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‘Notting Hill en la red’

Sep 24, 2022 , ,



“Me está matando”, dijo Federer, entre lágrimas, tras perder contra Nadal la final del Open de Australia en 2009. No lo mató, sino que esa rivalidad los hizo más fuertes y más humanos a los dos, sobre todo al suizo, en su momento un punto más frío y más distante. Perder humaniza y recuperarse de una derrota redobla la trascendencia del que se rehace. Federer hace muchos años que trascendió con su tenis delicado, técnico y delicioso y sus numerosas victorias. Un juego elegante que levantaba de los asientos de admiración a los espectadores. Nadal fue y es pura pasión cada día. Ver a Federer era como ponerse el traje de los domingos.

El helvético se va del tenis profesional tranquilo y agradecido y rodeado de los máximos rivales de su época, como el propio Nadal, Djokovic y Murray. En los últimos días han cenado juntos, han compartido vestuario, de calle, de deporte y de etiqueta, y se han explicado mil y una batallitas. Lo han hecho en Londres, ciudad-jardín para Federer por acoger el All England Club de Wimbledon.

En Londres

Su adiós resultó emotivo. Algo así como un musical del West End o como una comedia romántica

Un lugar de primera clase en todos los sentidos que ejercía de simbiosis para el juego del de Basilea. Verle entrar en la hierba era como ver ingresar a un bailarín en la pista. Lo más parecido a la realeza dentro de un palacio.

Aunque cuando realmente se quedó tranquilo Roger fue en 2009 al ganar su único Roland Garros, con lo que completaba el Grand Slam. “Me he quitado un gran peso de encima”, confesaba entonces en París tras llevarse un torneo que pensaba que estaba maldito para él.

Su adiós, bajo los focos de una competición que ha apadrinado como la Copa Rod Laver, resultó emotivo y monumental. Algo así como un musical del West End o como una comedia romántica a lo Notting Hill. Un escenario estelar para repasar su trayectoria. Rebelde (y rompe raquetas) de joven Federer se marcha como un ejemplo que seguir. Un señor que quiso ganar más que nadie, que está entre los mejores tenistas y deportistas de siempre y que no tiene enemigos en una pista. Adversarios, sí. Y vaya unos. Estaban todos con él.





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