• Mié. Oct 5th, 2022
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La UE aceptará ayudas de Estado para producir chips


Cae un tabú en Bruselas. La Comisión Europea cerrará un ojo y, en contra de sus principios habituales, aceptará la financiación pública de los estados miembros para que contribuyan a implementar la producción europea de semiconductores.

Bruselas presentó este martes su propuesta: entre dinero público y privado, pretende movilizar unos 42.000 millones de euros de aquí al 2030 para que el 20% de los chips mundiales se fabriquen en Europa. Para esa fecha, la producción mundial de semiconductores se habrá duplicado, con lo que será necesario, en palabras de Ursula von der Leyen, “cuadruplicar los esfuerzos”.

Según lo previsto, de las arcas públicas pueden llegar entre distintos canales unos 30.000 millones o más. La Comisión es consciente de que hace una excepción a sus dogmas, que exigen que los estados no intervengan en la economía para no distorsionar la competencia. De hecho, son numerosas las actuaciones y multas llevadas a cabo estos años por Bruselas en distintos sectores por estas razones.

Perspectivas

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Pero, en este caso, “vistas las considerables barreras de entrada y la intensidad en capital en el sector”, se recurrirá a una cláusula prevista en los tratados, según los cuales las ayudas públicas son necesarias cuando se precisan para “incitar” un proyecto pionero, siempre que sean apropiadas, proporcionales, que no sean a costa de las iniciativas privadas y que no excedan el 100% de la financiación requerida. En el caso de los semiconductores, según la Comisión, se dan todas estas condiciones, con lo que “los efectos positivos son superiores a los negativos”.

Para Europa, esta estrategia supone volver atrás sobre sus pasos. En 1990 un quinta parte de los semiconductores se producían en el Viejo Continente. Pero en la actualidad la cuota ha bajado a tan solo el 9%. La deslocalización a Asia por razones de costes en las últimas décadas ha demostrado con el tiempo ser contraproducente. La Comisión alerta de que si no se interviene a tiempo con más inversiones este porcentaje puede caer por debajo del 5%.


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Debido a las carencias de suministros y la dependencia del extranjero, la economía europea ha sufrido en sus carnes los problemas de aprovisionamiento. Solo en el 2021 se dejaron de fabricar 11 millones de vehículos por falta de chips, lo que supone un recorte de un tercio de la producción. Algunos países han vuelto a las cifras de 1975.

“En caso de perturbación de la cadena de suministro mundial, las reservas europeas de estos componentes pueden agotarse en el plazo de algunas semanas, lo que llevaría a la parálisis de numerosas empresas europeas”, reconocen desde Bruselas. “La penuria actual no debería acabar antes del 2023 o incluso el 2024”, advierten.


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Los semiconductores son piezas clave de la cuarta revolución industrial: desde el internet de las cosas a la red 5G y los superordenadores, pero también de componentes esenciales como aparatos médicos o tarjetas de crédito. “Están en el centro de intereses geopolíticos fuertes que condicionan la capacidad de los países para actuar desde un punto de vista militar, económico e industrial”, se lee en la documentación presentada.

Ya trabajan en los semiconductores 450.000 europeos. Pero mucha de esta producción es anticuada y no entra en los tamaños y características de última generación. El objetivo de la Comisión con este nuevo reglamento es atraer capitales y talentos para elevar la fabricación. Se trata de crear riqueza, empleo y recuperar algo de soberanía económica. No hay tabú que valga.





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