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Populismo sobre ruedas, por Editorial

Feb 10, 2022 , , , ,



Ottawa sufre desde días atrás el bloqueo ocasionado por el llamado Convoy de la Libertad. Es decir, por camiones de gran tonelaje procedentes de varios puntos del país, que convergieron sobre la capital de Canadá y rodearon su Parlamento, para así protestar por la obligación de vacunarse contra la covid aplicada a todos los camioneros.

Lo que empezó como una propuesta relacionada con los movimientos antivacunas ha ido recogiendo en su seno otras múltiples reivindicaciones. Empezando por la anulación de todas las restricciones relacionadas con la covid y siguiendo por otras peticiones de orden salarial o político. La iniciativa cuenta con el respaldo de grupos de extrema derecha y ha recibido el apoyo, desde Estados Unidos, del expresidente Donald Trump y de otros políticos de parecidas tendencias populistas.

El fenómeno del Convoy de la Libertad salta de Canadá a Francia en pocos días

El gran potencial mediático de tan vistosas manifestaciones ha contribuido a su rápida expansión hacia otros países. En Francia se ha convocado para este fin de semana un bloqueo de París, inspirado en el de Ottawa, que debería extenderse luego a Bruselas. En el país vecino, apoyan la iniciativa colectivos muy dispares, desde los chalecos amarillos hasta políticos ultraderechistas como Éric Zemmour o izquierdistas como los de La Francia Insumisa. Por ello, y con las elecciones generales a la vista, las autoridades han tomado medidas expeditivas para impedir que los camiones ocupen París. Entretanto, en Ottawa se ha empezado también a presionar con firmeza a quienes la paralizan.

Quien más quien menos está harto de la pandemia y de las restricciones que conlleva. Y es en ese descontento donde pescan los organizadores de estos convoyes, que pomposamente se presentan como paladines de la libertad. Pero, a decir verdad, tales convoyes poco tienen de alternativa capaz de mejorar las políticas de las autoridades sanitarias. Ni pueden colapsar las ciudades sin causar molestias a sus habitantes ni ponerlos en peligro si ocurre cualquier emergencia. Ni cabe decir que estas protestas de imprecisa paternidad deban relevar la representación popular que encarnan partidos y parlamentos. Ni, tampoco, que sea sensato ni posible pretender resolver de golpe los muy diversos problemas sociales que conviven, revueltos, en sus plataformas reivindicativas.

El populismo suele usar problemas complejos para capitalizar el descontento ciudadano. Y, con gran aparato mediático, les propone soluciones fáciles, que nada o muy poco resuelven. Esa acostumbra a ser su escasa utilidad.





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