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Imponer la lectura, por Jordi Juan

Feb 8, 2022 , , , ,


De forma periódica, los medios vamos publicando los continuos cambios que se producen en el sistema educativo. Que si habrá más o menos horas de filosofía o tecnología, que si se presta más o menos atención a la religión o a la ética, o como se modifican los temarios para incluir nuevos conceptos como la perspectiva de género… Estamos tan acostumbrados a los cambios con tantas leyes educativas seguidas (hemos tenido ocho diferentes en 22 años) que no sería de extrañar que los profesionales docentes acaben no solo mareados, sino también agotados.

Si hacemos caso a lo que ellos dicen, especialmente a los pro­fesores universitarios, encontraremos una opinión bastante
generalizada de que el nivel de los estudiantes empeora con el tiempo. Cada vez llegan peor preparados, con menos cono­cimientos y con muchos menos minutos de lectura. La iniciativa de la última ley de educación, la Lomloe, de imponer 30 minutos de lectura diaria a los alumnos de entre 6 y 16 años, es motivo de aplauso para romper esta tendencia, aunque no nos cansaremos de recordar que cada familia tiene también una responsabilidad fundamental en este proceso de aprendizaje de los pequeños.

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Aula de primero de la ESO del Institut Escola Londres en Barcelona

Ana Jiménez

Como publicamos hoy en nuestra sección de Sociedad, nueve de cada diez niños de 13 años ya disponen de teléfono móvil, con todo lo que ello representa: el aparato ya no sirve únicamente para comunicarse, sino que ofrece un abanico de inmensas posibilidades para atraer la atención del menor. Como dijo el ministro de finanzas francés, Bruno Le Maire, en una intervención que se hizo viral, los niños necesitan mucho más los libros que los teléfonos móviles. “Las pantallas os devoran, los libros os alimentan; las pantallas os vacían, los libros os llenan”, afirmó.

Solo hace falta salir a la calle, ir a un restaurante o utilizar el transporte público para captar la triste realidad: la mayoría de niños y niñas están colgados de la pantalla. Algunos, incluso, han aprendido a manipular los aparatos antes que hablar. Es muy difícil cambiar esta tendencia, pero imponer la lectura, tanto en casa como en la escuela, es un buen camino. Después, de adultos, lo agradecerán.





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