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Técnicos inspeccionan viviendas cercanas a los pozos de las futuras estaciones de la L9



La galería de fotos del teléfono de Alejandra Todolí es una sucesión de grietas y desperfectos en paredes. Se cuentan por centenares con fondos de todos los colores. Es el resultado de su trabajo como técnica inspectora de las viviendas alrededor de las obras del tramo central de la línea 9 de metro.

Cuando le abren las puertas de una vivienda se fija en todos los rincones, observa vigas, pilares… y ante el más mínimo desperfecto, coge el teléfono y dispara. Cualquier grieta, humedad o desprendimiento queda retratado para el informe técnico que elabora después de visitar cada domicilio. “Primero hacemos un repaso general de toda la casa y luego una inspección más detallada, documentando todo con fotografías y notas que dejan constancia de todo lo visto”, explica Todolí junto a su compañero Walter Kratti.

Cualquier desperfecto queda fotografiado en un informe previo al uso de explosivos para cavar los pozos

Lo que no ve un técnico, lo ve el otro en un proceso que puede durar entre 20 minutos y una hora, en función del tamaño de la vivienda. La casa que visitan en el pasaje Güell, acompañados por La Vanguardia , es de las que les llevan más tiempo. Pese a presentar un aspecto de revista de interiorismo en su interior, todos los rincones son escudriñados.

Si se busca bien, en las tres plantas que tiene se puede encontrar un pequeño desprendimiento de pintura en una pared del comedor, humedades en la habitación de la lavadora y una grieta de una dimensión considerable en la terraza. Son pequeñas cuestiones que no suponen ningún problema estructural para la casa, pero de las que es necesario dejar constancia en un documento oficial firmado tanto por los inspectores como por los propietarios de la vivienda para que se pueda acreditar cualquier desperfecto provocado por las obras del metro y así se pueda comparar con la situación actual. Son unas medidas de prevención y control que se endurecieron desde que se produjo el socavón del Carmel.

“Las primeras voladuras de hace más de diez años en Mandri provocaron muchos desperfectos en la zona y esa mala experiencia genera preocupación, pero disponer de esta inspección nos tranquiliza”, reconoce la propietaria, Victoria Núñez, mientras los técnicos revisan las paredes de su casa. Hasta aquí no llegaron los efectos de aquellas vibraciones, que se notaron principalmente en los bloques de pisos de la esquina de Mandri con el paseo de la Bonanova. “Cuanto más nos alejamos de aquella zona menos afectaciones encontramos”, explica Walter Kratti.

Ayuda también el buen estado de conservación de la mayoría de edificios del distrito de Sarrià-Sant Gervasi. Muchas de las fotos que Alejandra tiene guardadas en su teléfono son de trasteros, aparcamientos y patios de luces en los que nadie repara. Las fachadas, vestíbulos y zonas visibles presentan un mejor aspecto. Con todo, es el lugar en el que también se han instalado sensores de auscultación para detectar cualquier posible movimiento. Los pequeños aparatos son ya visibles en la calle Mandri y en el paseo de la Bonanova, así como en la Via Augusta y la calle Pau Alcover.

Alejandra, Walter y el resto de técnicos de Indus (la empresa contratada para llevar a cabo las inspecciones) han entrado en las últimas semanas en 556 viviendas, locales comerciales y aparcamientos subterráneos en unas visitas concertadas previamente, aunque los positivos por covid están alterando la rutina programada al encontrarse más de una vez con personas confinadas, lo que obliga a reprogramar las visitas.

Entre una cosa y otra, aún les queda faena por delante los próximos días. Está previsto llegar a las 4.500 viviendas revisadas antes de que empiecen las microvoladuras con explosivos en los pozos de las futuras estaciones de Mandri y Sarrià, que superarán los 70 metros de profundidad. También se revisará el trazado de la tuneladora, que debe perforar el subsuelo desde el paseo Manuel Girona, en Pedralbes, hasta Lesseps.





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