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La diferencia de edad (y 2), por Llucia Ramis

Ene 1, 1970 , , , ,



Hay dos fórmulas para calcular la diferencia de edad razonable
entre los miembros de una pareja. Una: al mayor se le suman diez años, y la mitad del resultado es el mínimo que debería tener el más joven. Así, el mínimo para alguien de 40 años sería alguien de 25; para alguien de 63, sería de 36. La otra fórmula es sumar siete a la mitad de la edad del mayor (que da 27 y 38 en cada caso).

Sea como sea, estamos más acostumbrados a ver hombres maduros con chicas jóvenes que al revés, hasta el punto de normalizarlo, sin que tenga mucho sentido en una sociedad donde ellas y ellos cuentan supuestamente con la misma capacidad para independizarse. Ni la solidez económica ni la admiración por el maestro seducirían de por sí si no fueran acompañados de un constructo por el que la mujer ideal es la mujer deseable. Y en las fantasías de los creadores de ficción, un feúcho cincuentón puede aspirar a postadolescentes bellísimas y listísimas.

Nos han transmitido que si un maduro sale con una joven es porque puede

No solo hablo de las pelis de Woody Allen, donde el amor es más fuerte que la diferencia generacional, siempre que el mayor sea él. Las actrices se cansan de señalar que, a partir de cierta edad, ya no cuentan con ellas, mientras que ellos siguen interpretando a personajes que viven historias apasionadas con chicas jóvenes. ¿Es un reflejo de la realidad, o la realidad se ampara en el aval de la ficción? ¿Qué pasaría si Nicole Kidman, Emma Thompson o Helen Mirren protagonizaran filmes emparejadas con actores de menos de treinta años? En el caso de Thompson, lo veremos pronto. Al revés lo hemos visto mil veces; en La trampa, por ejemplo, Catherine Zeta-Jones se siente atraída por Sean Connery, que le sacaba casi cuarenta.

Un amigo dice que las mujeres nos hacemos feministas cuando dejamos de ser un bombón. Supongo que la idea está extendida entre quienes creen que, reactivas, somos en cuanto cautivamos (me desean, luego existo). Es lo que nos han transmitido: si un maduro sale con una joven, es porque puede (como quien se permite un buen coche). Si un joven no sale con una madura, es porque no quiere (quién querría algo así). Lo que ellas quieran y puedan hacer es secundario, lo que dificulta un trato de tú a tú. La desigualdad se perpetúa manteniendo modelos rancios. Con un cambio fundamental: cuando lo ves, ya no puedes dejar de verlo.





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