• Sáb. Oct 1st, 2022
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Mattarella, reelegido como presidente italiano tras el fracaso de la política


Gana la estabilidad del país, pero pierde la política. Después de seis días de caóticas negociaciones y de un sonrojante reality show , los líderes políticos italianos han aplazado el enredo de la elección del nuevo jefe del Estado. La enésima candidatura fallida ha empujado este sábado a las formaciones que apoyan al Ejecutivo de Mario Draghi a llegar a la conclusión de que la única manera de desencallar el bucle institucional es que todo el mundo continúe donde está: el exbanquero como primer ministro, y Sergio Mattarella como presidente de la República.

Mattarella, jurista siciliano de 80 años, había insistido en varias ocasiones que no quería renovar por otro septenio porque sería forzar la Constitución. En el discurso de Año Nuevo se despidió de los italianos. Se había buscado un nuevo piso de alquiler en Roma para pasar más tiempo junto a sus hijos. Su equipo había publicado imágenes del traslado. Pero al final, tras una conversación con Draghi en que le insistió que su permanencia es lo mejor para la estabilidad del país, Mattarella ha aceptado ponerse a disposición, de nuevo, de las instituciones.


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“Si se me necesita estoy aquí, aunque tenía otros planes”, comunicó a la representación de líderes parlamentarios que ha acudido a implorarle su permanencia.

Su reelección era muy deseada por muchos diputados y senadores que temían que todo terminara en elecciones, y a medida que avanzaban las votaciones crecían los electores que desobedecían las directrices y escribían su nombre en la papeleta. Este sábado, con el visto bueno de los líderes de los partidos, ha sido finalmente designado con 759 votos de los 1.009 posibles. El Parlamento ha estallado en un largo aplauso, y jurará el cargo esta semana. Lo más probable es que no aguante otros siete años, sino que dimita cuando las condiciones políticas sean más favorables. Entonces, tal vez será reemplazado por el mismo Mario Draghi.

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Parlamentarios italianos aplauden tras la reelección de Sergio Mattarella

POOL / Reuters

El gesto de generosidad de Mattarella, un intachable servidor del Estado, deja en evidencia la mala salud de la política italiana. Es la constatación del fracaso de los partidos, incapaces de arreglar sus diferencias y llegar a un compromiso para elegir a una figura neutral ni siquiera en una coyuntura tan delicada como la actual. En los últimos días incluso se ha quemado la segunda figura institucional italiana, la presidenta del Senado, Elisabetta Casellati, propuesta por el liguista Matteo Salvini aún sin tener los apoyos suficientes. Casellati fue traicionada en la quinta votación por los mismos políticos derechistas que en teoría deberían haberle secundado. El ridículo fue memorable, y puso de manifiesto los problemas del sistema.

El jurista había dejado claro que quería jubilarse, pero vista la situación se puso a disposición del Estado

“No quiero que nos vayamos a casa con la idea de que hemos resulto los problemas. La elección por segunda vez del actual presidente de la República demuestra la dificultad de la política”, ha reconocido Enrico Letta, secretario del Partido Demócrata (PD).

Letta es de los pocos líderes políticos que salen reforzados de esta elección al Quirinal, sede de la jefatura del Estado. El resto salen muy tocados. Especialmente, Salvini. El desencadenante de la reelección de Mattarella fue el cortocircuito mediático que hubo después que el líder de la Liga y Giuseppe Conte, del Movimiento 5 Estrellas, anunciasen el viernes por la noche que habría una presidenta mujer cuando ni siquiera tenían cerrado un acuerdo con sus compañeros de coalición.


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LV_  Los partidos italianos se encomiendan a Mattarella para salir del bloqueo

La escogida había sido Elisabetta Belloni, de 63 años, jefa de los servicios secretos y brillante diplomática, pero en pocas horas quedó descartada. Salvini, como ya hizo al tumbar el Gobierno desde un chiringuito en agosto del 2019, se volvió a disparar en el pie. El bloque de derechas se ha terminado de resquebrajar con la elección de Mattarella, y Giorgia Meloni, de Hermanos de Italia –la única que quiere anticipar elecciones por sus buenos sondeos y que no ha votado al presidente– le ha declarado la guerra y ha dado por rota la coalición.

Para Draghi, en cambio, este escenario es la mejor noticia posible dado que los partidos se habían negado a ascenderle a jefe de Estado ante el miedo de no encontrarle un sustituto como primer ministro. Ha quedado demostrado que ante la mediocridad de la clase política, no hay alternativa a su Gobierno. Sin duda ganará autoridad frente a sus ministros. Pero eso no significa que los próximos meses vayan a ser un camino de rosas para el expresidente del Banco Central Europeo. El ambiente se ha emponzoñado peligrosamente en año preelectoral –la legislatura se agota en marzo del 2023–, y, a medida que se acerque el verano, va a resultar siempre más difícil mantener el consenso para implantar sus reformas en estas condiciones.

Mattarella vuelve al rescate de Italia, como ya hizo el año pasado al sacarse de la chistera el actual Gobierno de Draghi para evitar elecciones. A lo largo de estos años ha tomado decisiones de envergadura, como cuando vetó al euroescéptico Paolo Savona como ministro de Economía. En la pandemia se ganó el corazón de los italianos por su templanza.

La reelección fractura el bloque de derechas y Salvini sale muy tocado tras un error detrás de otro

Católico y muy apreciado en el Vaticano, quería hacer carrera como profesor de Derecho hasta el 6 de enero de 1980, el día en que tuvo que sacar de un coche el cuerpo ensangrentado de su hermano, Piersanti Mattarella, el entonces presidente de la región democristiano de Sicilia. Un mafioso de la Cosa Nostra le disparó ocho veces mientras acudía a la misa de la Epifanía. Mattarella Fue elegido presidente de la República en el 2015, llamado a sustituir a Giorgio Napolitano, el único hasta ahora que había repetido en el mandato. Entonces era un juez del Tribunal Constitucional conocido por ser un azote de la mafia. Ahora es el líder mejor valorado por los italianos que deberá hacer el esfuerzo que no han hecho sus políticos.





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