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Los votos perdidos por culpa de nadie

Feb 5, 2022 , , , , ,


Todo adolescente aprende a dar portazos para delimitar la raya roja de su inminente soberanía como adulto, a modular la fuerza del brazo para hacer ruido y a la vez evitar el exceso. El rostro de los portavoces de ERC, PNV y Bildu el miércoles cuando, por error, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, cantó la derogación de la reforma laboral, era el de un púber de bigote incipiente que, midiendo mal su novísimo bíceps, cerró la puerta con tal ímpetu que se cayó la alacena del salón con la vajilla de la abuela y la cristalería buena. El Gobierno estuvo en un tris de irse al carajo y con él, la legislatura. Y desde luego, la intención no era esa.

Sin embargo, la reforma laboral estuvo cerca de aprobarse con mucho margen, con 19 votos más, los 13 de ERC y los 6 del PNV. Ayer, aún recuperándose del susto de haber bailado al borde del precipicio, los tres aliados de la investidura que votaron no (ERC, PNV y Bildu), echaban agua al incendio y trataban de serenar los ánimos. La moviola señala errores de bulto, tanto en el cálculo como en la táctica, y nadie quiere aparecer como el ludópata que se jugó la estabilidad del país a la ruleta rusa. 

Los votos perdidos por culpa de nadie
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LV_Sobresalto del Gobierno en la votación de la reforma laboral


Diputados del PP compartían ayer mesa y mantel con los de UPN, alimentando sospechas de un ‘tamayazo’ fallido

Y al margen del papel del ministro de presidencia, Félix Bolaños –que salió gallardamente a asumir su grueso error con UPN–, la atención se fijó en las últimas horas de la negociación que Trabajo desplegó con Esquerra y PNV. Sobre el diálogo con el nacionalismo vasco, las versiones de todas las fuentes –cosa rara en política– coinciden: el Gobierno estaba dispuesto a blindar la preeminencia de la negociación sectorial autonómica, aunque no fuera en el texto de la reforma laboral. 

Pero este acuerdo, suscrito por todas las partes, era insuficiente: si Ciudadanos cumplía su palabra, sumar los seis escaños del PNV suponía renunciar a los nueve de Ciudadanos –el décimo diputado está en el grupo mixto y votó en contra–, de modo que el apoyo de grupo vasco solo interesaba en la medida en que viniera acompañado del desbloqueo con el grupo republicano. Al menos, una abstención. Se valoró que el PNV apoyara sin anunciar su voto para no alertar a los naranjas, pero los jeltzales se negaron esa treta que luego hizo UPN. Las derechas vasca y navarra se parecen lo que un huevo a una castaña.

La doble confirmación del voto telemático

El error del diputado del PP Alberto Casero que permitió la convalidación de la reforma laboral ha puesto el foco en cómo se ejerce y comprueba el voto telemático. Antes de la covid, era una modalidad poco usada reservada a casos de embarazo, maternidad o enfermedad. Por ello, la confirmación del voto y de su sentido una vez emitido se hacía telefónicamente por parte de la Presidencia de la Cámara, según una resolución del 2011 que, tras la votación del jueves, esgrimieron diputados del PP y Vox para acusar a la presidenta Batet de no hacer la llamada. Sin embargo, la pandemia lo cambió todo y la comprobación telefónica dejó de tener sentido, explican fuentes parlamentarias, por lo que en marzo del 2020 se implementó un nuevo sistema de doble check automático. El diputado entra en él por la intranet del Congreso con unas claves propias y este ofrece el enunciado de la votación y tres posibles respuestas: sí, (color verde), no (rojo) y abstención (amarillo). Una vez seleccionada la opción el sistema pide que esta se confirme con un sí o un no, tras lo cual se genera un comprobante. Una vez confirmado, el voto no se puede cambiar, ni tampoco la modalidad de votación.

Y aquí es donde las versiones difieren. Fuentes de Esquerra aseguran que no acudieron al ministerio a discutir la última oferta de Trabajo el miércoles porque Bolaños –líder de la negociación desde el lado socialista– comunicó que Díaz no tenía margen para hacer ninguna concesión. Sin embargo, desde el otro lado, tanto las fuentes vinculadas al PSOE como las de Unidas Podemos admiten que, si bien esta divergencia existió en enero, los últimos días la consigna era sacar la votación adelante con holgura, y Yolanda Díaz contaba con plácet de Moncloa para negociar. 

La versión republicana puede ser verosímil porque en semanas anteriores, según Trabajo, cuando Díaz avanzaba en la negociación, la Moncloa emitía mensajes deslegitimando los progresos con PNV y ERC. Y sin embargo, las fuentes gubernamentales hablan de una coordinación escrupulosa en las horas finales. Los éxitos tienen mil padres y el desastre es huérfano.

Y llegó la votación. El Gobierno la afrontó sin margen de error, con los apoyos de Cs y UPN. La formación navarra garantizaba el sí a cambio de que el PSOE no reprobara al alcalde de Pamplona, Enrique Maya. Sus dos diputados, Sergio Sayas y Carlos García Adanero, se vieron con miembros de Vox y del PP. A primera hora comunicaron que no hablarían en la tribuna. Y el presidente de UPN desconfía: “Tengo la sensación de que allí se sabía lo que estaba pasando”, reconoció a la cadena Ser.

El acuerdo con el PNV estuvo cerrado, pero era insuficiente porque Ciudadanos podía retirar sus votos

A las 17.30 horas, Meritxell Batet ordenó un receso de 45 minutos para la votación telemática. En ese momento entra en acción el diputado del PP Alberto Casero. Aquejado de una gastroenteritis aguda, había solicitado el voto telemático. ¿Erró al votar o falló el sistema informático? El Congreso dice que lo primero, el PP dice que lo segundo. Los servicios de la Cámara no detectaron ningún error con lo que, aunque se presentó en taxi, “se le impidió la entrada al hemiciclo”.

El reloj bordeaba las 18.30 horas cuando Batet anunció, tras un lapsus inicial –que provocó el jolgorio en las bancadas de la derecha y los aplausos de PP y Vox a UPN–, que la reforma laboral había sido aprobada. El tumulto fue de órdago. Se improvisó una reunión subida de tono en el despacho de la presidenta de la Cámara con el secretario general del PP, Teodoro García Egea. Pero Batet no reculó.

El luminoso del hemiciclo dejaba constancia de que los diputados de UPN habían votado en contra. El PSOE, tras celebrar la aprobación, llamó a Pamplona para volver al plan inicial: el alcalde acabó el día reprobado, pero su enfado era con sus hombres en Madrid. Y el PP engrasaba la maquinaria para recurrir con un escrito ante la Mesa del Congreso y un recurso al Constitucional por “un fraude democrático”. Todo ello, mientras algunos de sus diputados compartían mesa y mantel con los de UPN en la noche de Madrid, alimentando las sospechas de un tamayazo. Fallido. El Gobierno de coalición y sus volubles socios no comieron juntos, pero aún tragan saliva.





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