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París veta el ‘convoy de la libertad’

Feb 11, 2022 , , ,



París está en alerta, por el contagio canadiense y por el retorno de sus propios fantasmas. Las autoridades francesas quedaron muy escarmentadas por la revuelta de los chalecos amarillos y quieren evitar a toda costa un fenómeno similar en plena campaña de las presidenciales. Eso explica la veloz y severa reacción de la prefectura de París al prohibir todo acto del llamado convoy de la libertad , este fin de semana, ante la amenaza de que se bloqueen los accesos a la capital.

Nadie vio venir, en otoño del 2018, la dimensión de los chalecos amarillos , que acabaron convirtiéndose en un desafío político al Estado y un enorme problema de orden público, con violentas manifestaciones cada sábado en las principales ciudades y el despliegue de decenas de miles de policías. La autoridad política y moral de Emmanuel Macron se tambaleó. Las concesiones del presidente no aplacaron la rabia en la calle. Fue una larga crisis que marcó su mandato y que solo fue superada por otro seísmo inesperado, el de la pandemia y los confinamientos.

El calendario invita a la máxima vigilancia. Los comicios al Elíseo se celebran el 10 y el 24 de abril. Macron, que todavía no ha oficializado su nueva candidatura, no puede permitir que la situación se le vaya de las manos. En este contexto, la prefectura parisina, a instancias del Ministerio del Interior, emitió un comunicado en el que, además de anunciar la prohibición de la nueva protesta, informó de haber dado “consignas de firmeza” a las fuerzas de orden público para que garanticen la libertad de movimientos. Se recordó que el bloqueo de la circulación puede ser castigado con hasta dos años de cárcel, 4.500 euros de multa, la inmovilización del vehículo y una suspensión del permiso de conducir.

Varias caravanas de vehículos –en su mayoría turismos y pequeñas furgonetas– partieron ya el miércoles de Perpiñán, Bayona y Niza. Ayer realizaron paradas en ciudades intermedias, en un ambiente festivo. Piensan llegar a la región parisina el viernes por la noche. La intención es proseguir luego el viaje hasta Bruselas para manifestarse el lunes ante las autoridades comunitarias.

Las caravanas no son de camioneros sino de un público muy diverso, una coalición de descontentos

Las diferencias entre la iniciativa canadiense y la francesa son evidentes. En Francia los camioneros no necesitan estar vacunados para trabajar ni para cruzar las fronteras. La inmensa mayoría no son propietarios de sus camiones sino empleados. Eso hace muy difícil, si no imposible, que los usen para bloqueos. Perderían su trabajo y se arriesgan a perder mucho dinero si los camiones sufrieran daños.

El convoy de la libertad francés aglutina, en realidad, a un público diverso, una coalición del descontento, ya sea contra el carnet vacunal, la pérdida del poder adquisitivo o el coste de los carburantes. La experiencia de los chalecos amarillos sacó a la luz un malestar social muy extendido, el de las clases medias empobrecidas, un resentimiento de la Francia rural frente a París. También quedó patente en algunos sectores, un odio visceral a Macron, visto como un personaje arrogante, poco empático y defensor de los privilegiados.

Los chalecos amarillos fueron un fenómeno complejo e imprevisible, en gran parte espontáneo, propulsado por las redes sociales y con líderes salidos de la nada. Los partidos y los sindicatos quedaron descolocados. Las consecuencias aún se dejan sentir. El declive de la izquierda y la eclosión del ultra Éric Zémmour como candidato presidencial son secuelas, en parte, de aquella revolución de las rotondas.

Es una incógnita el cariz que puede tomara ahora el convoy de la libertad , si se tratará de algo efímero e inofensivo o tendrá continuidad en los fines de semana siguientes. No está nada claro qué van a hacer las caravanas ante la prohibición de la prefectura. Algunos de sus miembros decían ayer que dejarían sus vehículos aparcados a las afueras de París y se manifestarían a pie por la ciudad. En estas situaciones siempre existe el riesgo de la infiltración de alborotadores que provoquen a la policía y protagonicen disturbios.

Le Pen muestra simpatía y dice que es otro síntoma de “una sociedad de olla a presión”

Algunos partidos están intentando ya capitalizar el nuevo reto al poder. Ha mostrado su solidaridad Francia Insumisa (LFI, izquierda radical y populista). La candidata ultraderechista Marine Le Pen expresó su simpatía y consideró que es una nueva respuesta a “la globalización salvaje, sin regulación y sin limitaciones impuestas por el poder político para proteger a la población”. Según ella, vivimos en “una sociedad de olla a presión y cualquier cosa puede hacer saltar la tapa de la olla”.





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