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Superar la nostalgia, por Francesc Granell

Feb 10, 2022 , , , ,



Los que ya tenemos una edad recordamos con nostalgia aquellos años de la transición en que España retomaba la democracia para homologarse con Europa, en que Catalunya mostraba con orgullo en la casa de la Unesco, en París, cómo avanzaba en la creación de la comunidad autónoma que había conseguido Tarradellas, y en que Barcelona se preparaba para los Juegos Olímpicos de la mano de los alcaldes Serra y Maragall, y Samaranch, presidente del COI. Pero aquella nostalgia positiva se ha tornado en desespero al ver cómo se van derrumbando, día a día, las instituciones que deberían llevarnos adelante.

A nivel español, penosos sucesos como el guirigay y desorden parlamentario, que han alcanzado su cúspide con la polémica aprobación de la reforma laboral, están poniendo de manifiesto que, aunque bien valorada en el extranjero por la inercia de lo que significó el tránsito de la dictadura a la democracia, hay mucho que reformar en España.

Hay que recuperar la confianza en el futuro aunque el contexto no sea el más propicio

A nivel catalán nos encontramos con una situación lamentable con un gran antagonismo, incluso entre las fuerzas del independentismo que podemos constatar diariamente tanto en la inoperancia del Parlament como en los enfrentamientos en el propio Govern de la Generalitat y la siempre controvertida figura de Puigdemont desde Waterloo.

Y no digamos ya lo que estamos viviendo en Barcelona en que por escapar de un potencial alcalde independentista el expremier francés Valls regaló la alcaldía a Ada Colau que con su visión populista ha conseguido alabanzas de ciertos “sectores progres” nacionales y extranjeros pero que ha exacerbado las críticas de quienes consideran lamentables muchas de sus decisiones en algunos ámbitos o faltas de actuación en otros.

Me comentaba un amigo que algunas decisiones como la de la embadurnar de pintura anticoches algunas calles para crear espacio peatonal son fácilmente reversibles pero hay otras que se apuntan, como la reforma de la Vía Laietana o el tranvía por la Diagonal, son acciones que una vez ejecutadas van a cambiar la faz del Eixample, que ha hecho de Barcelona una ciudad admirable a los ojos de urbanistas y arquitectos de todo el mundo

Estamos, pues, en un momento crítico que ciertamente invita a la nostalgia de pensar que lo pasado fue mejor que el presente, pero yo quiero ver que nuestra sociedad española, catalana y barcelonesa tienen suficientes arrestos no solo para olvidar los momentos gloriosos que ahora contemplamos con nostalgia, sino para recuperar la confianza en el futuro, por más que el contexto global no sea el más propicio para ello. Vemos nuevas iniciativas como el Fórum de movilidad impulsado por la incansable Anna Balletbò o el Salvem Barcelona presidido por Jacinto Soler Padró que están apretando para evitar daños irreversibles, esta vez en Barcelona, pero nos falta ver proyectos, a todos los niveles, de reconducción política y operativa.

Confiemos en que pronto podamos superar la nostalgia.





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