unos 20 años estaba dando un paseo por mi barrio en Tarzana, en el Valle de San Fernando. Me acababa de mudar y de pronto pasé delante de una escuela media. Era el día en que se tomaban las fotos y había una larga hilera de estudiantes esperando su turno. Y vi a un muchachito quejándose frente a la chica que trabajaba para la compañía encargada de las fotos, claramente tratando de conseguir su teléfono e incluso una cita con ella. Me pareció que era una idea encantadora para contarla en un largometraje. Me pregunté qué ocurriría si él conseguía su teléfono, y ella, si a pesar de pensar que no era una buena idea, se presentaba a la cita. Digamos que en Licorice pizza hubo una conjunción mágica de tres elementos diferentes: este embrión de una historia, las narraciones mágicas de Gary Goetzman, el socio en la compañía productora de Tom Hanks. Él, que comenzó su carrera como actor cuando era niño, alguna vez me preguntó si me había contado cuando le arrestaron por asesinato. Todos esos episodios por los que pasó en su vida estaban allí para que yo los usara. Y contar con Alana Haim fue el ingrediente final que sumó la energía que hacia falta y que me llevó a ponerme a escribir. Y una vez que empecé, ya no pude parar. Simplemente disfruté muchísimo de todos estos personajes, y además los mezclé con cosas de mi vida y de mi infancia.

¿Diría que fue una filmación más relajada en comparación con sus películas anteriores?

No, en absoluto. Hace falta mucho esfuerzo para que parezca tan relajada. Nuestro guion para Licorice pizza era particularmente preciso para que generara esa sensación en el espectador. No me interesaba que diera la impresión que todo era improvisado, sino que fuera como una pelota que siempre está picando hacia adelante. Y creo que es así porque la película está basada en la forma episódica en la que Gary me contaba sus historias. Todo gira en torno a lo que le pasó a él.

¿Cómo fue recrear su adolescencia en los años setenta?

Fue maravillosamente estimulante para mí y para los integrantes del equipo que tenían más de 50 años. Soy consciente de que tengo una mirada romántica sobre esa etapa de mi vida porque era demasiado joven y tenía cierta inocencia. El error es pensar que eran tiempos mejores.

¿Por qué invitó a Sean Penn para que participara del elenco?

Como cualquier otro director, yo siempre he querido trabajar con Sean Penn. Si me volvía a decir que no, sabía que no iba a preparar una cena para nosotros dos nunca más porque era el papel perfecto. Estuve pensando en él mientras escribía el guion. Necesitaba a alguien con su peso para este papel. Además me encanta cuando se le ve apuesto, con un bonito corte de cabello. Él tiene la estatura de una gran estrella de cine. Y la verdad es que nunca lo ves de esa manera, siempre está salvando gente.





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