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Las vacunas disparan el beneficio del sector farmacéutico


Salvan vidas humanas y al mismo tiempo mejoran la salud financiera de las grandes farmacéuticas. Todavía no hay estimaciones oficiales sobre el ejercicio 2021, pero las cinco empresas que fabrican las vacunas más exitosas contra la covid cerrarán el año con unas ganancias de 45.000 millones de euros, de acuerdo con los datos recogidos por Statista el pasado mes de noviembre.

Pfizer, Biontech y Moderna obtienen gracias a las vacunas cerca de 1.000 euros de beneficios cada segundo o 65.000 cada minuto, según los cálculos de Oxfam a finales del año pasado. “Su modelo de negocio, que consiste en recibir miles de millones en inversiones públicas, cargar precios exorbitantes para medicamentos esenciales y pagar pocos impuestos, es oro para inversores y ejecutivos, pero devastador para la sanidad pública”, se quejaba Robbie Silverman, directivo de esta organización.

Albert Bourla, consejero delegado de Pfizer, una firma que en el arco de los últimos doce meses ha registrado un aumento de los beneficios del 150%, hasta 17.000 millones de euros, admitía que “está claro que nuestra compañía ahora es diferente. Nunca llegamos a pensar, hace tres años, que llegaríamos aquí. El año que viene seguiremos creciendo, en un mundo que sigue cambiando, y esto nos crea muchas preguntas: ¿cómo vamos a invertir este enorme monto de bendito capital que tenemos ahora mismo?”.

Las cifras del negocio covid

 

11.200 millones de dosis de vacunas se han producido en el 2021 por las farmacéuticas; este año el número podría llegar a duplicarse

 

45.000 millones de dólares son los beneficios que podrían obtener en el ejercicio 2021 las empresas involucradas en la fabricación de la vacuna

 

El 7% de rentabilidad es el retorno de las inversiones en I+D del sector salud en el 2021, según los cálculos de Deloitte

En bolsa, las compañías del sector han escalado hacia lo impensable y están todas en sus máximos históricos. Pfizer ya supera los 260.000 millones de euros en capitalización; las acciones de Moderna antes de la pandemia valían veinte dólares, ahora están en 174; los títulos de AstraZeneca se han revalorizado un 100% respecto a lo que valían hace cinco años, mientras que Biontech se ha apreciado desde la llegada de la covid casi un 1.000%.

¿De verdad las farmacéuticas se están lucrando con las vacunas? Hacer un diagnóstico suele ser difícil, y en este sector, aún más. Si se examina la producción, poco se les puede reprochar. No hay carencias de estos compuestos. Antes de la covid, el mercado de las vacunas se situaba en menos de 5.000 millones de dosis anuales. De acuerdo con las estimaciones más prudentes, solo contra el coronavirus ahora ya hay disponibles más de 11.000 millones, lo que cubre la población mundial.

A finales de este año, se podría llegar a 20.000 o más, lo que significa haber triplicado el tamaño del mercado habitual. Esto se ha conseguido pese al fracaso registrado por otras compañías. En Europa solo hay cinco vacunas contra la covid aprobadas de un total de 299 ensayos y desarrollos diferentes alrededor del mundo.

Evolución de las ganancias del sector

Salvo AstraZeneca, los resultados van al alza

Pero ¿a qué precio se ha conseguido este éxito? Estos varían muchísimo, desde 4 hasta 37 dólares, según el tipo de inmunización. Una investigación del Imperial College citada por la organización Public Citizen antes del verano afirmaba que el coste promedio de la producción masiva de las vacunas de Pfizer y Moderna era muy bajo, al oscilar entre 1,18 y 2,85 dólares por dosis, cuando su precio de venta puede llegar a ser diez veces más elevado.

Sin embargo, aparte de la dificultad de cuantificar el coste de los ensayos que no llegaron a buen fin, el sector considera que los precios de las vacunas son “razonables”. “Si se piensa en el coste de las mascarillas FFP2 o de los tests de antígenos que han tenido que sostener muchas familias, me parece un precio asumible”, dice Pedro Luis Sánchez, director del departamento de estudios de Farmaindustria.

También hay que considerar el impacto del volumen. “Las ganancias de las farmacéuticas y laboratorios se han producido no solo por una cuestión de precios –que, por cierto, son inferiores a los de otras vacunas en el mercado– sino porque los destinatarios son una población a gran escala ”, indica Silvia Ondategui, socia responsable del sector life science de EY.


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A medical technician labels samples from different testing centers inside a lab for processing Covid-19 RT-PCR tests in Marikina City, Metro Manila, the Philippines, on Friday, Jan. 21, 2022. The Philippines has one of Asia’s lowest vaccination rates, with only about half of its population receiving two shots, according to the Bloomberg Vaccine Tracker. Its limited and costly testing apparatus, fragmented tracing program and fragile health system have made it hard to stamp out outbreaks despite several economically devastating lockdowns. Photographer: Veejay Villafranca/Bloomberg


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En cuanto a la distribución, sí que hubiera podido ser mejorable. Solo el 60% de la población mundial tiene al menos una dosis. ¿Pero es esto imputable a las farmacéuticas? Hay que considerar que parte de la ayuda pública para las vacunas les llegó mediante un mecanismo de compra adelantada por parte de los estados (en el caso de Europa). Un acto de fe de los poderes públicos, que invirtieron en ellas a la espera de que los ensayos clínicos dieran sus frutos. De ahí que las primeras dosis, una vez aprobadas, fueran entregadas a aquellos estados que habían invertido primero, es decir, los más ricos.

A partir de ahí, ya hay decenas de acuerdos entre gobiernos y compañías farmacéuticas para producir vacunas en los países emergentes. “Las empresas están sudando la gota gorda para conseguir acuerdos con fábricas en países en vías de desarrollo”, recuerda Ondategui.

Aun así, las economías emergentes insisten en la necesidad de flexibilizar el mecanismo de las patentes para mejorar el acceso a las vacunas. Pero la industria no lo ve de la misma manera. “No tiene sentido quitar los derechos de las patentes para producir más, porque ya se produce mucho. El problema es que en muchos de estos países no hay centros de salud ni hospitales adecuados para su implementación”, señala Sánchez.

El tirón del negocio se ha reflejado en las cotizaciones

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Desde Farmaindustria reivindican la necesidad de recuperar, con un precio por encima del coste de producción, las ingentes inversiones en investigación, y también hacen notar que pese a los veinte años de exclusividad comercial que proporciona el derecho de propiedad industrial, en la práctica, teniendo en cuenta el tiempo que transcurre entre la presentación de una solicitud y la autorización para la comercialización del fármaco, el periodo protegido es mucho menor.

Además, al ser público el contenido del invento, tampoco es correcto, según la industria, hablar de monopolio, ya que otras empresas del sector pueden tener acceso al material para inspirarse en investigaciones paralelas que luego incrementan la competencia en lugar de reducirla, con lo que la patente acaba generando externalidades positivas, porque anima a las compañías a seguir invirtiendo.

“Más allá de las polémicas, la foto global es que el beneficio económico social representado por la vacuna supera con creces el coste de la vacuna misma. Por primera vez en la historia de la humanidad, hemos conseguido en menos de dos años casi una decena de compuestos aprobados en el mundo. Y para esto ha sido fundamental la colaboración de todo el ecosistema”, subraya Ion Arocena, director general de la patronal Asebio (Asociación Española de Bioempresas).

El año dorado de la industria

 

Pfizer: Es la compañía que ha ganado en términos absolutos más dinero al ser su vacuna la más vendida.

 

Johnson & Johnson: El fabricante de Janssen es un gigante con negocios en múltiples áreas y es, entre las firmas involucradas con la covid, la que tiene mayor capitalización bursátil y la que más ayuda pública ha recibido.

 

AstraZeneca: Esta firma ha elegido comercializar su vacuna –desarrollada junto a la Universidad de Oxford–, que despertó polémica por sus efectos secundarios, al precio más bajo de todos, cerca de los cinco euros.

 

Moderna: Desde start-up en el sector salud y ciencia de la vida, este laboratorio ha conseguido generar beneficios gracias a su vacuna contra la covid, que es la que garantiza mayor inmunización.

 

Biontech: Este laboratorio floreció desde el punto de vista económico tras la vacuna desarrollada junto a Pfizer.

Tal vez uno de los aspectos más novedosos a nivel estratégico y empresarial con la covid ha sido el creciente papel de los laboratorios, como Moderna o Biontech, que antes de la pandemia apenas contaban con beneficios y que han visto de repente números negros en sus balances. “Las firmas de biotecnología han aportado la técnica del ARN mensajero, las farmacéuticas, su capacidad productiva y su experiencia en el campo regulatorio. Asimismo, la ayuda pública con compras previas ha sido fundamental en la fase inicial de la investigación, porque así ha permitido a las firmas del sector atraer más inversión privada para financiarse al reducir del riesgo en su negocio. En este sentido, creo que la pandemia marca un antes y un después. La tecnología del ARN mensajero se puede convertir en un paradigma para el tratamiento de futuras enfermedades infecciosas”, expone Arocena.

Y, en efecto, de cara al futuro un reciente informe de la consultora Deloitte (Nurturing growth: measuring the return from pharmaceutical innovation 2021) aporta cifras esperanzadoras para las empresas de la salud: hay más rentabilidad, tiempos más rápidos y menores costes. El retorno de las inversiones en I+D en el 2021 ha subido al 7% desde el 2,7%, el mayor incremento anual desde el año 2010. El coste promedio para desarrollar un nuevo medicamento ha bajado, desde un promedio de 2.200 millones de euros hasta 1.700 millones. Y, por primera vez desde el año 2016, la duración del ciclo medio para que el medicamento vea la luz ha bajado, hasta los 6,9 años, comparados con los 7,14 del año 2020.

Balance

«El beneficio global de las vacunas es superior a su coste de fabricación», según Ion Arocena, de la asociación de bioempresas

“Son las primeras señales de un punto de inflexión después de una década de declive de la productividad. El proceso de desarrollo de la vacuna contra la covid puede servir como huella para que la industria planifique y ejecute de forma más eficiente sus inversiones en I+D”, sostiene el estudio.

“Dudo que los procesos se vayan a acelerar mucho más, porque están sujetos a normativas establecidas. La complejidad de la investigación y el acceso a la financiación son retos que siguen ahí y que continúan afectando al grueso de las firmas del sector, que ni participaron ni lograron entrar en el mercado de la vacuna de la covid”, objeta Ondategui, de EY.

“No obstante –añade–, la pandemia ha demostrado que la sinergia entre biomédicas y farmacéuticas y financiación pública es un win win. ¿Si yo invertiría en el sector de la salud en los próximos años? ¡Sí, con los ojos cerrados!”.


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