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Los abogados del príncipe Andrés culpan a la mujer que le acusa


Virginia Giuffre huyó lo más lejos posible de las garras del millonario y pedófilo Jeffrey Epstein. Se instaló en una pequeña ciudad de Australia.

Tenía 27 años, tres hijos y en el 2011 seguía en pleno proceso de superar aquellos horrores sufridos una década atrás, siendo menor de edad, cuando una fotografía en la prensa descorchó la botella en la que había contenido sus sentimientos. Sus angustias afloraron al ver a Epstein y al príncipe Andrés de Inglaterra en un parque.

A Virginia Giuffre, que era menor, la reclutó Ghislaine Maxwell en el spa de Mar-a-Lago, el club de Trump

Recuperó de pronto su imagen de adolescente, trabajando a nueve dólares la hora en el spa de Mar-a-Lago (Florida), mansión y club de Donald Trump. Ahí la reclutó en 2001 como “esclava sexual” Ghislaine Maxwell, recientemente hallada culpable en Manhattan como conseguidora de niñas para su amigo, el rico financiero.

Ese es el origen de una pesadilla que llevó a Giuffre a prestar “servicios” a Epstein y a sus amigos, incluido presuntamente el duque de York en tres ocasiones. Como prueba de esa relación facilitó una foto en la que el tercer hijo de la reina Isabel II mantiene su mano en la cintura de Giuffre, junto a Maxwell. ¿El autor?: Epstein.


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Nueva York ha sido escenarios de sumarios con acusados de mucho perfil. Pero que el banquillo lo ocupe un representante de la realeza británica marcará un hito en la historia de la ciudad. El asunto por la vía civil sigue adelante. Los abogados de Andrés de York sorprendieron esta semana con el contenido de sus alegaciones. En un documento de once páginas, los letrados rechazaron que fuera parte de la conspiración del financiero crápula, que se suicidó en agosto de 2019 en una cárcel de Nueva York, ni que el desaparecido traficara con menores para Andrés. Reclamaron que las imputaciones, que las niegan, se vean ante un jurado.

Lisa Bloom, que representa a varias víctimas de Epstein y Maxwell, consideró que esa petición es una estrategia de relaciones públicas. Según su versión, carece de sentido puesto que es un derecho constitucional de Giuffre disponer de un jurado si lo solicita.


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Todavía causó más sorpresa los razonamientos que los defensores citaron para que la demanda civil sea desestimada.

“Asumiendo, sin admitir nada”, recalcaron sus abogados, el daño que sufrió Giuffre habría que “atribuirlo a otros, no al duque de York”. Usando ese mismo inicio, matizaron que las afirmaciones sobre perjuicios “están prohibidas por la doctrina del consentimiento”. Es decir, la culpa es de ella. La reputación de Giuffre corre peligro si el asunto llega al tribunal.

Andrés, que niega ser amigo íntimo de Epstein y Maxwell, había caído en un pozo de desprestigio. Que se confirmara el juicio hace un par de semanas llevó al palacio de Buckingham a retirarle los títulos militares y sus patrocinios reales. Ahora ha tocado fondo. Expertos legales calificaron de “cruel e inapropiado” acusar a Giuffre, entonces menor de edad, de ser la respon­sable de los abusos y exonerar a adultos de efecto deslumbrante en adolescentes.

Como consideró Nicholas Witchell, corresponsal de la casa real británica en la BBC, “uno tiene que preguntarse como jugará ese argumento frente a un jurado de Nueva York un príncipe británico intentando culpar a Virginia Giuffre”.





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