• Mié. Oct 5th, 2022
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La fragmentación amenaza el futuro de la ONU en su Asamblea General



La ONU y su idea fundacional de hacer del mundo un lugar mejor se halla en la unidad internacional de cuidados intensivos y con respiración asistida.

Hace años que se denuncia la disfuncionalidad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de la que hoy empieza la Asamblea General, pero la invasión rusa de Ucrania hace siete meses –el mayor choque bélico en Europa desde la Segunda Guerra Mundial– ha puesto de relieve su incapacidad para resolver conflictos, que es para lo que fue creada.

Pese a las protestas de Moscú, Zelenski intervendrá en vídeo en la primera reunión presencial tras la covid

La política de bloques irreconciliables se recrudece y hasta se constata el pavor por el posible uso de “armas estratégicas”, eufemismo para esconder el miedo que causa que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, en su desesperación, eche mano de la bomba atómica. “Las brechas geoestratégicas son las más amplias desde al menos la guerra fría”, sostiene António Guterres, secretario general de la ONU. “Están paralizando la respuesta global a los dramáticos desafíos que encaramos”, insiste el dirigente portugués.

Esta división se certifica en el Consejo de Seguridad, el órgano decisorio de la organización. El derecho de veto de cinco grandes potencias –tres del bloque capitalista (Estados Unidos, Francia y el Reino Unido) y dos del no capitalista (Rusia y China)– hace inviable cualquier resolución, sea en Ucrania, en Siria o en Palestina.

“Naciones Unidas va más allá del Consejo de Seguridad”, replica Guterres para defenderse de las acusaciones de ineficiencia de la institución. “De lejos, la ONU es el principal proveedor de ayuda humanitaria. Sus agencias están en todas las partes donde hay conflicto o desastres naturales, independientemente de los peligros. Es más necesaria que nunca”, insiste.

Las jornadas de alto nivel de la asamblea, en la que mandatarios de todos los países pronunciarán sus discursos, “la cumbre del bla, bla, bla”, como la llaman algunos, llega en uno de los peores momentos que se recuerdan. Es “la tormenta perfecta”, según definición del propio secretario general, por la guerra, el hambre, la escasez energética y el encarecimiento de precios.

El mundo está confrontado irremediablemente, dividido no solo en bloques ideológicos, sino también por la rampante distancia en lo social y económico entre el norte rico y un sur cada vez más empobrecido por la falta de energía y alimentos, y castigado por el cambio climático, que les obliga a desplazarse y cambiar su estilo de vida. Todo esto conlleva desconfianza hacia la actitud de Occidente. como señala Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea.

Los países del sur temen que el conflicto de Ucrania, y sus consecuencias económicas, sirvan para que los del norte se olviden de los objetivos de la agenda 2030 para el desarrollo sostenible. La falta de ayudas ya ha abocado a algunos a incentivar el uso de combustibles fósiles, que no hacen más que envenenar todavía más el planeta.

Esta es la primera cita general en tres años que se celebra de forma presencial en los cuarteles de la ONU en Nueva York. Sin embargo, mantiene ciertas curiosidades. El presidente de Estados Unidos, como anfitrión, no será el segundo en hablar, después de Brasil, que mantiene el honor de ser siempre el país que abre como sucedió en la primera asamblea. Joe Biden participará el miércoles, tras aterrizar en Washington el lunes, de regreso del funeral de la reina Isabel II en Londres.

Ese mismo día se espera otra excepción. Al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, se le ha concedido la posibilidad de intervenir desde su país a través de vídeo a pesar de las protestas del Kremlin.

Sustituidos por sus ministros de Exteriores, ni Putin ni el mandatario chino Xi Jinping asistirán a una Asamblea General en la que se conjugan tres graves crisis –los efectos del conflicto bélico en Europa, los coletazos de la covid y el impacto creciente del calentamiento global, ya innegable–, que pone a Guterres ante un desafío que tal vez ningún otro secretario general afrontó antes.

“Nuestro mundo está arruinado por la guerra, azotado por el caos climático, marcado por el odio y avergonzado por la pobreza, el hambre y la desigualdad”, diagnosticó.

En todo momento recuerda la firma del pacto del grano que ha permitido exportar cereal de Ucrania, aunque algunos piensan que llegó tarde a ese acuerdo, pero alerta de que algo similar se ha de conseguir con los fertilizantes o la hambruna se extenderá, como ya ha empezado en el cuerno de África, a partir del próximo año.

“El debate general de este año debe dar esperanza y ayudar a superar las divisiones que están impactando al mundo”, suplica Guterres. Lamenta, sin embargo, que la impunidad de la invasión de Ucrania, propiciada desde el Consejo de Seguridad, genere que más países actúen de forma más agresiva, en velada alusión a China y Taiwán.

“La solidaridad prevista en la carta de las Naciones Unidas está siendo devorada por nacionalismos ácidos y el interés propio”, avisa Guterres.





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