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Salvini acaricia el poder desde la capital mitológica de la Liga


Castigado en las encuestas, menospreciado en público por Mario Draghi, opacado por el tirón de Giorgia Meloni en la derecha. El líder de la Liga, Matteo Salvini, se prepara para volver a gobernar Italia con la coalición de derechas, sin ser ya él protagonista. Sabe perfectamente que los sondeos le mandan a la cuarta posición, pero asegura que “sería un honor ser elegido primer ministro” por el presidente Sergio Mattarella.

En los últimos años era la cara visible de la derecha italiana. Ahora Hermanos de Italia, el único partido en la oposición a Mario Draghi, le ha robado la cartera. Ayer, desde la gran reunión de Pontida, la capital mitológica de la Liga, Salvini quiso limar asperezas y lanzó una promesa a los italianos: “Yo, Giorgia y Silvio (Berlusconi) estamos de acuerdo en casi todo y gobernaremos bien y juntos durante cinco años”.


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La difícil situación personal de Salvini estaba muy camuflada en Pontida. El político milanés congregó a 100.000 simpatizantes –según la organización–, en la fiesta anual del partido en el prado de este pueblo en la provincia de Bérgamo que desde hace 30 años reúne a los fieles militantes del partido siguiendo a la leyenda que dice que, en abril de 1167, la Liga Lombarda juró crear un ejército para defenderse juntos de la invasión en la iglesia de San Giacomo Maggiore.

“Yo, Giorgia y Silvio gobernaremos bien y juntos durante cinco años”, señala Salvini, menos protagonista

En esta ocasión era urgente dar una demostración de fuerza. El ultraderechista prometió el retorno de la mano dura contra la inmigración o lanzar ideas euroescépticas. “Quiero que Italia sea protagonista en Europa, no acompañante de las elecciones de París y Berlín”, advirtió, pidiendo “una alianza de países del Mediterráneo” –con España– que frene la inmigración. Celebró el resultado electoral de Suecia, que “han mandado la izquierda a casa” votando a favor de la derecha y la extrema derecha. Hubo para todos, también para Joe Biden: “Si en su lugar hubiese estado Trump, las cosas serían diferentes”.

La trituradora política italiana quema rápido a los líderes. En las europeas del 2019, Salvini arrasó llevando a la Liga a conquistar el 34% de los votos con su mano dura contra la inmigración cuando era ministro del Interior del primer gobierno de Giuseppe Conte. Un resultado histórico. Pero entonces, se apresuró al tumbar el primer ejecutivo de Conte y terminó en la oposición. Entre la pandemia y los malabarismos con otros cinco partidos en el ejecutivo de Draghi, ha terminado cayendo al 12% en las encuestas.


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Las tensiones en la coalición de derechas son evidentes. Antiguo admirador de Putin, Salvini se empeña en mostrar su ambigüedad hacia Rusia, defendiendo que las sanciones económicas impuestas por Occidente no son útiles. Meloni, en cambio, garantiza lealtad a la OTAN. Tampoco se ponen de acuerdo en la manera de afrontar las facturas energéticas: Salvini quiere que Italia se endeude más, Meloni no. “Me sorprende que a veces parezca más polémico conmigo que con sus opositores”, sugirió la líder de Hermanos de Italia en una entrevista en televisión.

Antiguo admirador de Putin, el político milanés es ambiguo con Rusia aunque se opone a las sanciones

La preocupación en la Liga es grande también porque Hermanos de Italia, muy arraigado en Roma, le está comenzando a arañar votos de los empresarios del norte, que la ven más fiable. Y si queda por detrás de Hermanos de Italia en el Véneto, habrá quien pida su cabeza. Fue muy ovacionado el dogo Luca Zaia, el popular presidente de la región. Desde el palco de Pontida, dio un aviso claro: si no se logra avanzar en la autonomía regional que la Liga ha pedido siempre para el norte , la Liga deberá dejar el gobierno. La influencia de Salvini dependerá de los resultados y las encuestas no le sonríen. A la coalición de derechas, sí. O hay una sorpresa mayúscula, o podrán formar gobierno juntos sin contratiempos.





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