• Mié. Oct 5th, 2022
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Solemne adiós a Isabel II en un gran funeral en la abadía de Westminster


Una campanada cada minuto durante 96 minutos -uno por cada año que vivió la reina Isabel II- marcaba la cuenta atrás para el inicio del último adiós a la soberana, que murió el 8 de septiembre. Era el único sonido, junto a las solemnes notas del órgano, que se escuchaba la mañana de este lunes en el interior de la Abadía de Westminster, donde 2.000 invitados, apretados en sus asientos, aguardaban con un respetuoso silencio la llegada del ataúd. 

Presidentes y reyes, príncipes y primeros ministros de todo el mundo, así como políticos y miembros de los servicios de emergencia británicos han ido llegando, sin prisa pero sin pausa, a la iglesia que coronó a la monarca hace 70 años. Afuera, más de un millón de personas se agolpaban por toda la ruta que seguirá el cortejo fúnebre mientras otras 4.000 millones de personas se conectaban para seguir el funeral del siglo.

El ataúd de la reina Isabel II es depositado en sobre la cureña de la Marina Real (Emilio Morenatti)

El ataúd de la reina Isabel II es depositado en sobre la cureña de la Marina Real (Emilio Morenatti)


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Rafael Ramos

Imagen de archivo de la reina Isabel II

La jornada, declarada festivo nacional, va repleta de actos fúnebres tanto en Londres como en Windsor. Empezó temprano, cuando las puertas del salón de Westminster de 900 años de antigüedad se cerraron para los dolientes después de que cientos de miles se presentaran frente al ataúd envuelto con el estandarte real. Poco después abrían las puertas de la abadía, donde han acudido 500 mandatarios internacionales a bordo de autocares (a excepción del presidente de EE.UU. Joe Biden, el único que ha empleado su vehículo oficial).

Y el silencio se apoderó de nuevo de Londres. Con puntualidad británica, el ataúd de la reina abandonaba a las 10.44 h (hora local) la sede del Parlamento británico a lomos de Guardias Granaderos, que lo depositaron sobre una cureña de 123 años de antigüedad y custodiada por 142 de la Marina británica. El emotivo sonido de las gaitas y el repicar de los tambores marcaba el paso de la majestuosa procesión, a la que se han unido a pie el rey Carlos III y la princesa Ana entre otros miembros de la familia real, y que ha acompañado el féretro hasta la abadía. 


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Las dulces voces del coro de niños de la abadía de Westminster entonó, como es tradición, unas estrofas conocidas como The Sentences, con música del compositor inglés William Croft, interpretadas en todos los funerales de Estado celebrados en este país desde comienzos del siglo XVIII. Mientras, el féretro de la reina era introducido en la abadía hasta los pies del altar.

La reina fue consultada durante muchos años sobre los preparativos de su propio funeral, que ha sido organizado por el deán de Westminster, David Hoyle, quien también pronunció la bendición inicial. El reverendo Hoyle comenzó la ceremonia recordando que «con dolor y profunda gratitud, venimos a la Casa de Dios, a un lugar de oración, a una iglesia donde el recuerdo y la esperanza son tareas sagradas».


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El sermón, en cambio, fue a cargo de Justin Welby, arzobispo de Canterbury. «Pocos líderes reciben la efusión de amor que hemos visto», fueron algunas de sus palabras, al mismo tiempo que remarcaba como el dolor que sentían tantos en el Reino Unido y en el resto del mundo reflejaba la «vida abundante y el servicio amoroso» de la difunta monarca. La primera ministra, Lizz Tuss, y la secretaria general de la Mancomunidad de Naciones, Patricia Scotland, leyeron varios fragmentos del Evangelio de Juan y de la Biblia, respectivamente. 

Al coro de la abadía se unió para los demás himnos de la ceremonia el coro de la Capilla real del palacio de Saint James, bajo la dirección del organista James O’Donnell. El primer himno que sonó en la ceremonia fue The day thou gavest, Lord, is ended, que también se interpretó durante el Jubileo de Diamantes de la reina Victoria en 1897 y en la ceremonia de la entrega de Hong Kong a China en 1997. 


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Los Reyes, junto a los eméritos, en la Abadía de Westminster

El coro cantó, además, el Salmo 42, escrito especialmente para el funeral por Judith Weir e inspirado por «la inquebrantable fe cristiana de la reina». También se escuchó en la abadía el himno que sonó en la boda de la monarca -entonces princesa Isabel- y Felipe de Mountbatten, en 1947: The Lord’s my shepherd, I’ll not want, basada en el Salmo 23.

Otras de las piezas musicales preparadas para la ceremonia fueron, según había confirmado el palacio de Buckingham entre sus preparativos, la Fantasia of four parts de Orlando Gibbons, la Romanza (Synfonía número 5 en D) de Ralph Vaughan Williams o el Reliqui domum meum de Peter Maxwell Davies. Julian Sandford lideró a los Trompeteros de Estado de la Caballería real y Peter Holder se encargó de tocar el órgano.

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El rey Carlos II y la princesa Anna atienden al funeral de la reina Isabel II 

SARAH MEYSSONNIER / Reuters

Y tras la bendición final, las trompetas y… el Reino Unido calló durante dos sentidos minutos. En la abadía, en las calles y en el cielo (el aeropuerto de Heathrow anunció que no volaría ningún avión en esa hora por respeto a la reina). 

El funeral concluyó con la interpretación por el gaitero real del lamento «Sleep, dearie, sleep», después de que la congregación entonara el himno nacional (Dios salve al Rey). El lamento fue interpretado por Paul Burns, gaitero del Real Regimiento de Escocia, en uno de los momentos más conmovedores del servicio religioso. 





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