• Vie. Sep 30th, 2022
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Tacones, para qué os quiero, por Maricel Chavarría



Por extraño que parezca, hay momentos históricos en los que la moda no miente. Periodos en los que la forma de vestir que se impone es resultado de un estado de ánimo auténtico, sin artificio ni dobleces. La industria se ve ahí arrastrada por el sentir general y a duras penas logra imponer su mundo de fantasía. Este es uno de esos momentos.

Tras meses oyendo hablar de enfermedad, destrucción y muerte, la sociedad emerge con unas irresistibles ganas de vivir y festejar. Pero llega marcada por el reconocimiento de su propia vulnerabilidad. Ha tomado nota de lo que de verdad importa. Y al mismo tiempo ha experimentado lo bien que le sienta­ echar a andar. Ni psicólogo ni antidepresivos: toda la angustia de la pandemia y el confinamiento la ha liberado la gente devorando a pie la ciudad, sin rumbo fijo pero con determinación.

Si alguien cree que tras esa experiencia motriz las mujeres van a sucumbir de nuevo a los tacones altos es que no ha prestado atención. Las cosas se ven ahora distintas. Igual que ellos se zafan del yugo de la corbata, es impensable que vuelva la tiranía del andar de puntillas para afinar la pierna y elevar los glúteos. Y aun así, nadie quiere renunciar a la elegancia, hoy menos que nunca.

Ya no aspiramos­ a sudar en el gimnasio para ejercer­ de maniquíes el resto de la jornada

¿Qué hacer? ¿Cuál será la fórmula? Las deportivas femeninas con plataforma y adornos han supuesto una solución temporal que, sinceramente, no se sostiene en el tiempo. El modelo languidece. Por dios, ¡si es rígido y ni siquiera permite que la planta del pie se doble y drene fluidos corporales!

La elegancia en estos años veinte consiste en poder afirmar, como Coco Chanel hace un siglo, que no somos heroínas, pero escogemos quiénes queremos ser. Y no, ya no aspiramos­ a sudar en el gimnasio para ejercer­ de maniquíes el resto de la jornada. Lo autén­tico hoy es echar a andar, incluso para­ llegar a la disco o a la ópera. De modo que ahí van dos retos inmediatos para la moda: el primero­, vender los zapatos de tacón con el bolso para transportarlos. El segundo, diseñar vestidos­ que cambien de carácter según se calce en modo andarín o en modo sexy. Humm… veremos.





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