• Mié. Oct 5th, 2022
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Tres mesas pegadas, una silla y dos ventanas a un patio, el despacho provisional del major Trapero


«Es un despacho provisional», reiteran desde el martes los responsables de la conselleria de Interior, en relación al espacio de trabajo que el martes asignó el director de la policía, Pere Ferrer, al major de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero. Un habitáculo que tras la detallada descripción facilitada por varios mossos que quisieron visitar esta semana la octava planta de la comisaría del Eixample no reúne las condiciones mínimas para ubicar, ni siquiera provisionalmente, al major de la policía de la Generalitat, el funcionario de más alta graduación en los Mossos, se llame Trapero o cualquier otra persona que ostente esa figura institucional.

El habitáculo provisional carece de entrada propia. Para acceder hay que atravesar primero el área de trabajo de los fura de la región policial de Barcelona, doce agentes y un cabo y una sargento al frente que integran un grupo de nueva creación para perseguir de paisano a los multireincidentes. Por allí pasarán las visitas que reciba el major durante el tiempo «provisional» que disponga de ese espacio de trabajo. Precisamente los fura ofrecieron esta semana a los escoltas del major dos sillas en su zona para los tiempos de espera mientras Trapero trabaja en el despacho.


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No son más de 20 metros cuadrados en un espacio estrecho y alargado, aunque tampoco es una cuestión de más o menos metros cuadrados el detonante de las críticas y la indignación en numerosos policías. El despacho está completamente desnudo. Son dos ventanas a un patio interior de edificios; el suelo plastificado y pintado de un color rojo intenso, y tres mesas pegadas, una junto a la otra, de fórmica con cuatro patas, sin más. Eso es todo lo que hay.

El martes, el major Josep Luís Trapero se reincorporó al trabajo tras unas semanas de asuntos propios. Que regresaba ese día lo sabía el director de la Policía, Pere Ferrer, y el resto de la cúpula de Interior desde el día que el conseller Joan Ignasi Elena le comunicó personalmente su destitución y se comprometió a buscarle una función, fuera de la estructura policial, que le resultara satisfactorio para continuar con su trabajo.

La noche antes de la reincorporación, el major recibió el mensaje de que su nuevo despacho estaría ubicado en la comisaría del Eixample, de Barcelona, en la plaza Espanya. En cuanto a las funciones, ya no dependería como se había anunciado del conseller, sino directamente del director Pere Ferrer, pero al margen de la estructura de mandos que lidera el comisario Josep María Estela.

Al llegar el martes al Eixample, nadie le estaba esperando. Ni nadie en comisaría, ni siquiera el responsable, el intendente Josep Hermosa, sabían de la incorporación del major en el edificio. A media mañana, se le indicó el espacio que el director Pere Ferrer había elegido para el major, hasta el 20 de diciembre responsable de los mossos: un espacio de 20 metros cuadrados que acababa de dejar la inspectora Rosa Gubianes y su equipo de igualdad, con quejas de que no era un espacio de trabajo adecuado. Las tres mesas estaban peladas. Con tres viejos ordenadores y solo una silla de cuatro patas peladas. No había taquilla para dejar las cosas. 

El intendente Hermosa ofreció al major su despacho para cambiarse y trabajar aquella mañana, mostrando su contrariedad y total desacuerdo con el espacio que el director había designado. No fue el único. El responsable de administración de la comisaría del Eixample solicitó aquella misma mañana permiso al subdirector de administración y servicios del departamento de Interior para habilitar un nuevo despacho en esa misma octava planta, en una zona que ahora se utiliza de almacén. Todo el que pasó aquella mañana por la octava planta del Eixample expresó que el espacio era «indigno» para acoger, ni siquiera provisionalmente, al major.

Comisaría

Al llegar nadie le estaba esperando y ni el responsable conocía su incorporación

El nuevo espacio que se está habilitando y que ahora sirve de almacén de trastos, deberá estar listo en un par de semanas a iniciativa del personal de administración y del responsable de la comisaría del Eixample. Falta por ver si seguirá siendo el despacho «provisional» a la espera de que el director de la policía termine de concretar las funciones que otorga al major. Tras el cese, el conseller Elena aseguró que quería que se dedicará al análisis aprovechando así sus conocimientos. Pero en estos últimos días, alguien debió caer en la cuenta de las funciones y las labores que ha de realizar el funcionario que ostenta la categoría de major y que tienen que seguir siendo policiales, aunque sea al margen de la estructura de mandos que lidera el comisario Estela y dependiendo del director Ferrer.

Que el policía que lideró la actuación de los mossos tras los atentados y durante el referéndum del 2017 enfrentándose por ello a una petición de diez años de cárcel, ni siquiera disponga de un perchero, una estantería, un par de cajones o un simple armario en su nuevo despacho provisional ha provocado malestar entre agentes y mandos. Un responsable de la actual cúpula consultado por este diario aseguró este sábado que los actuales mandos «desconocían» la ubicación y las precarias condiciones del espacio que el director destinó al major.

Tras su cese en octubre del 2017 por el 155 y hasta la celebración del juicio y la posterior absolución en la Audiencia Nacional, Trapero continuó trabajando en su despacho de major en la cuarta planta de la comisaría de les Corts de Barcelona, en el edificio que reúne varios servicios centrales de la región, el despacho del director Pere Ferrer y protocolo. Una solución provisional a la espera del nuevo destino podía haber sido dejarle trabajar en ese que era su despacho, aunque hace dos semanas, el director lo asignó, sin comunicar al major, al comisario Jordi Ferret, adscrito ahora a la Dirección General de la Policía.

  





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