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La consecuencias mundiales de una guerra en Ucrania


Rara vez han dependido tantas cosas en el ámbito del conflicto humano de los caprichos de un solo hombre. ¿Está Vladímir Putin a punto de invadir Ucrania como parece indicar la concentración de tropas rusas ante sus fronteras? ¿O es un farol para obtener concesiones de su vecino y de Occidente? Nadie puede estar seguro de las intenciones de Putin. Da la impresión de que incluso su propio ministro de Asuntos Exteriores las desconoce. Ahora bien, si están a punto de estallar los combates, el mundo debe comprender todo lo que hay en juego.

Puede que el presidente Putin esté planeando una invasión a gran escala en la que las fuerzas rusas se adentren en Ucrania para tomar la capital, Kíev, y derrocar al gobierno. O puede que intente anexionarse más territorio en el este de Ucrania y crear así un corredor que una a Rusia con Crimea, la península ucraniana de la que Putin se apoderó en 2014. Y puede también que quiera una guerra pequeña en la que Rusia «salve» de las supuestas atrocidades ucranianas a los separatistas respaldados por el Kremlin en el Donbás, una región oriental de Ucrania, y logre de paso mermar las fuerzas armadas de Ucrania.

Las intenciones del líder ruso

¿Realmente Putin va a invadir Ucrania? ¿O es un farol para obtener concesiones de Occidente? Da la impresión de ni su propio ministro de Exteriores lo sabe

Como Putin lleva la iniciativa, es fácil concluir que dispone de la ventaja. En realidad, se enfrenta a unas opciones peligrosas. Una guerra grande comporta riesgos extraordinarios. Sin embargo, una guerra más pequeña que limite esos riesgos quizás no logre detener la deriva occidental de Ucrania. Y si una guerra pequeña no consigue la capitulación del gobierno de Kíev, quizás Putin se vea irremediablemente arrastrado a guerra más grande.

Una plena invasión rusa supondría la mayor guerra de Europa desde la década de 1940 y el primer derrocamiento desde entonces de un gobierno europeo elegido de forma democrática por parte de un invasor extranjero. Los rusos no sólo sufrirían bajas (provocadas sobre todo por una insurgencia de larga duración), sino que también causarían la muerte de innumerables ucranianos, que son unos hermanos eslavos con los que muchos tienen lazos familiares.

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Aviadores de cazas americanos aterrizan en una base de Estonia, en el marco de los preparativos de la OTAN ante una escalada bélica en el Este de Europa

US AIR FORCE / Reuters

Además, Rusia sufriría también fuertes sanciones. Sus bancos se verían muy castigados y su economía se vería privada de unos componentes estadounidenses de alta tecnología cruciales. Los ultrarricos, incluido posiblemente el propio Putin, ya no podrían gastar y ahorrar en el extranjero. Los rusos corrientes sufrirían como consecuencia de unos niveles de vida más bajos, unos niveles que llevan ya cayendo siete años.

Y el sometimiento de Ucrania tendría un coste estratégico para Rusia. Todos los países situados en su sombra revisarían sus cálculos de seguridad. La OTAN reforzaría las defensas de sus miembros orientales. Suecia y Finlandia podrían unirse a la alianza.

Una plena invasión supondría la mayor guerra de Europa desde la década de 1940 y el primer derrocamiento desde entonces de un gobierno democrático europeo

Para Putin, las consecuencias económicas de la guerra son asumibles, al menos a corto plazo. Su banco central cuenta con 600.000 millones de dólares en reservas, más que suficientes para hacer frente a las sanciones. Sin embargo, los beneficios políticos en Ucrania podrían verse fácilmente superados por los contratiempos en casa que es, como sabe Putin mejor que nadie, donde se decidirá en última instancia su destino.

De modo que quizás comience con una invasión menos ambiciosa. De todos modos, una guerra limitada podría cobrarse muchas vidas y resultar difícil de contener. Las sanciones serían más leves, pero seguirían siendo dolorosas. La desvinculación de Rusia con Occidente continuaría acelerándose. Además, si el gobierno de Kíev siguiera siendo independiente, no cejaría en sus esfuerzos por unirse a Occidente. El matonismo de Putin durante los últimos ocho años significa que ya ni siquiera los rusohablantes de Ucrania oriental anhelan estrechar lazos con Moscú.

Una invasión con éxito sentaría un  mal precedente: el orden mundial se basa en la norma según la cual los países no trazan las fronteras de otros por la fuerza de las armas

Las próximas semanas determinarán la opción finalmente elegida por Putin, y nadie debería tener dudas acerca de lo que está en juego. Europa se enfrenta a la perspectiva de que Rusia limite el flujo de gas canalizado. Se calcula que gastará un billón de dólares en energía en 2022, el doble que en 2019 (y eso sin tener en cuenta una posible interrupción del suministro). La guerra también afectaría a los precios de otras materias primas. El petróleo ya está subiendo. Rusia es el mayor exportador mundial de trigo, seguido de cerca por Ucrania. También es una gran fuente de metales: en los ajustados mercados actuales, una pequeña sacudida podría disparar los precios de las materias primas.

Una invasión con éxito de Ucrania también sentaría un precedente político desestabilizador. El orden mundial está apuntalado desde hace tiempo por la norma según la cual los países no trazan las fronteras de otros países por la fuerza de las armas. Cuando Irak se apoderó de Kuwait en 1990, fue expulsado por una coalición internacional encabezada por Estados Unidos. Putin, que dispone de un arsenal nuclear, ya se ha salido con la suya en la anexión de Crimea; si se apodera de una porción mayor de Ucrania, es difícil que llegue de repente a la conclusión de que ha llegado el momento de hacer las paces con la OTAN.

El canciller Scholz sacándose el viernes 7 de enero la mascarilla para dar una rueda de prensa en Berlín

Alemania debe dar un paso y asumir el riesgo de las sanciones a Rusia

JOHN MACDOUGALL / AFP

Lo más probable es que, con la ayuda de las tropas recién desplegadas en Bielorrusia, siga poniendo a prueba el pacto de seguridad colectiva de la OTAN según el cual un ataque a un miembro es un ataque a todos. No sólo saboreará la oportunidad de vaciar los compromisos de Estados Unidos con Europa, también se ha vuelto dependiente de la demonización de un enemigo en el exterior para justificar su mano dura en el interior.

Y otros agresores potenciales también tomarán nota. Seguramente aumentaría la probabilidad de que China invada Taiwán. Los regímenes de Irán y Siria llegarían a la conclusión de que son más libres de utilizar la violencia de modo impune. Si la fuerza es la razón, más fronteras del mundo se verán disputadas.

Las potencias occidentales, en especial Alemania, deben presentar un frente unido y dejar claro que están dispuestas a pagar el precio de la imposición de sanciones a Rusia

Con tantas cosas en riesgo, Occidente debe responder de tres maneras: disuadir, seguir hablando y prepararse. Para disuadir a Putin, las potencias occidentales (sobre todo, Alemania) deben dejar de equivocarse, presentar un frente unido y dejar claro que están dispuestas a pagar el precio de la imposición de sanciones a Rusia y también deben apoyar a los ucranianos que estén dispuestos a resistir a un ejército de ocupación. Mientras tanto, los diplomáticos deben seguir hablando, buscando un terreno común sobre control de armas, por ejemplo, y presionando para que se produzca una desescalada lo bastante aceptable para que Putin y sus medios de comunicación cautivos la presenten como quieran y puedan guardar las apariencias. Y Europa debe prepararse para la próxima crisis dejando claro que su transición energética reducirá la dependencia del gas ruso mediante el almacenamiento, la diversificación y la energía nuclear.

Pocas veces ha sido tan marcada la diferencia entre los intereses de un país y los de su dirigente. Rusia se beneficiaría de unas relaciones mejores, más estrechas y pacíficas con Occidente. Tales lazos serían posibles si Putin no se comportara de forma tan detestable. Sólo él se beneficia de la discordia, ya que puede decir a los rusos que están sitiados y que necesitan un hombre fuerte que los defienda. No obstante, incluso el más astuto de los hombres fuertes puede cometer un error de cálculo. La invasión de Ucrania puede suponer la perdición de Putin si se convierte en un lodazal sangriento o si hace que los rusos se vuelvan más pobres, estén más enfadados y con más ganas de cambio. Aunque sólo sea por su propio bien, Putin debe cantar victoria frente a la amenaza imaginaria a la que se enfrenta Rusia en Ucrania y retroceder.

© 2022 The Economist Newspaper Limited. All rights reserved.

De The Economist, traducido para La Vanguardia, publicado bajo licencia. El artículo original, en inglés, puede consultarse en www.economist.com.

Traducción: Juan Gabriel López Guix





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