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Ovejas, lobos y hombres, por Clara Sanchis Mira

Feb 11, 2022 , , , , , ,



Estamos en un pueblo de Castilla que vota el domingo, podríamos hacer un trabajo de campo. El campo está seco y nos acercamos al despliegue de un rebaño de ovejas custodiado a ladrido limpio por dos mastines. Desde lejos, la lana blanca era el espejismo de la nieve añorada que no cae. El pastor lleva una chaqueta de cuero, gorro negro y pendiente. Podría sacar una guitarra y arrancarse con una canción de viejo rockero­ de monte bajo. Podría ser el mismo Neil Young­, en campaña contra la difusión de mentiras peligrosas en Spotify. En vez de eso, el pastor mira a los lados y dice que los lobos andan matando estos días. Ovejas. Qué lobos. No sabíamos que hubiera lobos. Alguno nos habrá visto pasar, escondido detrás de una zarza, con ojos de perro felino. Más de una vez habremos estado enfocadas en su retina, olfateadas hasta el ombligo, y nosotras en la luna.

Son años viendo por aquí conejos, águilas, buitres, zorros, hasta corzos. La primera vez que vimos dos corzos a lo lejos, algún familiar no nos creyó. Los corzos no llegan aquí, se quedan en la montaña. Qué sabrás tú. Los vimos solo unos segundos, corrían. ¿Cómo sabes que eran corzos?, si no has visto un corzo en tu vida. Alguno habré visto en un cuadro, no sé. ¿Qué cuadro? Dudábamos, pero volvimos a verlos mucho más cerca. Quieta, no respires, mira ahí. Dónde. Ahí, entre esos robles, ¿lo ves? Es un corzo. Nos mira. Inmóvil, con osadía de corzo joven. Sabrás tú si era joven. Adolescente, se le nota en el cuello, en la mirada asustada pero desafiante. Cuando echó a correr vimos al otro. No huyen despavoridos, se les nota contentos, no es una carrera a vida o muerte. Cruzar una mirada con un corzo da alegría.

A los lobos no los veréis nunca porque os temen más que a nada; el olor del humano es lo único que los frena

A los lobos no los veréis nunca porque os temen más que a nada; el olor del humano es lo único que los frena. Nos tienen pánico, casi los exterminamos. Pero desde hace unos meses está prohibido cazarlos, puntualiza el pastor rockero, y no se sabe si prefiere la prohibición o el exterminio, si habla del lobo con odio o admiración. El lobo solo teme al hombre, repite, y si respeta a los mastines no es porque no pueda con ellos, sino porque sabe que puede quedar herido y morir; al mastín lo curo yo, la herida del lobo no la cura nadie. Ante la imagen del lobo que se desangra solo, se nos olvida comentar la cosa electoral. Precisamente ayer comimos en la plaza en una mesa pegada a la de unos cabecillas de la derecha, y decían cosas tan idénticas a las que supondríamos que dicen, que parecían imitadores.





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