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Los vendidos de la izquierda, por Lola García

Ene 1, 1970 , , , , ,


La izquierda, en especial la que se apellida radical, suele enfrentarse siempre al mismo dilema. Cuando alcanza por fin el gobierno, bascula entre los principios y la práctica, tratando de compensar uno y otra . Le ocurre, por ejemplo, a Unidas Podemos o a ERC.

Cuando se está en la oposición, todo resulta más fácil. Incluso Pedro Sánchez supo vestirse de radical cuando no gobernaba. Aspiraba a ganar las primarias en el PSOE y, para ello, arremetía contra los poderes mediáticos, económicos y contra su partido. Eran tiempos de crisis financiera y hundimiento de la socialdemocracia. Ya en la Moncloa, Sánchez ha dado muestras de ser un líder abrazado al pragmatismo.

Para Sánchez, lo que cuenta es salvar el pacto social; no se trata de dar un giro de la legislatura hacia Cs

Unidas Podemos ejerce el papel de Pepito Grillo del Gobierno progresista. Pero Yolanda Díaz,no le hace ascos al pragmatismo. Tras reaccionar a la crisis en Ucrania con el “no a la guerra”, UP ya marca distancias con Rusia y asume la posición gubernamental sin aspavientos. Asimismo, de la derogación de la reforma laboral se acabó en una modificación prudente acordada entre patronal y sindicatos, consenso que se antoja una preciosa rareza. Nadie en el conglomerado de UP se ha rasgado las vestiduras por las renuncias. Díaz ha puesto por delante avanzar por consenso a quedarnos como estábamos.

Los recelos del PNV pueden desvanecerse con otras concesiones, en línea con el utilitarismo que dominan los nacionalistas vascos. En cambio, ERC se mantiene en el no, lo que ha desatado las especulaciones sobre un giro de alianzas en la legislatura. Algunos de los partidos que apoyan a Sánchez se sienten ninguneados y vislumbran un acercamiento del PSOE a Ciudadanos con la reforma laboral, la l ey mordaza o la de memoria democrática.

Reunión del presidente del gobierno, Pedro Sánchez, y de la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, con el equipo económico del gobierno sobre reforma laboral, este lunes en la sede del PSOE en la calle Ferraz, en Madrid.

Pedro Sánchez, en una reunión en la sede del PSOE, en Ferraz.

Dani Duch

Sánchez y Díaz han conversado sobre el asunto y la prioridad de ambos es aprobar la reforma laboral con la mayoría de la legislatura. Con ERC se está negociando y se le intentará convencer con otras compensaciones para preservar el pacto social. Es cierto que, para Sánchez, lo importante es salvar el acuerdo entre patronal y sindicatos. Con quién lo apruebe en el Congreso, es secundario. De nuevo, el pragmatismo. Pero eso no significa que busque un viraje en las alianzas. En la Moncloa son conscientes de que el bloque de izquierdas y periférico actual es, más o menos, el único sostén viable para esta legislatura o incluso para la siguiente.

Tanto Sánchez como Díaz esperan que ERC ceda al argumento de que esta reforma laboral es mejor que la del PP, pero un sector de los republicanos considera que es venderse a la patronal. La conjugación de los principios, la acción y los comportamientos cotidianos es una de las tareas más complicadas para la izquierda que viene de la agitación o del activismo. Cuanta más utopía han prometido, mayor es el miedo a que se les acuse de amansarse en el poder. Aparecer como unos vendidos al establishment causa pavor.

ERC sufre la contradicción entre principios y práctica por partida doble: por la independencia y por la izquierda

El PSOE no sufre ese trastorno salvo cuando se trata de la unidad de España. En ese momento, los socialistas se acoquinan ante el reproche de vendepatrias. Pero en ERC pesa mucho el qué dirán. Y más desde que presiden la Generalitat. La contradicción aprieta por dos lados: el independentista y el de la izquierda.

ERC ha reorientado la unilateralidad hacia una mesa de diálogo, pero sabe que tiene un horizonte temporal es limitado y está bajo sospecha. Difícilmente ese foro va a dar algún resultado antes de las elecciones generales a no ser que ERC acepte discutir propuestas para profundizar en el autogobierno, no más allá. Eso implica admitir que la independencia no es un escenario a corto plazo. Y en el plano ideológico, a ERC le pesan las contradicciones entre los principios y la práctica no sólo con la reforma laboral. También con los Juegos Olímpicos de invierno, la energía eólica, la ampliación de El Prat o todo asunto que suscite protestas del activismo de izquierdas.

La única forma de transitar por ese equilibrio entre principios y acción sería confiar en la madurez de los electores y ser sinceros sobre lo que se busca a largo plazo y lo que es factible con los recursos disponibles, sean políticos o materiales. Pero eso aún es más difícil.

La fecha de la mesa de diálogo

Primero juntos, luego con Catalunya

Las elecciones de Castilla y León no son el único motivo por el que se ha retrasado la reunión pública de la mesa de diálogo sobre el conflicto catalán. La principal razón de fondo es la falta de contenido viable, pero también que Pedro Sánchez quiere evitar que esa reunión se celebre antes que la conferencia de presidentes pendiente en La Palma.Conjugarlo todo no es fácil. A los presidentes autonómicos les disgusta que haya un foro bilateral solo con Catalunya y así se lo hacen llegar a la Moncloa. Sánchez intenta que Pere Aragonès acuda a esa conferencia y le recuerda que él estuvo en Barcelona cuando se lo pidió. Pero Aragonès no quiere ir a un foro multilateral. Así que primero será la cita de La Palma y luego la de Barcelona.

Las expectativas de la Moncloa

El PSOE después de las elecciones en Castilla y León

Lo ocurrido en las elecciones de Madrid dejó muy impactado a Pedro Sánchez. Desde entonces, el presidente se ha volcado en el PSOE y considera que su liderazgo debe apoyarse en un partido fuerte si quiere revalidar el mandato. Pero así como las elecciones madrileñas fueron un desastre para los socialistas, en la Moncloa no esperan que ocurra lo mismo en Castilla y León. Ya asumen que no van a ganar, pero sí creen que es posible que al PP le salga el tiro por la culata y que pase de gobernar con Ciudadanos a hacerlo con Vox o incluso a tener que apoyarse en los dos. Eso ya permitiría al PSOE construir un relato a posteriori que contrarreste el de la victoria del PP, que Casado prevé como espoleta de un cambio de ciclo.





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