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Matute ya no es un hombre, por Núria Escur

Feb 7, 2022 , , , ,



Siempre dijo que no le quedaba miedo porque había sido una niña tartamuda que hablaba sola por las esquinas con un ejército de seres mágicos que la protegían.

Quiero creer que el error garrafal de la placa de su nueva calle, que le cambiaba de sexo y lengua, Ana María Matute se lo hubiera tomado con humor. Entre Horta y Guinardó, colgaron el rótulo donde figuraba el desastre: “Carrer d’Ana María Matute Ausejo, Barcelona (1925-2014), escriptora i acadèmico”. Esta “o” maldita.

No era muy dada a hablar de feminismo, lo practicaba y punto. Y le gustaba jugar con su vertiente infantil, travistiendo ideas y también indumentarias. En una ocasión, cuando le preguntamos de qué se quería disfrazar para una serie sobre personajes y carnaval, cuando esperábamos que nos soltara algo así como Marie Curie o Pardo Bazán, abrió mucho los ojos y respondió con alborozo: “¡De reina Ginebra! ¡Con espada!”.

Ana María Matute no era muy dada a hablar de feminismo, lo practicaba y punto

Así que tomamos medidas y le entregamos un hermosísimo disfraz con rejilla medieval y gorro en cúpula. Matute lo miró, pidió un whisky, dio un respingo y contestó, resignada: “Bueno, qué se le va a hacer, ¡en realidad lo que me hubiera gustado es ser el rey Arturo!”.

Por eso pienso que se hubiera tomado lo de la “o” maldita de la placa como una broma del destino y un guiño a los ediles que se pelean por feminizar el nomenclátor de las calles de la ciudad: ella sustituye a Ramiro de Maeztu. No temía a hombres ni a mujeres, a ningún ser terrenal; a los otros sí, hadas y elfos fantásticos que salían de su mente privilegiada.

En su casa conservaba una foto en blanco y negro donde se la podía ver de joven, sentada ante su máquina de escribir y con su hijo en el regazo. La mostró cuando le pregunté por el sesgo que el género ejercía en la profesión. Aquel día iba con su jersey hueso de cuello cisne y un chaleco oscuro. “Mi feminismo fue este”. Y se arrancó a hablar de su primer marido, personaje al que no soportaba, y del segundo, al que adoró.

Hoy el entuerto se ha resuelto y la placa ya luce nueva y subsanada en la calle. Matute deja de ser hombre y vuelve a ser mujer, para la nomenclatura y lo que haga falta.





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