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Ponerse en el lugar del otro, por Joan Golobart

Feb 10, 2022 , , , , , ,


Siempre que he escrito algún análisis sobre lo que ha sucedido en un partido de fútbol en cuanto a evaluar el trabajo de un técnico determinado, un jugador o un directivo he tratado de hacerlo desde el punto de partida de ponerme en la piel de la persona sobre la que hablo. No me gusta para nada jugar al oportunismo de tratar de demostrar que las cosas habrían podido salir mejor si se hubieran hecho de otra manera. Eso es un oportunismo absurdo donde uno puede parecer tener un gran criterio pero con la ventaja de que lo que yo afirmo no acaba pasando ningún test.

Ahora tengo amigos que ante el hecho de este movimiento social en el cual se está generando la gran desbandada de los trabajadores de sus puestos de trabajo no acaban de entender nada. Me refiero al hecho de que en Estados Unidos en el pasado mes de noviembre un total de 4 millones de personas han abandonado su puesto de trabajo por voluntad propia.

Los futbolistas tienen siempre el poder y a una edad donde pueden ser caprichosos y manipulables

Dicen los sociólogos y entendidos que esto se ha producido por el hecho de que los trabajadores se han dado cuenta después de vivir en las circunstancias que ha generado la pandemia, de que el poder está en sí mismos y no en las empresas. La mayoría de estos amigos que no entiende lo que sucede eran los mismos que hablaban sin pudor alguno de las decisiones erróneas que por ejemplo cometían los directivos al no saber retener jugadores en sus plantillas o que no sabían hacer una renovación de las mismas. Qué fácil es dibujar decisiones que en ningún momento has de llevar a cabo.

Vertical

Ousmane Dembele jugador del FC Barcelona

Eric Alonso / Getty

Pues la dirección en el fútbol siempre ha tenido que convivir con la circunstancias de que los jugadores siempre tienen el poder y además lo tienen a una edad donde pueden ser muy caprichosos, todo en la vida les ha ido rodado. Y donde son muy fácilmente manipulables por gente del su entorno. Un caso muy claro lo tenemos con Dembélé. Un jugador con unas características increíbles pero que seguramente por sus lesiones debe haber sido el futbolista más caro de la historia del Barcelona. Y aun así queriéndolo renovar va a conseguir marcharse sin generar ni un solo euro en un posible traspaso.

Y otros casos a la inversa, cuando jugadores han ejercido su poder para, estando con contrato en vigor, conseguir renovaciones que te obliguen a pagarle a los 32 años una nómina que se estableció respecto al rendimiento que ofrecían cuando tenían 27, algo que por cierto no tiene nada que ver.

Por eso me atrevo a aconsejarles que antes de opinar traten de ponerse en el lugar de la persona que quieran juzgar, ya sea jugador, entrenador o directivo. Este ejercicio es muy interesante porque te hace reflexionar para aprender mucho sobre uno mismo.





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