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Las viejas glorias “tories” arremeten contra Johnson por las fiestas ilegales



A lo largo de su vida y de su carrera política, mucha gente se ha creído que podía hacer cambiar a Boris Johnson: mujeres, novias, amigos, colegas, directores de los periódicos para los que ha trabajado como corresponsal en Bruselas, funcionarios, diputados, opinadores, miembros de su staff… Y todos han fracasado, empezando por sus padres, que ya vieron en él una gran inteligencia, pero también un considerable potencial para descarrilarse.

Tampoco van a conseguir que cambie los ex primeros ministros británicos John Major y Theresa May, hoy en día lejos del poder y elevados a la categoría de viejas glorias conservadoras, por mucho que lo critiquen. El primero lanzó ayer un ataque demoledor en un discurso para el think tank “Institute for Government”, acusándole de socavar la confianza de los británicos en sus instituciones democráticas y el prestigio internacional del Reino Unido.

“Johnson ha incumplido las leyes, engañado a la gente y realizado afirmaciones increíbles (como que las fiestas de Downing Street eran “eventos de trabajo” o no sabía que se habían celebrado) -dijo Major, que sucedió a Margaret Thatcher en 1990 al frente del Partido Conservador-, y la consecuencia es que un gobierno puede funcionar debidamente si todas sus palabras suscitan sospecha”.

Las acusaciones del ex premier sentaron fatal al actual titular de Downing Street, que en el momento de la intervención estaba en Bruselas para tratar de la crisis de Ucrania con los demás miembros de la OTAN. “No son ciertas, y es fácilmente demostrable”, comentó horas después en una entrevista televisiva, resaltando sus esfuerzos para disuadir a Rusia de una invasión (como si una cosa tuviera algo que ver con la otra).

El primer ministro afirma que no dimitirá aunque la policía le imponga una multa por el “partygate”

Boris Johnson no siente ninguna simpatía por Major, muy escéptico sobre el Brexit y que ha compartido tribunas con el laborista Tony Blair para advertir del peligro que una salida sin acuerdo significaba para la paz en Irlanda del Norte. El ex líder tory presidió la decadencia de los conservadores tras el apogeo de la era Thatcher, bajo sus auspicios salío la libra esterlina del sistema monetario europeo en el llamado miércoles negro , y en general es una figura más respetada desde que abandonó la política que cuando estaba en activo.

“La reputación del Reino Unido en el mundo ha caído como consecuencia de nuestra propia conducta”, señaló Major, refiriéndose al intento fallido de Johnson de disolver el Parlamento (abortado in extremis por los jueces), las repetidas amenazas de incumplir las obligaciones internacionales sobre el Ulster que forman parte de los acuerdos de salida del Brexit, y el circo del partygate .

Un poco más sutil, pero también muy dura, ha sido la predecesora inmediata de Johnson, Theresa May, dado que todavía es diputada y se debe a la disciplina de partido. Pero en una intervención la semana pasada preguntó si “el primer ministro no había leído las normas que él mismo había impuesto, o no las entendía, o creía que no eran aplicables a Downing Street”. Su sucesor le pidió que esperara a la conclusión de la investigación de Scotland Yard, que a finales de esta semana empezará a enviar cuestionarios a medio centenar de personas implicadas en el escándalo de las fiestas para que ofrezcan su versión de los hechos.

May perdió el puesto como consecuencia de las intrigas de Johnson, que ridiculizó el acuerdo que había suscrito con Bruselas, aunque luego tuvo que asumir la mayor parte del mismo porque no había otra alternativa. La diputada por Maidenhead, que ha esperado pacientemente para su venganza y no la ha realizado con especial saña, piensa probablemente, en respuesta a su propia pregunta, que el actual líder no entendía las restricciones de la pandemia que impuso, como tampoco comprendió los detalles de los acuerdos del Brexit, ni hizo ningún esfuerzo al respecto.

Theresa May dice que “o bien no se había leído las reglas, o no las entendía o creía que no iban con él”

Johnson insistió ayer en que no piensa presentar la dimisión ni aunque Scotland Yard le multe con 225 euros por incumplir las restricciones de la pandemia, y continúa con una actividad desenfrenada (viajes a Ucrania, Polonia y Bruselas, remodelación ministerial, anuncios políticos…) para intentar hacer cambiar el ciclo informativo. Pero los mismos atributos por los que obtuvo la mayoría absoluta -ingenio, carácter subversivo, comportamiento caótico, una vida privada propia de culebrón, el uso constante de metáforas, el desafío a las reglas establecidas- han dejado de hacer gracia y se le han vuelto en contra.

Racismo y sexismo

Dimite la jefa de Scotland Yard por los últimos escándalos

La comisaria jefa de la Policía Metropolitana de Londres (Scotland Yard), Cressida Dick, presentó ayer su dimisión tras haberse aireado en los últimos días casos de racismo, sexismo y homofobia entre sus agentes. Tras reunirse con el alcalde de Londres, Sadiq Khan, Dick dijo en un comunicado que ya no cuenta con la “confianza” del alcalde.





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