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Política de recordatorio, por Toni Aira

Sep 24, 2022 , , , ,



No puedes mostrar músculo si no lo tienes. Y Junts, como mínimo en el Govern, lo tiene. Es algo consensuado, también por sus mayores detractores, que entre los consellers juntaires están los que más peso político y técnico aportan. Los más críticos matizarán que eso tampoco es decir mucho. En todo caso, es así, a pesar de que a estas alturas nadie sabe hasta cuándo. Esta incógnita que planea, muy en serio, sobre sus cabezas y las de sus equipos.

Lo deja claro un vistazo a LinkedIn, una red social orientada a profesionales y negocios. Esta semana, en el currículo que tienen ahí colgado muchos trabajadores de departamentos de Junts se podía detectar bastante actualización e incorporación de méritos y tareas. ¿Preparándose para buscar trabajo? Más de un conseller ya hace días que se está haciendo a la idea, aunque quiere confiar en un desenlace donde ERC ponga cordura y Junts lo corresponda.

Desde el 2017 el independentismo, unido, no ha hecho ni ha propuesto casi nada

De ahí, en gran parte, el muestrario de actividad que durante los últimos días han realizado, con algunas iniciativas de impacto, el vicepresidente Jordi Puigneró y los consellers Giró, Alsina, Argimon, Geis, Ciuró y Cervera. Consideran que tienen buenos proyectos departamentales y quieren dotarlos de continuidad.

“Entiendo y creo que hay que forzar la máquina con una Esquerra acomodada y que no cumple los pactos”, me confesaba uno de ellos. Y remataba: “Pero la solución no puede ser regalarles el gobierno, cuando solo tienen un diputado más que nosotros y no sabrán qué impulsar, ni con quién, desde nuestras consejerías”. Parecería que tienen las personas y el proyecto, en los departamentos. Pero, ¿y fuera? ¿Y en global?

Después de una nueva (y contundente) victoria de Jordi Turull en Junts, ahora con la renovación de agrupaciones internas, muchos quieren creer que, ya claramente con el control de la máquina, fijará rumbo y estrategia. También para compatirlos con ERC y para tratar de fijar hoja de ruta conjunta a escala de Govern y del movimiento independentista. Aquí, el proyecto (de todos) hace tiempo que parece inexistente.

Las conmemoraciones que estos días se van sucediendo a cuento de lo que ocurrió en Catalunya en el 2017 son una muestra de hasta qué punto, después de aquello, el independentismo, unido, no ha hecho ni ha propuesto casi nada más. Nada que valga la pena recordar, reivindicar o discutir de verdad, en clave constructiva.

Hace cinco años que el independentismo básicamente hace política de recordatorio. Que se limita a conmemorar momentos en los que actuó de forma unitaria y con un proyecto y estrategia compartidos. Lo harían tácticamente o de corazón, creyendo en ello o haciéndolo ver, pero se fijaron el hito del 1-O y ahí llegaron. El día después hace demasiado que dura. Quien le ponga perspectiva de mejora tendrá muchas más opciones de seguir en el Govern, dotándolo totalmente de sentido, y se podrá plantar ante las urnas con unas mínimas garantías de éxito.





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