• Mié. Oct 5th, 2022
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¿Ocaso de la democracia estadounidense?, por Óscar Arias Sánchez


Es una fortuna que Estados Unidos no tenga embajada en Washington, porque de tenerla ya se habrían asestado un golpe de Estado a sí mismos. Esto, por supuesto, es una broma que yo solía decir en mis discursos en ese país, pero en ella asoma una verdad irrefutable: la vasta mayoría de los golpes de estado que acontecen en todas las latitudes son fraguados en las embajadas de Estados Unidos. Esa gran nación ha exportado –o impuesto manu militari– democracias en el mundo entero, con el pequeño inconveniente de que esas democracias eran la mayor parte de las veces dictaduras militares de extrema derecha sufragadas y sustentadas por los gobiernos estadounidenses, en particular los de orientación republicana, que han sido los más invasivos e injerencistas.

Estados Unidos ha perdido el derecho moral a predicar y exportar la democracia. En las últimas elecciones el país asistió a actos incalificables de violencia, de manipulación mediática y de crispación política, síntomas inequívocos de una democracia gravemente enferma. La toma del Capitolio hace un año por una horda de rufianes y cabezas calientes es un hito funesto en la historia de este gran país. Fue un acto inimaginable en un Estado de derecho. No fue un exabrupto cualquiera: el incidente dejó muertos, heridos y la terrible sensación de que las masas en Estados Unidos son tan inflamables y manipulables como en cualquier país inculto y carente de tradición civilista.

EE.UU. pierde el respeto, la autoridad moral y la reputación de primera democracia

Esa enfermedad política llamada Donald Trump está probando ser más peligrosa desde la llanura que cuando estaba en el poder. Trump ahora lidera una campaña destinada a deslegitimar el triunfo de Joe Biden aduciendo que fue espurio, amañado y una traición al electorado. El ego de Trump no puede soportar la simple verdad de que le dieron una paliza de más de siete millones de votos de diferencia. El mensaje fue claro: no más fanfarronadas, no más machismo, no más misoginia, no más xenofobia, no más supremacismo WASP ( white anglo-saxon protestants ). Los estadounidenses no solo votaron por un cambio político: votaron además por una revolución axiológica fundamental: todos los antivalores que Trump representaba fueron rechazados. Fue una elección histórica y de gran significado.

Pero Trump y su Partido Repúblicano, como la mandrágora, siguen estrangulando la democracia estadounidense, envenenándola con su patológica paranoia y su ego adolorido que pide a gritos venganza. Es incuantificable el daño que le está haciendo a su país. Bajo su liderazgo, senadores y congresistas republicanos, cómplices de la mentirosa versión de que Joe Biden ganó las elecciones del 2020 mediante un fraude, impiden que se voten dos proyectos de ley en el Senado de suma importancia: la ley de Libertad de Voto y la ley del Derecho al Voto John R. Lewis. La primera ley reduce el impacto de los esfuerzos en los estados bajo control republicanos para restringir la votación y detener el conocido gerrymandering , el proceso mediante el cual los legisladores rediseñan los distritos electorales para que les favorezcan, de tal manera que siempre logren una mayoría. La Cámara de Representantes ya ha aprobado estas legislaciones sobre los derechos electorales. Para la aprobación en el Senado, los senadores demócratas deben superar primero el obstruccionismo republicano, lo que les permitiría obtener la mayoría de 51 votos, incluyendo el voto de la vicepresidenta Harris. La regla del obstruccionismo –o filibusterismo– se ha utilizado con frecuencia durante años para bloquear leyes relacionadas con los derechos civiles y ahora no es diferente.

(FILES) In this file photo taken on November 24, 2020 US President Donald Trump arrives to deliver remarks on the stock market during an unscheduled appearance in the Brady Briefing Room of the White House in Washington, DC. - Former president Donald Trump on January 4, 2011 called off a planned press conference to mark one year since the January 6 storming of the US Capitol. Trump said in a statement he was cancelling the event at his Mar-a-Lago resort in Florida

Trump es ahora más peligroso

MANDEL NGAN / AFP

Estados Unidos está perdiendo el derecho de convertirse en modelo de democracia, así como el respeto, su autoridad moral y su reputación de democracia por excelencia. Sumemos a esto el hecho de que es un país violento, donde las armas circulan libremente en manos de adolescentes, de criminales y de fanáticos. De manera periódica somos testigos de la tragedia de alguna matanza masiva de personas en diversos ámbitos sociales. Por desgracia, los psicópatas y asesinos son una especie abundante en esas latitudes. Todo esto conspira contra la noción misma de lo que es una democracia. Un pueblo que vive en el terror, en el resentimiento, en el rencor político y envenenado por toda suerte de supercherías conspirativas no puede aparecer ante el mundo como arquetipo platónico de democracia.

No debemos descuidar nuestra democracia y darla por sentada, hay que rescatarla constantemente de la amenaza de la demagogia, del populismo y de los delirios autoritarios. En la defensa de la democracia de Estados Unidos o de cualquier otro país no es posible el descanso. Debemos velar su sueño y custodiar su vigilia todos los días. Lo he dicho muchas veces, las democracias no pueden defenderse en retrospectiva. Es en el momento mismo de la amenaza en donde hay que alzar la voz y denunciar. Luego puede ser demasiado tarde.

Mi querida amiga Velia Govaere lo ha expresado con mucho acierto: “El trance que vivimos no es el dilema de una corriente política, sino una crisis de sistema. Tanto en países desarrollados como emergentes, amenazas populistas contaminan todos los entornos y los sistemas políticos se baten a la defensiva. Esa recesión democrática es la piedra angular resquebrajada de los cimientos de nuestra civilización”.

Como diría Victor Hugo: “¿Con qué nombre nombrarte, hora turbia en la que somos?”.





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