• Vie. Oct 7th, 2022
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La otra guerra que Europa está perdiendo, por Lluís Uría


Europa tiene muchos frentes abiertos. No sólo en el Este. La amenaza de Rusia a raíz de la crisis de Ucrania, por su gravedad, ha tapado otros no menos inquietantes. La seguridad de la UE se juega también en el Sur. Y en el Sahel, en esa amplia franja semidesértica al sur del Sáhara donde hoy campa una nebulosa de grupos yihadistas –filiales de Al Qaeda y el Estado Islámico (EI)–, la situación se está deteriorando a marchas forzadas. Hasta el punto de que puede convertirse para Europa en una derrota militar y política en toda regla. Con los rusos también en medio, por cierto…

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Un soldado francés, en un puesto de ametralladora en un helicóptero NH 90 Caiman en Mali 

BENOIT TESSIER / Reuters

El jueves, el Gobierno de Dinamarca anunció su decisión de retirar de Mali una dotación de un centenar de soldados de sus fuerzas especiales integrados en la operación Takuba, una fuerza europea desplegada en el marco de la lucha contra el terrorismo yihadista. El repliegue fue decidido después de que la junta militar que gobierna el país africano desde el golpe de Estado de agosto del 2021 les instara por dos veces a abandonar el país alegando falsamente que su presencia no contaba con el consentimiento de las autoridades. Copenhague ha hablado de “juego sucio”, pero se ha plegado.

La marcha forzosa de los daneses es un golpe bajo –acaso definitivo– a la presencia militar europea en Mali, liderada por Francia, que desde el 2013 ha actuado mal que bien como muro de contención de los grupos islamistas que operan en el norte del país. “No podemos quedarnos en esta situación”, se lamentó el viernes el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Yves Le Drian, mientras su homólogo maliense, Abdoulaye Diop, dijo “no excluir nada” sobre la presencia francesa.

Choque en Mali

La junta militar golpista ha forzado a Dinamarca a retirar a sus soldados, integrados en la fuerza europea Takuba

La crisis amenaza con socavar especialmente la posición de Francia, antigua potencia colonial, en África Occidental (la llamada Françafrique ), donde históricamente ha ejercido un ambiguo papel similar a la tutela, entreverado de intereses políticos y económicos. Y que los últimos golpes militares en Mali, Guinea Conakry y Burkina Faso están erosionando.

Mientras los europeos son empujados hacia la puerta de salida por los militares golpistas, estos se la han abierto a Rusia, que ha puesto un pie en Mali –al igual que en otros países de la zona, como la República Centroafricana– a través de las milicias mercenarias del grupo Wagner, asentadas hoy en la mítica Tombuctú. Una hiriente paradoja, dado que la ciudad había sido reconquistada de manos de los yihadistas por paracaidistas franceses en enero del 2013, para acabar marchándose en junio pasado tras la decisión de Emmanuel Macron de reducir su contingente.

Pero volvamos un poco hacia atrás. Todo empezó en el 2011… La intervención militar francobritánica en Libia en apoyo de una de las primaveras árabes acabó con la caída del régimen del coronel Muamar el Gadafi, pero dejó tras de sí un país fragmentado y en permanente guerra civil. Uno de sus efectos colaterales fue el desplazamiento de grupos armados islamistas hacia las zonas desérticas del sur, donde reforzaron los movimientos rebeldes del norte de Mali. En poco tiempo fueron ganando terreno y acabaron avanzando peligrosamente hacia la capital, Bamako.

Cambio de tornas

En Tombuctú, liberada en el 2013 por paracaidistas franceses, están hoy los mercenarios rusos del grupo Wagner

En enero del 2013, a petición de su homólogo maliense, Dioncounda Traoré, y bajo el paraguas de la ONU, el entonces presidente francés, François Hollande, lanzó una importante intervención militar –la operación Serval–que en pocas semanas frenó y rechazó a los islamistas. Pero la felicidad duró poco. Pronto se vio que Mali iba a convertirse, como Afganistán, en un larga guerra de desgaste.

Han pasado nueve años desde entonces y no se ve el final. A pesar de que Francia mantiene desplegados, en la que después ha devenido la operación Barkhane, unos 4.000 soldados (de los 5.100 que llegó a tener); a pesar de que una decena de países europeos se han sumado a la fuerza de operaciones especiales Takuba (de la que ahora se va a ir Dinamarca a la fuerza) con 800 soldados, y de que otra veintena larga de países, entre ellos España, han asumido a través del programa EUTM la formación y entrenamiento del ejército maliense –con más de 500 militares–; a pesar de que, en fin, la ONU contribuye con 14.000 cascos azules a la estabilización del país, la amenaza no ha disminuido. Al contrario, se ha extendido.

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Manifestación antifrancesa en Mali el 14 de enero pasado 

PAUL LORGERIE / Reuters

Los grupos yihadistas del norte de Mali, crecidos con los combatientes desplazados desde Siria e Irak tras la derrota del Estado Islámico, ya no amenazan sólo a este país, sino también a las regiones fronterizas de Burkina Fasso y Níger. Y los franceses, antaño vitoreados como liberadores, hoy son repudiados por las multitudes, desesperadas ante la impotencia para frenar tantas matanzas: a finales de noviembre, un convoy militar francés que viajaba de Costa de Marfil a Mali fue hostigado por turbas de ciudadanos a su paso por Níger y Burkina Fasso a gritos de “¡Abajo Francia!”.

La ofensiva de la junta militar maliense contra la fuerza Takuba –desplegada en el 2020 a iniciativa de París– es un ataque al corazón de lo que Francia veía como embrión de una fuerza de intervención militar europea. Tras esta maniobra la ministra francesa de Defensa, Florence Parly, ve la mano de Moscú: “En África, como en Europa, Rusia privilegia una estrategia de intimidación, opta por la confrontación enmascarada, que es un factor de desestabilización”. La presencia de Wagner en Mali, con varios centenares de combatientes, ha empezado a sembrar en Bruselas y otras capitales la duda sobre si continuar en el país. En Ucrania quizá no, pero aquí los rusos parecen tener las de ganar. En algunos lugares, la bandera tricolor francesa ha sido ya puesta en horizontal…





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