• Lun. Oct 3rd, 2022
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Joe Biden reparte 7.000 millones de reservas de Afganistán entre víctimas del 11-S y oenegés



Joe Biden acaba de abrirse otro frente en el exterior. Casi medio año después de la caótica retirada de tropas de Afganistán, el presidente estadounidense desafía a los talibanes al negarles los 7.000 millones de dólares de las reservas del país ahora congeladas en Estados Unidos y repartir el dinero entre víctimas del 11-S y los afganos más necesitados de ayuda humanitaria.

Los fondos están depositados en entidades financieras de EE.UU. desde que, en agosto, el gobierno afgano se disolvió y tanto su presidente como el gobernador del banco central del país huyeron de allí y dejaron esos 7.000 millones en manos estadounidenses.

 

En vista del vacío de poder y a falta de una institución o gobierno legítimo al que reintegrar el dinero, la Reserva Federal optó por congelar los fondos y mantenerlos bajo su control.

Ahora, a través de una orden ejecutiva de Biden este mismo viernes, el dinero quedará bloqueado en una cuenta de la Reserva Federal en Nueva York. La mitad de los fondos -es decir 3.500 millones-, quedarán sujetos al resultado de las demandas de indemnizaciones formuladas por víctimas estadounidenses de terrorismo, entre las que sobresalen los familiares de los caídos en los atentados del 11 de septiembre del 2001.

La asignación de los 3.500 millones para víctimas del terrorismo depende en última instancia de los tribunales federales

Las decisiones finales sobre la asignación a dichas víctimas y familias de las correspondientes porciones de ese montante  las tomarán los tribunales federales que enjuicien los litigios por ellas emprendidos. La orden presidencial otorga a estos demandantes, eso sí, pleno derecho a que sus reclamaciones sean escuchadas por los jueces.

Para los otros 3.500 millones de dólares, la resolución de Biden establece que pasen a un fideicomiso destinado a financiar, a través de las oenegés autorizadas, las actividades de ayuda humanitaria y otras necesidades perentorias en un Afganistán sumido en la quiebra económica y el derrumbe social.

Nada más anunciarse la arriesgada decisión del presidente, en gran parte inducida por las presiones del Congreso para que dedicara las reservas congeladas a combatir la grave crisis en el país, los talibanes detuvieron por unas horas a dos periodistas extranjeros empleados en la agencia de la ONU para los refugiados, Acnur, y a varios de los trabajadores afganos de la entidad en Kabul.

“Dos periodistas asignados a ACNUR y ciudadanos afganos que trabajan con ellos han sido detenidos en Kabul”, tuiteó la agencia de Naciones Unidas. “Estamos haciendo todo lo posible para resolver la situación, en coordinación con otros”, añadió, con precisión de que no haría más comentarios.

La esposa de uno de los detenidos hizo público su arresto para pedir ayuda, también vía Twitter. 

Se trataba de Andrew North, ex periodista de la BBC: “Andrew estaba en Kabul trabajando para Acnur, tratando de ayudar a la gente de Afganistán. Estamos extremadamente preocupados por su seguridad y llamamos a cualquier persona con influencia para ayudar a asegurar su liberación”, clamó la esposa, la también periodista Natalia Antelava.

El portavoz del gobierno talibán, Zabihullah Mujahid, quien anteriormente se había comprometido a investigar el asunto, afirmó el viernes por la noche que la situación se había resuelto.

“Los extranjeros que se identificaron como parte de una organización internacional fueron detenidos porque no tenían cédulas de identidad, licencias o los documentos necesarios”, dijo, según informó France Press





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